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DYLAN THOMAS- No entres dócilmente en esa noche quieta

Publicado en

DYLAN THOMAS (Gales, 1914-1953)

 

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(*)

A la muerte del padre

 

NO ENTRES DOCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA


No entres dócilmente en esa noche quieta
Que delire la vejez y se queme al cabo del día,
Brama contra la agonía de la luz e impreca.


Aunque el sabio sepa cerca del fin de la justa tiniebla,
Pues su palabra no trinchaba rayo alguno, pedía:
No entres dócilmente en esa noche quieta.

Lloran los buenos tras la última ola y destellan
Sus frágiles actos que danzaran en verde bahía,
Brama contra la agonía de la luz e impreca.


Salvajes que cazaron y cantaron al sol en su carrera,
Tarde advierten lo que han hundido en su penosa vía,
No entren dócilmente en esa noche quieta.


En la muerte ven los graves con mirada ciega
Y los ojos ciegos que ardieran cual meteoros y fueran aún
(alegría
Brama contra la agonía de la luz e impreca.


Y tú, padre mío, allí en alta tristeza,
Maldice, bendíceme con tus lágrimas, todavía.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Brama contra la agonía de la luz e impreca.

(Trad. Martín Valiente - Alejandro Drewes)

 

(*) “Monje frente al mar” Caspar Friedrich



DO NOT GO GENTLE INTO THAT GOOD NIGHT



Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.

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ISABEL LLORCA BOSCO - ECOS -

Publicado en

ISABEL LLORCA BOSCO ( Bs.As.)

 

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ECOS

…si hasta cuando dormía me heriste con tu sueño
como un haz de mañana en una pieza a oscuras,
como un pañuelo florecido en despedida
por la presión flotante de los aires.
Respiración, susurros –sólo yo debía oírlos–
iban haciéndose palabras, fragancia umbría, fronda
en la impiedad solitaria de la siesta;
y ahora son esta brisa
que con su fresca pared empuja despacito,
entreabre mi piel y la despierta y la aturde de verano.
Como estoy cara al sol, mi sombra se hace cóncava
por capturar el mundo traspasado por voz:
los zumos vegetales, las regiones de agua tibia y salada,
el lento avance gris de los inviernos fluyendo transformados
por esas redes otra vez tendidas
y el inquieto ramaje de tu pelo
como un árbol dorado, fluctuando, por escapar de la memoria.
Tengo en el cuerpo prisionero al mar
y es mi jaula la tierra –con ser el mar mayor–
y el verso que sembraste surge ahogado
como aquel pez que está saliendo de las aguas.
Enloquecida de ecos voy y vuelvo:
Eco está condenada, Eco no puede
expresar el amor. Y cuanto más se aleja más se cerca,
encerrada en el reflejo de aquel canto.
Y no es sólo la espuma de tu voz que se levanta y palidece
en la marea que ha invadido una y otra vigilia,
es un pueblo de voces apagadas que se van encendiendo
en el país oscuro de la sangre,
es la raíz marina y diminuta que en cada lágrima florece.
Y no poder vaciarme de los deseos ajenos
por no perder el eco, ni la sombra, ni el nombre.

 

(Poema inspirado en su madre Delfina  Bosco, hermana del poeta Eduardo Bosco)

 

 (*) “Alegoría de la Poesía”- Rusiñol

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CELIA CLARA FISCHER - DUDAS-

Publicado en

 

  

 

CELIA CLARA FISCHER (Bs.As.)

 

 

 

  

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(*)

DUDAS

 

A la altura de los balcones llenos de polvo
las hojas de los árboles se mecen,
aunque tal vez no es así, 
porque entre el balcón y yo
hay una cortina opalescente.
Pienso que si puedo descorrerla
podré ver con claridad esos árboles
y, en lugar de fresnos,
comprobaré que son pinos romanos
elevados en el borde de las colinas,
hieráticos,
esperando que el sol decline
con temblor de nervios de la loba.
                   Mientras esto sucede,
prometo no olvidar
la columna donde estoy apoyada
cuando cae la tarde
sobre la iglesia de Constantino.
Si recorro la distancia hacia el balcón
veré los gorriones columpiarse
piando sobre el ruido de la ciudad.
                   Mas, heme aquí,
con el sabor de un caramelo,
dejando que la carga del alma avance
y deforme 
el espacio en el que recompongo
la última palabra, 
porque he visto morir a un poeta
en los techos de Nueva York.


(De: De Secretos y Volcanes - 2001)



(*) J. TURNER ,"Storm sea with Blazing wrek"

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José LEZAMA LIMA - MUERTE DE NARCISO -

Publicado en

JOSE LEZAMA LIMA (La Habana, Cuba 1910-1976)

 

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 (*)

MUERTE DE NARCISO

 

Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo
envolviendo los labios que pasaban
entre labios y vuelos desligados.
La mano o el labio o el pájaro nevaban.
Era el círculo en nieve que se abría.
Mano era sin sangre la seda que borraba
la perfección que muere de rodillas
y en su celo se esconde y se divierte.

Vertical desde el mármol no mirabauerte
la frente que se abría en loto húmedo.
En chillido sin fin se abría la floresta
al airado redoble en flecha y muerte.
¿No se apresura tal vez su fría mirada
sobre la garza real y el frío tan débil
del poniente, grito que ayuda la fuga
del dormir, llama fría y lengua alfilereada?

Rostro absoluto, firmeza mentida del espejo.
El espejo se olvida del sonido y de la noche
y su puerta al cambiante pontífice entreabre
Máscara y río, grifo de los sueños.
Frío muerto y cabellera desterrada del aire
que le crea, del aire que le miente son
de vida arrastrada a la nube y a la abierta
boca negada en sangre que se mueve.

Ascendiendo en el pecho sólo blanda,
olvidada por un aliento que olvida y desentraña.
Olvidado papel, fresco agujero al corazón
saltante se apresura y la sonrisa al caracol.
La mano que por el aire líneas impulsaba
seca, sonrisas caminando por la nieve.
Ahora llevaba el oído al caracol, el caracol
enterrando firme oído en la seda del estanque.

Granizados toronjiles y ríos de velamen congelados,
aguardan la señal de una mustia hoja de oro,
alzada en espiral, sobre el otoño de aguas tan hirvientes.
Dócil rubí queda suspirando en su fuga ya ascendiendo.
Ya el otoño recorre las islas no cuidadas, guarnecidas
islas y aislada paloma muda entre dos hojas enterradas.
El río en la suma de sus ojos anunciaba
lo que pesa la luna en sus espaldas y el aliento que en halo convertía

Antorchas como peces, flaco garzón trabaja noche y cielo,
arco y cestillo y sierpes encendidos, carámbano y lebrel.
Pluma morada, no mojada, pez mirándome, sepulcro.
Ecuestres faisanes ya no advierten mano sin eco, pulso desdoblado:
los dedos en inmóvil calendario y el hastío en su trono cejijunto.
Lenta se forma ola en la marmórea cavidad que mira
por espaldas que nunca me preguntan, en veneno
que nunca se pervierte y en su escudo ni potros ni faisanes.

Como se derrama la ausencia en la flecha que se aísla
y como la fresa respira hilando su cristal,
así el otoño que en su labio muere, así el granizo
en blando espejo destroza la mirada que le ciñe,
que le miente la pluma por los labios, laberinto y halago
le recorre junto a la fuente que humedece el sueño.
La ausencia, el espejo ya en el cabello que en la playa
extiende y el aislado cabello pregunta y se divierte.

Fronda leve vierte la ascensión que asume.
¿No es la curva corintia traición de confitados mirabeles,
que el espejo reúne o navega, ciego desterrado?
Ya sólo cae el pájaro, la mano que la cárcel mueve,
los dioses hundidos entre la piedra, el carbunclo y la doncella.
Si la ausencia pregunta con la nieve desmayada,
forma en la pluma, no círculos que la pulpa abandona sumergida.

Triste recorre - curva ceñida en ceniciento airón -
el espacio que manos desalojan, timbre ausente
y avivado azafrán, tiernos redobles sus extremos.
Convocados se agitan los durmientes, fruncen las olas
batiendo en torno de ajedrez dormido, su insepulta tiara.
Su insepulta madera blanda el frío pico del hirviente cisne.
Reluce muelle: falsos diamantes; pluma cambiante: terso atlas.
Verdes chillidos: juegan las olas, blanda muerte el relámpago en sus venas.

Ahogadas cintas mudo el labio las ofrece.
Orientales cestillos cuelan agua de luna.
Los más dormidos son los que más se apresuran,
se entierran, pluma en el grito, silbo enmascarado, entre frentes y garfios.
Estirado mármol como un río que recurva o aprisiona
los labios destrozados, pero los ciegos no oscilan.
Espirales de heroicos tenores caen en el pecho de una paloma
y allí se agitan hasta relucir como flechas en su abrigo de noche.

Una flecha destaca, una espalda se ausenta.
Relámpago es violeta si alfiler en la nieve y terco rostro.
Tierra húmeda ascendiendo hasta el rostro, flecha cerrada.
Polvos de luna y húmeda tierra, el perfil desgajado en la nube que es espejo.
Frescas las valvas de la noche y límite airado de las conchas
en su cárcel sin sed se destacan los brazos,
no preguntan corales en estrías de abejas y en secretos
confusos despiertan recordando curvos brazos y engaste de la frente.

Desde ayer las preguntas se divierten o se cierran
al impulso de frutos polvorosos o de islas donde acampan
los tesoros que la rabia esparce, adula o reconviene.
Los donceles trabajan en las nueces y el surtidor de frente a su sonido
en la llama fabrica sus raíces y su mansión de gritos soterrados.
Si se aleja, recta abeja, el espejo destroza el río mudo.
Si se hunde, media sirena al fuego, las hilachas que surcan el invierno
tejen blanco cuerpo en preguntas de estatua polvorienta.

Cuerpo del sonido el enjambre que mudos pinos claman,
despertando el oleaje en lisas llamaradas y vuelos sosegados,
guiados por la paloma que sin ojos chilla,
que sin clavel la frente espejo es de ondas, no recuerdos.
Van reuniendo en ojos, hilando en el clavel no siempre ardido
el abismo de nieve alquitarada o gimiendo en el cielo apuntalado.
Los corceles si nieve o si cobre guiados por miradas la súplica
destilan o más firmes recurvan a la mudez primera ya sin cielo.

La nieve que en los sistros no penetra, arguye
en hojas, recta destroza vidrio en el oído,
nidos blancos, en su centro ya encienden tibios los corales,
huidos los donceles en sus ciervos de hastío, en sus bosques rosados.
Convierten si coral y doncel rizo las voces, nieve los caminos,
donde el cuerpo sonoro se mece con los pinos, delgado cabecea.
Mas esforzado pino, ya columna de humo tan aguado
que canario es su aguja y surtidor en viento desrizado.

Narciso, Narciso. Las astas del ciervo asesinado
son peces, son llamas, son flautas, son dedos mordisqueados.
Narciso, Narciso. Los cabellos guiando florentinos reptan perfiles,
labios sus rutas, llamas tristes las olas mordiendo sus caderas.
Pez del frío verde el aire en el espejo sin estrías, racimo de palomas
ocultas en la garganta muerta: hija de la flecha y de los cisnes.
Garza divaga, concha en la ola, nube en el desgaire,
espuma colgaba de los ojos, gota marmórea y dulce plinto no ofreciendo.

Chillido frutados en la nieve, el secreto en geranio convertido.
La blancura seda es ascendiendo en labio derramada,
abre un olvido en las islas, espada y pestañas vienen
a entregar el sueño, a rendir espejo en litoral de tierra y roca impura.
Húmedos labios no en la concha que busca recto hilo,
esclavos del perfil y del velamen secos el aire muerden
al tornasol que cambia su sonido en rubio tornasol de cal salada
busca en lo rubio espejo de la muerte, concha del sonido.
Si atraviesa el espejo hierven las aguas que agitan el oído.
Si se sienta en su borde o en su frente el centurión pulsa en su costado.
Si declama penetran en la mirada y se fruncen las letras en el sueño.
Ola de aire envuelve secreto albino, piel arponeada,
que coloreado espejo sombra es de recuerdo y minuto del silencio.
Ya traspasa blancura recto sinfín en llamas secas y hojas lloviznadas.
Chorro de abejas increadas muerden la estela, pídenle el costado.
Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas.

 

(Publicado en "MUERTE DE NARCISO",Antología Poética Alianza

Editorial, Madrid, 1988)

 *("Metaformosis de Narciso", S. Dalí, 1937)

 

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Aldo NOVELLI - hablar del río

Publicado en

ALDO NOVELLI ( Neuquén) 

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 (*)

hablar del río
(Limay, reflejo de agua clara)

el río siempre me habló.


de chico
lata oxidada de duraznos
larga tanza y plomada
me regalaba viscosos pescados/
truchas de ojos fijos y aletas azules.
me contaba historias de hombres viejos
en precarios botes de madera
que por las noches buscan
en esos reflejos de luna
peces ilusorios como las estrellas.

cuando adolescente
le relataba mis penas de amor
y él me ofrendaba bellas sirenas
de rostro oscuro y ojos rasgados.
ahora/ un adulto sin cielo
que aún persigue la utopía
de una tierra de hombres libres/
en este tiempo donde el mundo
se ha vuelto veloz y furioso/
ciertas noches de creciente
camino hasta el río
a contarle el dolor por mis hijos/
y él me calma
narrándome una líquida fábula
del pez luminoso del devenir.

cuando ya sea viejo
iré lentamente hasta su ribera
le haré la última pregunta al río
y me hundiré en sus aguas
a nadar junto a los peces
con mis ojos fijos y los labios azules.-

   (*) Imagen del Río Limay (Neuquén) enviada por ALDO NOVELLI

 

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ENRIQUE MOLINA - SIERVA DIFUNTA -

Publicado en

ENRIQUE MOLINA (Bs.As., 1910-1997)

 

 

 

SIERVA DIFUNTA

 

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La agazapada en su altillo

En lo más pálido de las cosas el largo crujido

de la soledad hasta sus caderas al abrigo de una pobre frazada

            En una tierra demasiado vasta revelada por el silencio.

Con lugares perdidos llenos de rostros que el amanecer

exorciza

            Cuando ella limpia una vez más

            La sangre de bronce de las gárgolas y las pesadillas de

la casa

 

            Día tras día fue y subirá de nuevo esfinge estéril hasta

esa humedad de pesebre donde el alba gotea

            El viento soplando en la profundidad de sus senos entre

las tablas

 

            De su habitación irreversible disuelta en grandes pol-

varedas de provincia

            Una liebre de ojos escarlata salta fuera del tiempo

sobre la hierba de su infancia

            Idénticas presencia y memoria:

            Cuchillos y caballos de un pueblo de arena amarga

donde picotean las gallinas

            La estampa del cantor en el muro los esteros natales y

el prendedor de lata con el vidrio de sus joyas

            Y ese olor a polvos ordinarios y a pelambres de la sies-

ta en la humildad de sus hechizos resignados

            -Oh! un reino en la lluvia!-

            Todo ese oscuro deseo sin novela ni contagio

            En su isla con su zurcido de naúfrago apenas su hambre

incierta en el océano

            De patios y escobas y utensilios de la vajilla en torno al

cetro pálido de su alma

 

            Hermana de la sirvienta de Baudelaire bajo las alas

de cualquier cementerio

            La mujer coagulada entre el negro paréntesis de sus

trenzas que la encierran como la geología

            Idéntica presencia y memoria

            El balanceo ritual de su carne el temblor de su ser

antaño entre los órganos

            Y su desamparado delantal azul de cocina de la muerte

con su victoria de huesos que centellean en sus largas piernas

bajo la tormenta.

 

            Pero desde ese verano terrible desde los pedruzcos tras

el sombrío caparazón de sus reliquias

            Algo irradia sin embargo

            En las desembocaduras de la tierra sin saber por qué

pasajera inmensa y misteriosa

            Hacia qué piedad de fuego

            Hasta dejar tan lejos ese pájaro solitario que queda de

pronto inmóvil en el viento

 

            Y entonces con una blanca máscara de plomo en donde

el tiempo se extravía

            Ajenos desde tanto sus muslos a todo amante estreme-

ciéndose con las hojas y ya fuera de esa alquimia

            De labios que se devoran

            Su existencia entera es filtrada a través de las mucosas

de la noche las sábanas impregnadas por su cuerpo denso

            Con un sollozo de adiós

            De intercesora entre el sol y la tumba –oh¡ pobre

mía!- hasta desaparecer

Junto a su trapo de piso donde latía el cáncer

A su balde ahora lleno de agua negra y eterna.

                      

  (De “Las bellas furias”, 1966, publicado en la Antología de la Poesía

 Argentina, Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librerías Fausto,1979)

 

(*) “Cabeza de Mujer llorando con pañuelo III”, Pablo Picasso, 1937

 

 

 

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Norma PÉREZ MARTÍN - NOTICIAS -

Publicado en

NORMA PEREZ MARTIN (Bs.As.)

 

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(*)

NOTICIAS

 

El infierno se instala

en cada página

y tu curiosidad

abre el instante gris

sobre tus huesos

como un hormiguero reventado

después de la tormenta.

Los hombres dinamitaron el canto

y bajan las aguas del siglo

hacia la electrónica

que alucina cadáveres.

El laberinto se complica

en los periódicos:

crecen los basurales

en los territorios donde

soñábamos verdes paraísos.

El suplemento infantil te predispone

a la humorada

pero la violencia de los supermanes

congela la esperanza en la historieta.

Allí, junto a tu lámpara,

la última estrella se consume.

 

  ( de "Aquí me quedo", 1982, publicado en "POESIA", Norma Pérez Martín,

selección 1963-2003, VINCIGUERRA, colección metáfora, Bs.As., 2004)

  (*) Improvisación , KANDISKY

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