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WILLIAM BUTLER YEATS - El frío cielo - The Cold Heaven -

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(*)

 

WILLIAM BUTLER YEATS (Irlanda, 1865–Francia,1939)

 

El frío cielo

 

De pronto vi el frío cielo, deleite de los grajos,

que semejaba hielo quemado y no era más que hielo,

y tanto enloquecieron la fantasía y el corazón,

que cualquier idea casual sobre éste y aquella

se desvaneció dejando sólo recuerdos, que vendrían a

                                   [destiempo

con la sangre ardiente de la juventud, del amor de

[                                  [otros tiempos,

y me culpé más allá del sentido y la razón,

hasta que grité, temblé y me hamaqué de un lado a otro,

acribillado de luz. Ah! Cuando el fantasma comienza

                                   [a animarse,

pasada la confusión en el lecho de muerte,¿lo envían

desnudo por los caminos, como dicen los libros,

                                   [golpeado

por la injusticia de los cielos como castigo?  

 

  De “Responsabilidades”, 1914

 

Publicado en "ANTOLOGIA POETICA, Edición bilingüe, W.B.YEATS",Editorial  Losada, S.A., 2010

Traducción Delia PASINI 


The Cold Heaven

Suddenly I saw the cold and rook-delighting heaven

 

That seemed as though ice burned and was but the more ice,

 

And thereupon imagination and heart were driven

 

So wild that every casual thought of that and this

 

Vanished, and left but memories, that should be out of season

         

With the hot blood of youth, of love crossed long ago;

 

And I took all the blame out of all sense and reason,

 

Until I cried and trembled and rocked to and fro,

 

Riddled with light. Ah! when the ghost begins to quicken,

 

Confusion of the death-bed over, is it sent

  

Out naked on the roads, as the books say, and stricken

 

By the injustice of the skies for punishment?

 

 (“Responsibilities”,  1914)

 

 

(*)J. TURNER "Glaciares y Fuente de le Arveron, subiendo a la Mer de Glace, 1803

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OSVALDO ROSSI- Cementerio de automóviles -

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OSVALDO ROSSI (Bs.As., 1953)

 

CEMENTERIO DE AUTOMOVILES 

 

Yacen unos sobre otros

en la desolación del olvido.

Mutilados, víctimas de vejámenes

enfermos de óxido y huracanes de polvo

se arrumban en la frontera

en el confín más lejano.

 

Ya nadie puede mitigar la sed

no hay miradas codiciosas

ni reluce la pintura.

Algunas veces

las sombras arrebatan sus vestigios

y corren a venderlos

al precio de mercado.

 

Una grúa los apila

y quedan solos en la multitud

despojados de las voces.

Se van muriendo en silencio

de a golpes  certeros, de a pedazos

con violencia inmerecida

sin reproche

 

La memoria es otra llaga

                        otra máquina impiadosa.

 

            De “Unas ramas movidas por el viento”, Editorial VINCIGUERRA, 2009

 

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HORACIO CASTILLO-Visita al maestro- Hice un hoyo-Croar del alma

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HORACIO CASTILLO (Ensenada,1934-La Plata,2010)

VISITA AL MAESTRO

Llueve sobre colinas y jardines.
Allí, junto a la  ventana, está el fuego.
Hablar o callar ¿qué es lo mejor?
Preguntar o responder ¿qué es lo peor?
Llueve sobre colinas y jardines
el agua salmodia en la penumbra.
¿También el callar es un hablar?
¿También el hablar es un callar?
Llueve sobre colinas y jardines.
Un caballo negro viene como volando.
¿La respuesta es entonces la pregunta?
¿La pregunta es entonces la respuesta?
Llueve sobre colinas y jardines.
El silencio del cuarto es el silencio del mundo.

                    ( De :"Alaska," 1993 ) 


HICE UN HOYO

 


Hice un hoyo en la tierra
y lloré dentro de él; lloré de bruces,
hasta que el llanto llegó al fondo,
hasta que todo se anegó,
hasta que brotó de la profundidad
un tallo que nadie hubo tocado.

CROAR DEL ALMA


Cuando mi alma, como una rana, salte a la nada,
la oirán croar, croar toda la noche,
croar arriba y abajo, al este y al oeste,
hasta que el ojo monótono de la luna llore en los pantanos,
hasta que cese el espanto y empiece la eternidad

 

 De "Por un poco más de luz "Obra poética 1974-2005,
Colección Vital, Editorial Brujas, Córdoba, 2005.

 

 

 

 

 

 

 

 

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JORGE AULICINO-Espejan, amarillan-EL ARBOL DE BAUDELAIRE

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(*)

JORGE AULICINO

(Bs.As., 1948)

Blog: otra iglesia es imposible

 

EL ARBOL DE BAUDELAIRE

 

Espejan, amarillan

 

Espejan, amarillan, los crisantemos inauténticos,

porque sólo los hemos visto filosóficamente

Pero, fijate, tantas cosas hemos sido, y todas igualmente

inauténticas; todas espejan, luego amarillan.

Y hemos sido, incluso, crisantemos,

en busca de una paz provisoria de cocina

en la tormenta invernal; flores presumo que pulposas

en la cellisca que soplaba en la casa misma.

Espejan, amarillan, nuestros crisantemos,

en la medida que damos mayor consistencia a nuestras vidas.

El problema, te lo diré sin vueltas

es que yo podía, digamos hace cuarenta años,

entrar en un café, que era oscuro y verdadero:

verdadero en el sentido que era nuestra posesión y había

sido la posesión de los viejos, de los nuestros y desconocidos

viejos, aunque familiares, pues estábamos seguros

respondían a corrientes migratorias; podían nombrar sus pueblos,

tan antiguos como el café al que me refiero: antiguos por igual

en su conciencia, no en la medida matemática del tiempo.

Oscuros en el café éramos sin embargo radiosos de espera.

Tocábamos la tela de nuestro saco y decíamos: cierto.

Nadie nos sacaba de nuestro ensimismamiento

pues era un puro ensimismamiento: estar en uno.

Y con nadie nos habíamos citado, éramos al paso,

pero el café lo poseíamos, y la ciudad, y el subterráneo.

Espeja el crisantemo y aquel clavo doblado en la pared.

Amarilla todo en abstracto. Te lo digo sin vueltas.

No poseo ahora los cafés, ni el subterráneo.

Son cafés nuevos, no tienen bordes en los cuales

la mirada podía raspar, dejar su marca.

Como te digo: no es el problema de la inautenticidad

de nuestro crisantemo. Porque espeja, amarilla,

pero es sólo conciencia de aquella vieja ciudad.

 

                        de “Libro del engaño y del desengaño” Ediciones en Danza, 2011

(*) "Sombras en la ventana", Emilio Pettoruti, 1925

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ERNESTO GOLDAR- HOMENAJE- Poemas y comentario

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ERNESTO GOLDAR – HOMENAJE-

(Bs.As., 1940-18 de julio de 2011)

 

Poemas de su libro “EN VOZ DESMAYADA Y BAJA”, Editorial VINCIGUERRA, 2009 y comentario que leyó Ernesto y agradeció

 

POETA NATURAL

La mano, la mano enferma,
la mano enferma escribe.

Imposición ineludible de decir,
o de ocultarlo, que viene a ser lo mismo,
para inventar otra vez un espacio
en la línea de papeles,
de todo olvidar en el descenso.

Afuera el mundo tiembla,
y no puedo detener la mano mortal y maniática
que dibuja palabras, frases y finales,
como si se tratase de una extraña.

No es de mi cuerpo, para nada,
tampoco de mi alma,
generadora de almas.

 

RAIGAMBRE NOCTURNA

Habita mi ciudad porque la ve con ojos
ciudadanos;
existe en mi ciudad porque tiene sentimientos
de ola fugitiva,
de ligereza en la existencia,
un ocurrir, el equilibrio amenazado siempre.

Descubre mi ciudad y su decoración de nervios
excitables,
de ritmos y estilos versátiles,
las impresiones súbitas y agudas y efímeras.

Compite en mi ciudad de sensoriales experiencias,
de paisajes,
de predominio del momento,
las cosas disueltas y firmemente trabadas
en una metamorfosis.
  

 

COMENTARIO   

 

Estimado Ernesto Goldar:

 

He leído tu En voz desmayada y baja. Mientras lo hacía, fui sutilmente transportado en un viaje a través de los más de cuarenta años pasados, desde que nos conocimos en aquellas tertulias en el primer piso del café Vesubio.

 

Le lectura me fue llevando por las calles de Buenos Aires amada, compartiendo, al final, la desilusión de su impiadosa metamorfosis que la convierte en la “ciudad descangayada”. Cuántas veces nos habremos cruzado, sin vernos, en caminatas solitarias buscando ese “lugar perfecto” que alguna vez tuvimos y que hoy ya no sabemos dónde está.

 

“Me has visto, y no vale la pena disimular

la encrucijada de las esquinas, los designios cósmicos”.

 

Es curioso que tu poesía casi despojada de imágenes visuales me las haya suscitado, y tantas. Creo ser, Ernesto, de aquellos conservadores de los “sentimientos guardados en un cofrecito”.

 

Tu poesía está surcada de silencios, insinuaciones e ironías: también de soledad. Tú mismo en tercera persona y los otros aludidos y esa “mano mortal y maniática” enajenada de uno “dibuja palabras, frases y finales”.

 

La filosofía primero, después la poesía, ahora el silencio”. ¿Me equivoco o ese “Círculo de Cristal” fue el itinerario del poeta natural?

 

Los solos hacen del silencio su mejor discurso”. En silencio gestamos y en silencio nos iremos, y en el medio un escenario donde los cuadros se suceden a los empujones, hasta que ya preferimos quedar detrás de la bambalina, sentados en un banquito, mirando a los otros actores que corren a cambiarse de ropa para la escena siguiente.

 

No, Buenos Aires ya no es la misma desde que nos dejó por otro, ella renace permanentemente con nuevas vestiduras, nosotros no. Ya casi no la reconozco cuando, cada vez menos, la camino. Repito con el poeta: “Dejé de conocer el centro, ya no es mío”. Tampoco el barrio es ya el de Patio Mío, el de la “ropita colgada” y el “sabalaje bravío”, como la cantó el Cátulo criollo. “Ya no puedo escribir sobre mi barrio –no lo tengo-..”.

 

La ciudad es la sorpresa y la tristeza, el silencio y la palabra nueva”.

 

Nos quedan los trinos del violín de Antonio Agri  tocando Piazzolla.

 

Pero Argentina también es el pueblo chico. El de la pena grande. En la ciudad la gente nos  expone su cara visible, afuera “un amigo que de repente muestra el otro rostro es como esas cruces abandonadas en el campo”. Allí la soledad es más solitaria.

 

En este suelo vive el poeta que se interroga por su “provincia interior” a la manera calderoniana ¿”Depende de mi voluntad, o sólo es sueño...”, este efecto soliloquio donde estoy parado? Ahí es donde va a ser visitado por la musa, ahí precisamente, “en el nacimiento de las palabras, está el verso” del “poema que ontológico y frecuente gratifica”.

 

Y ya sale de su soliloquio para abrir la ventana de su casa de San Telmo y mirar “las desafinaciones multicolores del puerto” y en el enorme río “una pareja de remolcadores

(haciendo) su trabajo esclavo”.

 

Y por fin las mujeres, las que “nos ganan la cabeza, los ojos, las manos, el cuerpo” las que nos hacen exclamar sí al universo entero, hasta encontrar a “la mujer enamorada de un poeta al que no cambia por nadie ni le pide nada...”.

 

El “Círculo de Plata” tiene tres puntos cardinales: filosofía, poesía y silencio. En este último el poeta encuentra “el sistema pensado para mí”. Después de frecuentar el concepto y la palabra bella se instala en el silencio. Con sinceridad nos confiesa que detrás de cien de sus poemas hay una idea reiterada: el silencio.

 

Me permito extraer unas líneas del hermoso y profundo poema “Todo Depende” violando su integridad:

 

Si el silencio es una palabra inexpresable,

cuando alguien pregunta a la vida

por qué vive;........”

“...el silencio es lo más apropiado

que puede decirse”.

 

El silencio no responde las preguntas, las escucha, como nos dice en “Escuchar Acontece”:

 

“El poeta origina, vuelvo a decir,

obedece,

a la palabra oye,

la dice con la boca cerrada

y le devuelve la retenida dulzura de su corazón”.

 

¡Salud poeta! Con todas las letras.

 

 

Jorge Albertella

julio de 2010

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ALEJANDRO NICOTRA- Va a nevar- A un poeta, in memoriam-

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(*)

ALEJANDRO NICOTRA (Córdoba, Argentina, 1931)

 

VA A NEVAR 

 

La verás.

Sobre el árbol sin hoja,

sobre el cauce seco.

 

Posándose

-es tu ave de invierno-

 

como un silencio sobre otro silencio.

eterna y puntual.

 

V. A UN POETA, IN MEMORIAM

 

Tú no probaste, peldaño y peldaño,

la escala del jardín, sus declives:

                                                  la hora

 

blanca del sol o negra de la luna

fueron tu herida.

                                Tú no sufriste

la ambigua claridad, la mancha húmeda

que es el aire, aquí abajo.

Terraza alta, seca -que compartimos

allí quedaste.

 

Ambos poemas de "CUADERNO ABIERTO", Editorial El Copista, Colección Fénix, Córdoba, 2000.

Publicados en "Antología poética de Alejandro NICOTRA," Fondo Nacional de las Artes.

 

 

(*) "El solitario, MALANCA, Córdoba, 1934

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CARLOS MATUTE-Cuento: "Ud. sabe, señor"

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Carlos Guillermo MATUTE (Bs.As., 1956 -willie.matute@fibertel.com.ar

 (De “LOS DIOSES VERTICALES”, un viaje a la Patagonia)

Editorial Botella al Mar, 2010                         

 

UD. SABE,  SEÑOR

 

   Yo no sé, señor. Pero Soto sí sabía. Sabía decir cosas, cosas que eran nuestras y que siempre habían estado ahí, al lado, que de tan cerca uno no se daba cuenta, como los perros y las ovejas, que aunque eran del patrón eran más nuestras porque nosotros las contábamos y las esquilábamos y les sacábamos la sarna cada tanto. Si, señor, eran del patrón pero también eran nuestras. Esas eran las cosas que no sabíamos y que Soto sí,  y además sabía decirlo y todos le entendíamos.

   Imagínese: el pelo colorado como el fuego y una mirada que también hablaba. Sobre todo a la noche, cuando no podíamos ya ver los ojos y la fogata lo hacía parecer más alto, más jefe. Todos lo escuchaban y él que no se cansaba de hablar y de explicarnos cosas. A veces agarraba unos palitos secos y hacía dibujos en la tierra para que entendiéramos mejor. Cómo hablaba, señor… y esos ojos que no se veían pero que estaban ahí, viéndonos a cada uno de nosotros y llamándonos a cada uno por su nombre o su apodo, sin equivocarse nunca. Por eso yo sé que sabía: porque veía en la oscuridad.

¿Qué importa que haya sido español y no argentino o chilote? Eso era algo que él también nos explicaba, que las fronteras eran como alambrados inventados por los gobernantes, para saber que hasta acá es mío y hasta allá es suyo, pero que el alma no tiene horizontes, y que si los tiene son como horizontes que uno puede ir corriendo cada vez más lejos, cada vez más atrás, hasta que en realidad no se pueden alcanzar y ya no son nada, son el camino que se fue haciendo. Yo repito, señor, porque hay palabras que a uno le quedan a fuego en la memoria, son esas palabras que dan luz al campo, como si a la medianoche saliera un sol raro desde los corrales, no sé si me explico.

  Y si, fue un tiempo bravo, Ud. lo debe saber mejor que nosotros. Cuando el 10 de caballería desembarcó en Punta Loyola y empezaron a requisar caballos, la cosa se puso difícil en serio, jodida. Esas fueron  unas semanas en las que lo perdimos al Soto, andaba de acá para allá y lo veíamos poco. Se estaba preparando, ya no había tanto tiempo para las palabras. Las balas iban a hablar, señor, no los hombres.

   Claro, por supuesto, había habido saqueos y algunas muertes en las estancias, también incendios. A mí me daba pena tanta destrucción, porque acá, en la Patagonia, todo cuesta mucho, señor. Ud. quiere tener arbolitos y hay que plantarlos y regarlos todos los días, y  protegerlos principalmente del viento, que seca todo, peor que el sol o la helada. Ud. quiere criar caballos o tener ovejas, hay que dejarlos a campo abierto para que se alimenten y buscarlos todas las mañanas para contar los vivos y carnear a los muertos. Todo es difícil acá, señor, nada se consigue y lo que se consigue dura poco. Ve, eso también lo sabía Soto.

   En aquellos momentos todo era un poco loco, pero también era un poco cierto. Soto decía y hacía, y hacía con nosotros, y era como si fuésemos parte de algo más grande, de algo que se estaba desparramando sin cauce pero sin pausa, el Santa Cruz  que se deshelaba. No sé, se es joven sólo una vez. Y en esos tiempos era como si hubiéramos sido jóvenes en el mismo momento, señor, todos juntos y jóvenes. Todos queríamos gritar fuerte y ser el primero, y cabalgar de cara al viento helado, porque había algo –decía Soto– que estábamos plantando y que el viento, en vez de secar, avivaba. Y eso crecía para todos lados, señor, porque ese viento que nos llevaba soplaba  para todos lados.

Y sí, como Ud. dice señor, las cosas fueron más o menos bien hasta que llegó lo de La Anita. Eramos muchos, no sé, por lo menos trescientos. En la Casa Grande estaban Soto y algunos más junto con los patrones, los tenían prisioneros y yo los pude escuchar que discutían a los gritos. Ya sabíamos que una columna del ejército venía para la estancia.

   Ahí las cosas se confunden un poco y hay gente que dice una cosa y otras que dicen otra. Ya habían matado a Outerelo y a Argüelles. Facón Grande había caído en Estación Jaramillo y los jefes todos los días eran distintos. Esa noche, mientras esperábamos el amanecer para negociar con el ejército, Soto nos habló en el galpón de esquila y dijo que se iba para Chile, que la lucha iba a continuar y que volvería lo antes posible. Dijo otras cosas también, pero no puedo acordarme. No sé por qué, me quedó grabada esa imagen de Soto bajo la luz del farol, con el techo del galpón muy lejos, como si fuera un cielo negro, de esos que acá en el sur hay tantos.

  Bueno, después Ud. ya sabe, es historia conocida, señor. Nos entregamos sin pelear. A los alemanes los mataron ese mismo día y a la mañana siguiente nos sacaron del galpón para contarnos y carnearnos. Los patrones decían y los soldados separaban a algunos y dejaban a otros. Yo no las llegué a ver, pero había fosas abiertas detrás de los bañaderos de las ovejas. A la tarde, estaban todas llenas.

   A Soto lo ví doce años después. Como dijo, había estado en Chile. Supe que trabajó en las minas de nitrato y que tuvo otros trabajos. Volvió a Río Gallegos y habló algunas veces en la ciudad, para los que se querían acercar, en un teatro o algo así.

Yo lo vi de lejos, estaba un poco más gordo. No quise entrar a escucharlo.

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ANTONIO ALIBERTI - LLANURA - LEJANÍA -

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ANTONIO ALIBERTI  (Sicilia, 1938. Residió en la Argentina.Falleció en el 2000)  

        “La lejanía es otro abismo…”

                                               María Granata  

 

LLANURA

 

5

Se incendia la lluvia allá a lo lejos.

todo está allí,

porque la realidad es otra cosa:

no es esta danza enclavada

en el tiempo, en el espacio…;

es un rayo desnudando a la noche,

descerrajando animalesprehistóricos,

cicatrices-rótulos en el paisaje.

 

No es esta plenitud, esta fatiga…

es otra cosa;

es el deseo radiante de la sangre,

el temblor en la sangre.

No es realidad lo que se toca;

realidad es fuga,

es luz que se desangra.

 

            De “Límites posibles”, Fundación Argentina, para la Poesía, 1983)

 

 

LEJANIA

 

Mirar hacia delante

y ver la imagen del agua

que se yergue y avanza

Pulsar la aventura de la sangre

pero no desangrarse;

porque la lejanía es otro abismo

donde también se cae,

como si la espesura de la luz

que se percibe a lo lejos

fuera un pozo profundo

un agujero colgando de los ojos

que no termina nunca.

O que termina siempre en un portón

detrás del cual ya no importa qué hay.

 

    (De “ Límites posibles”,1983)

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JUAN L. ORTIZ - Estos hombres...

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JUAN L. ORTIZ (Entre Ríos Argentina, 1896-1978)

 

Estos hombres… 

Estos hombres que vuelven,

sienten la gracia

de los espíritus

del crepúsculo?

Se diría que sí.

Parecen flotantes

fantasmas pálidos.

Los que están parados

en las puertas

frente al dulce abanico de luz última

-nobles estatuas de melancolía-

sentirán aún más

la caricia de impalpables alas extrañas?

Ah, si ciertamente fuera así,

una serena dicha fuera nuestra.

Pero aquel hombre vago sólo siente

que a la inseguridad terrible de su vida

se une la tierra negra,

que en su casa deshecha no le espera la lámpara

rodeada de risas,

sino un montón oscuro

de infantiles figuras contraídas,

y la desesperada, femenina, pregunta cotidiana.

Pero yo sé que un día verás, oh hermano mío, en el

                        [horizonte,

temblar, bajo el rocío, para ti, limpios jardines…

 

            (De “El alba sube” ,1933-1937)

 

Publicado en Antología de J.L. ORTIZ , Editorial LOSADA, 2010.

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SERGIO CORAZZINI -Desolación del pobre poeta sentimental-

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(*)

  SERGIO CORAZZINI (Roma,1887-1907)  

DESOLACION DEL POBRE POETA SENTIMENTAL 

 

1

¿POR qué tú me llamas poeta?

Yo no soy  un poeta.

No soy más que un pequeño muchacho que llora.

Mira: yo no tengo sino lágrimas para ofrecer al Silencio.

¿Por qué tú me llamas poeta?

 

2

MIS tristezas son pobres tristezas comunes.

Mis alegrías fueron simples,

tan simples, que si debiera confersártelas te sonrojarías.

Hoy sólo pienso en morir.

 

3

QUIERO morir, solamente, porque estoy cansado;

solamente porque  los grandes ángeles

en las vidrieras de las catedrales

me hacen temblar de amor y de angustia;

solamente porque ya estoy

resignado como un espejo,

como un pobre espejo melancólico.

Ya ves que no soy un poeta:

soy un muchacho triste que tiene ganas de morir.

 

4

OH, no te asombres de mi tristeza!

Y no me preguntes;

no sabría decirte sino palabras tan varias,

Dios mío, tan vanas,

que me pondría a llorar como si fuera a morirme.

Mis lágrimas tendrían el aire

de desgranar un rosario de tristeza

ante mi alma siete veces doliente,

pero yo no sería un poeta;

sería, simplemente, un dulce y pensativo muchacho

al que se le ocurriera rezar, así como canta o como duerme.

 

5

YO comulgo con el silencio diariamente como con Jesús,

y los sacerdotes del silencio son los ruidos,

puesto que sin ellos yo no habría buscado y encontrado el Dios.

 

6

ESTA noche he dormido con las manos en cruz.

Me pareció ser un pequeño y dulce muchacho

olvidado por todos los humanos,

pobre, tierna presa del primer recién llegado;

y quise ser vendido,

ser golpeado,

ser obligado al ayuno

para ponerme a llorar enteramente solo,

desesperadamente triste

en un rincón obscuro.

 

7

AMO la vida simple de las cosas.

¿Cuántas pasiones vi deshojarse, poco a poco,

por cada cosa que se iba!

Mas tú no me comprendes y sonríes

y piensas que me siento enfermo.

 

8

¡OH, verdaderamente estoy enfermo!

Y muero un poco cada día.

Mira: como las cosas.

No soy, entonces, un poeta:

sé que para ser llamado poeta es necesario

vivir una existencia diferente.

Dios mío, yo no sé sino morir.

Amén.

                (De “Liriche”)

 

Publicado en POESIA ITALIANA CONTEMPORANEA, Litoral/Ediciones UNESCO.

Traducción  HORACIO ARMANI

 

(*) “Drawn one”, PAUL KLEE, 1935

 

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