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BLAS DE OTERO - CRECIDA -

Publicado en

BLas de OTERO (España, 1916-1979)

CRECIDA

Con la sangre hasta la cintura, algunas veces
con la sangre hasta el borde de la boca,
voy
avanzandor
lentamente, con la sangre hasta el borde de los labios
algunas veces,
voy
avanzando sobre este viejo suelo, sobre
la tierra hundida en sangre,
voy
avanzando lentamente, hundiendo los brazos
en sangre,
algunas
veces tragando sangre,
voy sobre Europa
como en la proa de un barco desmantelado
que hace sangre,
voy
mirando, algunas veces,
al cielo
bajo,
que refleja
la luz de la sangre roja derramada,
avanzo
muy
penosamente, hundidos los brazos en espesa
sangre,
es
como una esperma roja represada,
mis pies
pisan sangre de hombres vivos
muertos,
cortados de repente, heridos súbitos,
niños
con el pequeño corazón volcado, voy
sumido en sangre
salida,
algunas veces
sube hasta los ojos y no me deja ver,
no
veo más que sangre,
siempre
sangre,
sobre Europa no hay más que
sangre.

Traigo una rosa en sangre entre las manos
ensangrentadas. Porque es que no hay más
que sangre,

y una horrorosa sed
dando gritos en medio de la sangre

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Leopoldo Teuco Castilla- El desierto - Suplantaciones -

Publicado en

LEOPOLDO TEUCO CASTILLA (Salta, Argentina)

EL DESIERTO

A Arturo y Clara Botella

En el desierto
uno es la sombra
la hendidura
por donde pasa la muerte
o el día siguiente

uno vive su tumba
a oscuras
dentro de su carne,
oyendo cómo el viento se lleva el día
y el polvoriento mar,
que golpea sin aire
contra el aire
su mariposa negra.

Aquí
las constelaciones cargan
al escorpión
y el hombre se envenena
si pronuncia, a solas, su propio nombre en la noche.

Sólo cuando el médano rojo
espanta a la luna,
después que el espacio se ha devorado,
recién entonces
lo que queda de uno
cicatriza.



SUPLANTACIONES


El firmamento para esa mujer es el oro,

el oro para ese niño

un fueguito en el baldío,

el baldío para una anciana

su juventud en esa fotografía.



Las cosas están soldadas por la desesperación.

Entre ellas, el hombre que las junta,

mientras nada, sonámbulo, en el cardumen de sus antepasados,

y va, tenue de pensamiento,

a ese otro pensamiento

que es la muerte.



Entonces, le unen las manos

para que se toque y se recuerde.

Pero él ya no está,

ni puede reunir sus islas.

La anciana, la mujer, el niño

lo miran irse de la fotografía

hacia el firmamento baldío.


Alguien dice: “son cosas del destino”.



Y lejos, el destino gira,

fuera de sí,

sin porvenir,

como un loco atado

al árbol del fondo de la casa.

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ALDO PELLEGRINI - La fiesta de las arañas -

Publicado en

ALDO PELLEGRINI (Rosario,Sta. Fe,1903 -1973)

La fiesta de las arañas

¿Ah sí, te has despertado?
una mañana prodigiosa abre de par en par las ventanas
el último árbol de la noche ha dejado una huella
sobre la piel de tu frente.

Sí, te has despertado
agitando tu manto de telarañas de sueño
ahuyentaste el tropel de ratas ciegas
que te roían dormida.

Ya estás despierta, ¿adonde vas ahora?
abandonas tu riqueza nocturna por el gran vacío del día
y con la pálida debilidad construyes tu marcha sin objeto.

Ya estás despierta, subamos
por la angosta escalera hasta el confín del tiempo
para sorprender allí a los minutos perdidos
fugados de la vida.

No
un brusco desaliento te detiene
frente al espacio sin cielo donde nieblas aterradas
con inexplicable dulzura
transforman en viento a los que avanzan.

Algas marinas de la esperanza
horas inútiles se ocultan tras la puerta dorada
las palabras se encadenan a un profundo secreto
el diamante del desaliento brilla hacia adentro
los que se atreven a sonreír pierden su lugar en el mundo.

¿Adonde vas sin mí? buscas tu fiesta única
tu borrachera de signos y cataratas
tu jaula de libertad
donde amigos desconocidos beben tus gestos líquidos
y el veneno te mira con ojos fosforescentes.
Prepárate para tu fiesta
la fiesta de las manos que se resquebrajan
la fiesta del sudor de los crujidos
allí donde el letargo de tu carne
se precipita en una oscura danza.

Tu fiesta es la fiesta de las arañas
que devoran ferozmente tu riqueza nocturna
para alimentar su miseria inagotable
allí sumergida en un olvido sin límites
comprarás motivos para tu risa
comprarás estruendo para llenar tu silencio

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Álvaro MUTIS - CIUDAD -

Publicado en

ÁLVARO MUTIS (Bogotá,1923)

CIUDAD

Un llanto
un llanto de mujer
interminable,
sosegado,
casi tranquilo.
En la noche, un llanto de mujer me ha despertado.
Primero un ruido de cerradura,
después unos pies que vacilan
y luego, de pronto, el llanto.
Suspiros intermitentes
como caídos de un agua interior,
densa,
imperiosa,
inagotable,
como esclusa que acumula y libera sus aguas
o como hélice secreta
que detiene y reanuda su trabajo
trasegando el blanco tiempo de la noche.
Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,
hasta los solares donde se amontonan las basuras,
bajo las cúpulas de los hospitales,
sobre las terrazas del verano,
en las discretas celdas de la prostitución,
en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,
con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,
en las medallas que reposan en joyeros de teca,
un llanto de mujer que ha llorado largamente
en el cuarto vecino,
por todos los que cavan su tumba en el sueño,
por los que vigilan la mina del tiempo,
por mí que lo escucho
sin conocer otra cosa
que su frágil rodar por la intemperie
persiguiendo las calladas arenas del alba.

(De "Los trabajos perdidos"
Gentileza www.amediavoz.com)

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Gerardo LEWIN .- Un adiós a Plumita -

Publicado en

GERARDO LEWIN (Bs.As.)

 

 

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(*)

 

UN ADIOS A PLUMITA

 

Muerta, ya en el metal,

diremos ¿qué?

 

Oh perra yaciente en formalina,

sino que tus ojos derretidos

sino que tu laxa lengua en fauces

sino la pudrición oculta

y el olor que se impone:

frontera, más allá.

 

Hemos llorado y vuelves, buena amiga,

como una niebla que duerme en baldosas.

 

Cae la tarde. Lo intenso

se diluye. Una mudez senil

trajiste con tu muerte.

 

Creíamos. Ya no.

 

 

(*) "Niño con perro" P.PICASSO

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Adolfo PÉREZ ZELASCHI - Ciego en Newpolis -

Publicado en

Adolfo L. PÉREZ ZELASCHI ( Bolívar,Pcia.Bs.As.,1920-Bs.As.,2005)

 

la ciudad

(*)

CIEGO EN NEWPOLIS

 Estoy aquí, en Newpolis.

Hace tres mil días que golpeo vanamente las piedras

para que me lleven a la vereda de enfrente.

Alguien, uno solo, yo no necesito más que uno solo,

un solo hombre o una sola mujer,

uno solo, pero uno que me acompañe hasta  la vereda de enfrente.

Entre tanto escucho crecer desde el fondo de la sombra

motores, ruedas, campanillas, timbres;

suben y bajan como parábolas,

infinitamente zumban

porque ésta es la Avenida Máxima

y cada segundo pasan veintidós automóviles ante mí.

Yo necesito que de uno solo de ellos baje

también un solo hombre y me ayude a cruzar la calle.

Por la vereda oigo millares de pasos:

un rumor presuroso y constante.

Cada paso transporta

todo eso que envuelve con cuidado a los hombres:

los sobretodos, los sombreros, los paraguas, las gafas,

los calcetines, los guantes, las chaquetas, los zapatos,

pero nadie sale de ellos y me dice: “Vamos”.

Huelo la nafta, el asfalto,

el húmedo olor del viento;

siento en la piel cómo descienden la noche y el hielo sobre mí.

Golpeo hace tres mil días

vanamente el bastón contra las piedras

para que alguien me lleve a la vereda de enfrente

donde viven mis hijos.

 

  (De ”Canto fragmentario de Newpolis”, 1974, publicado en

“La generación poética del 40, Tomo II, ECA, Bs.As.,1981)

(*) "La ciudad", óleo de Robert Delaunay (1911)

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María Emilia LAHITTE- Poemas -

Publicado en

ANA EMILIA LAHITTE (La Plata, 1921-2013)

"El hombre
es la distancia
entre Dios y el silencio"
A.E.L

De LOS ABISMOS

31

Las palabras
se han ido transformando
en fieles, extendidos territorios
salvajes.

No nombro ya el adiós, ni la esperanza.
No nombro el amor.Ni la nostalgia.
Tampoco la amistad.
Tampoco el alba.
Han sido en mí.
Yo soy su idioma, ahora.
Yo soy su libertad
y su palabra.

De LOS LÍMITES

15

¿ Y el corazón del hombre?
¿ Y el cerebro del hombre?
¿ Sus luchas por amarse,
por amar?

¿Cómo creer que existe
otra cruz
que no sea los dos brazos
-humanos-
abiertos a la vida?


16

Señor,
¿ qué ocurriría si tu pulso
fuese el pulso de un hombre?

¿Podría todo un dios
sobrellevar el mundo sin ser
crucificado?

¿O es la cruz
-nuestra cruz-
la señal de lo eterno?

Tal vez la finitud es lo sagrado .

Publicado en"Los abismos" "Los dioses oscuros"
Hojas y Cuadernos de Sudestada

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Jorge Eduardo FERNÁNDEZ - 3 Terceto -

Publicado en

JORGE EDUARDO FERNANDEZ (Bs.As.)

 

3.   

                               I do not know much about gods;...

                                                   T.S.ELIOT

 

Este río no es un dios,

el poder de su venganza

es plano

como la piel extendida

de un león,

y lento

como la espesura de su oleaje.

 

En sus costas

el disciplente tiempo

de la corrosión

acumula deshechos,

latas afiladas por el óxido,

botellas de plástico

retorcidas,

sin otro mensaje

que el del retorno

de todo aquello

que se arroja.

 

Cuando sopla el sudeste

el horizonte,

de por sí cercano,

desaparece entre las nubes

y la gelatinosa llovizna

envuelve la ciudad

como una húmeda

bolsa de nylon.

 

Igual que un mar

sin mareas

el río acecha

con la amenaza

de justificar

ese tiempo

que vuelve y vuelve

y nunca llega.

 

  (de "INTROMISIONES", publicado por Alción Editora, Córdoba, 2011

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NÉLIDA ARP - MÁSCARAS EN LA NOCHE - VIAJE -

Publicado en

NÉLIDA ARP (Bs.As.)

 

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(*)

MÁSCARAS EN LA NOCHE

 

En el pozo del horizonte cae el sol.

Se escurre el tiempo y desde el camino de piedra

y plata se descubren castillos destrozados en los

abismos.

Es el tiempo de los pequeños pájaros sin canto.

Frente al espejo las lágrimas se anticipan al can-

sado rito, detrás, párpados teñidos y misterios

de carmín.

 

Es falsa la luna en el diamante falso.

Es pronta la luna en la seda pronta y el mohín

cansado hasta el hastío.

 

Rota, cae la noche en pedazos de cristal negro.

Caen rosas negras con los tallos encendidos.

Antes que se iluminen los espejos y que vuelen

los pájaros nocturnos se guardan las máscaras

con la complicidad de las sombras.

No quieren hablar de su corazón.

A lo lejos el rio, con su inquietante voz de siglos,

con su canto de oro.

 

El sol cae sobre Abel.

El mismo sol sobre Caín.

 

 

VIAJE

 

Elegiría el corazón de un águila para cruzar el

aire azul.

Para sorprender las piedras nevadas, los rojos

arenales, el horizonte blanco del mar.

A la deriva, navega la sombra verde de una balsa.

¿Cómo ignorar los pájaros remotos?

 

De “HABITACIONES DISPONIBLES”  Botella al Mar, Bs.As. 2012

(*) "El misterio de la noche" OSBERT, óleo, 1897

 

 

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JUAN L. ORTIZ - En el Yan-Tsé -

Publicado en

JUAN L. ORTIZ ( Entre Ríos, 1896-1978)

 

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EN EL YAN-TSÉ

 

Oh, las figuras del cariño, dónde,

                           dónde ellas?

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé...

 

Pero por qué no estáis aquí,

vidas, oh dulces vidas, a las que yo no sabía en otro

                  [espacio, también,

que el de mi corazón...?

 

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé...

 

Por qué no estáis aquí

enjugando conmigo o tratando de enjugar

el gris de Octubre?

 

O no seríamos, ya, junto con el río de la

                                                   [ media-tarde,

más que unos hilos, unos hilos

para una suerte de trama que la melancolía misma

                                                                      [está perdiendo,

                                                perdiendo?

 

Llueve en mi corazón y llueve sobre el Yan-Tsé...

 

De lágrimas Octubre, aquí, y acaso,

                            allí...

 

Pero allí será de alas, alas hasta en los pies, y aún en medio, no?

 

                                       de unas cortinas de nupcias,

                              y con mandolinas todavía por ahí... por las heridas

                                        [de los pajarillos, no?

que corridas las cortinas, han de abrirle

                                                     [ repentinamente, no

                                      las fugas de los confines...

 

 

Volará y bailará, no? de jacarandaes...

Mas estáis aquí?

Os miro a mi lado, los ojos en los míos...

De quiénes o de quién las estrellitas que mojan

                                                  [el minuto?

Unas pestañas, entonces, de nadie?

                          Y me doblo como un sauce...

 

Y sigue lloviendo en mi corazón y sigue lloviendo,

               [lloviendo, lloviendo...

                                        lloviendo sobre el Yan-Tsé...

 

 

 ( De "El junco y la corriente", publicado en "En el aura del sauce", 1970,

publicado en ANTOLOGIA, JUAN.L.ORTIZ, Ed. LOSADA, Bs.As., 2010

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