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ROBERT DESNOS-Identidad de las imágenes -

Publicado en

ROBERT DESNOS (París, 1900- Campo de concentración de Theresienstadt, 1945)

 

 

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Identidad de las imágenes

 

 

Lucho furiosamente contra animales y botellas
Desde hace poco tiempo quizá diez horas una después de otra
La hermosa nadadora que tenía miedo del coral esta mañana
                                                                                                         se despierta
El coral coronado de acebo llama a su puerta
¡Ah! otra vez el carbón siempre el carbón
Te conjuro carbón genio tutelar del sueño y de mi soledad
                                 déjame déjame seguir hablando de la hermosa nadadora
                                 que tenía miedo del coral
No dictamines más sobre este tema seductor de mis sueños
La hermosa nadadora descansaba en un lecho de encajes y
                                                                                                           de pájaros
Los vestidos sobre una silla al pie del lecho iluminados por  los fulgores
                                                                                      los últimos fulgores del carbón
Llegado éste de las profundidades del cielo de la tierra y del mar
                                      estaba orgulloso de su pico de coral y de sus grandes
                                                                                                                   alas de crespón
Durante toda la noche él había seguido divergentes entierros hacia
                                                                                              cementerios suburbanos
Había asistido a bailes en las embajadas y dejado su rastro en una hoja de helecho
                                                                                    de los vestidos de raso blanco
Se había erguido terrible en la proa de los navíos y los navíos
                                                                                                            no habían vuelto
Ahora agazapado en la chimenea acechaba el despertar de la espuma
                                                                                                        y el canto de las marmitas
Su paso resonante había turbado el silencio de las noches en las calles
                                                                                                            de adoquines sonoros
Carbón sonoro carbón amo del sueño carbón
Ah dime ¿dónde está la hermosa nadadora que tenía miedo del coral?
Pero precisamente la nadadora se ha vuelto a dormir
Y me quedo frente a frente con el fuego y me quedaré toda la noche para
                                                  interrogar al carbón con alas de tiniebla que insiste
                                                  en proyectar sobre mi camino monótono   la sombra
                                                  de su humareda y el reflejo terrible de sus brasas
Carbón sonoro   carbón despiadado   carbón.

 (De"Corps et Biens", 1930 )
Versión de Aldo Pellegrini

(*)  W. Kandinsky

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ALBERTO GIRRI- EL COMPUTO -

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ALBERTO GIRRI (Bs.As,. 1919-1991)

 

EL COMPUTO

 

¿ES UN TRIUNFO, RAZON,

olvidar la bienventuranza

de sentirse con pavor,

y acceder a que una paz cerrada,

una seguridad de granito,

nos enseñen a expresarnos

lanzándonos con retos

contra el daño como puro daño

y el desasosiego y las vigas

que obstruyen nuestros ojos?

 

¿Puede hacernos fecundos

el apretar los dientes y tragar

los contagios y asociaciones

en el maltrecho, cotidiano jardín

que la muerte estimula,

vil certeza de arbustos,

de lombrices y perros furiosos,

y teros y grillos denunciando

al prójimo indigno de amistad

que vuelve por amparo?

 

¿Ganaremos el albergue

la plenitud conjunta

del Sacrificado y del Redimido,

con la fusión de los opuestos,

el epíteto que es voto de amor

y las voces que han de pudrirse,

el apremio de las penitencias

y el pasar infructuosamente?

 

Estas complejidades sobrevienen

tras seis días de derrumbe

y el séptimo dedicado al balance,

porque somos malos pagadores

y el alma, hasta, vacila ante su panal,

y la cizaña oculta a la flor.

 

(de "La penitencia y el mérito" 1957, publicado en POEMAS ELEGIDOS,

Editorial Losada S.A. Bs.As.,1965)

 

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

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Continúa

 

7- La misión del poeta en la crisis terminal de la Historia.

Para finalizar,  puede decirse que la Poesía es el núcleo central del pensamiento de Larrea, pero también que ese núcleo es inseparable de la vida del Espíritu, y que esa vida para Larrea no es abstracta sino permanentemente encarnada en la historia de los hombres. La Poesía-Espíritu , en el tiempo actual, se habría encarnado en América (Andrés Bello lo había pedido y anunciado en sus Odas)  como concreción de una etapa totalmente nueva, consistente en la llegada  final de los hombres a su origen y destino de trascendencia.  En este pensamiento augural confluyen la palabra poética, la Historia y la Religión, sin distinción de fronteras.

 Larrea es el anunciador de un tiempo absolutamente nuevo para la humanidad, y ese tiempo tiene su centro en América, justificándose así plenamente su denominación de Nuevo Mundo. No está solo en esta profecía, lo acompañan grandes poetas como Darío, Lugones, Huidobro, Marechal, Lezama Lima a los que cabe agregar a los grandes novelistas que he mencionado, y también algunos ensayistas, entendiendo que la poesía  no es cuestión de género poemático. 

A cada paso Larrea reafirmaba su fe en el ya iniciado  advenimiento de la Era del Espíritu, que anunciara Joaquín de Fiore.  Y a la  vez su fe inquebrantable  en el lenguaje poético como revelación de esa nueva etapa. 

En la anunciación, concreción y comprensión de esta última  instancia del destino humano adquiere una significación misional el poeta, que vuelve a ser el profeta  de la tradición bíblica.  Al referirse a su compatriota y amigo  León Felipe, en el artículo recogido por la compilación Torres de Dios, poetas (1982) Larrea dice algunas palabras que pueden ser aplicadas a él mismo. No es en la filosofía ni en las obras literarias modernas donde ha de hallarse la fuente de la poesía augural de León Felipe, sino en los profetas bíblicos: Elías, Jeremías, Isaías, Job,...León Felipe no representa al Antiguo ni al Nuevo Testamento, sino al Testamento del Espíritu transmitido por España al Nuevo Mundo. Hoy- sigue Larrea -  se está viviendo ese tiempo predestinado para establecer la comunicación definitiva del Creador y las  criaturas en el espacio del Ser Absoluto. Es la hora de revelar ante una humanidad materialmente mecánica y corpuscularizada al infinito,  peculiar del homo  faber y sin Esencia común, el otro Orden hoy marginado y soberanamente superior de Realidad, que en su entendimiento sapiencial  incluya a todos cuantos hablan.”

El poeta español  no renegó de Occidente, el país de la tarde;  es más, consideró a España- cruza de Oriente y Occidente- como el pueblo  destinado a ejercer una importante conexión de índole óntica y suprahistórica:   traspasar al Nuevo Mundo nada menos que el Espíritu,  -representado por  el idioma español y por  la  simbólica religiosa,  en particular por la figura de María como representación del Espíritu.  El Surrealismo, a su turno, como movimiento visionario,  era valorizado como nexo entre mundos, pero lo era especialmente, como hemos dicho, en su fase de Surrealismo español, del cual él mismo  se sentía integrante.   

Se hace  evidente en su pensamiento la importancia misional del poeta para una etapa  espiritual, y salvífica que ya daba por comenzada, aunque los  signos de renovación no fuesen  todavía plenamente reconocibles  en medio de la dispersión de la cultura.

Ellos, los poetas,  seguirían siendo los heraldos de la Luz.  

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

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continúa del anterior

 

7- La misión del poeta en la crisis terminal de la Historia.

Para finalizar,  puede decirse que la Poesía es el núcleo central del pensamiento de Larrea, pero también que ese núcleo es inseparable de la vida del Espíritu, y que esa vida para Larrea no es abstracta sino permanentemente encarnada en la historia de los hombres. La Poesía-Espíritu , en el tiempo actual, se habría encarnado en América (Andrés Bello lo había pedido y anunciado en sus Odas)  como concreción de una etapa totalmente nueva, consistente en la llegada  final de los hombres a su origen y destino de trascendencia.  En este pensamiento augural confluyen la palabra poética, la Historia y la Religión, sin distinción de fronteras.

 Larrea es el anunciador de un tiempo absolutamente nuevo para la humanidad, y ese tiempo tiene su centro en América, justificándose así plenamente su denominación de Nuevo Mundo. No está solo en esta profecía, lo acompañan grandes poetas como Darío, Lugones, Huidobro, Marechal, Lezama Lima a los que cabe agregar a los grandes novelistas que he mencionado, y también algunos ensayistas, entendiendo que la poesía  no es cuestión de género poemático. 

A cada paso Larrea reafirmaba su fe en el ya iniciado  advenimiento de la Era del Espíritu, que anunciara Joaquín de Fiore.  Y a la  vez su fe inquebrantable  en el lenguaje poético como revelación de esa nueva etapa. 

En la anunciación, concreción y comprensión de esta última  instancia del destino humano adquiere una significación misional el poeta, que vuelve a ser el profeta  de la tradición bíblica.  Al referirse a su compatriota y amigo  León Felipe, en el artículo recogido por la compilación Torres de Dios, poetas (1982) Larrea dice algunas palabras que pueden ser aplicadas a él mismo. No es en la filosofía ni en las obras literarias modernas donde ha de hallarse la fuente de la poesía augural de León Felipe, sino en los profetas bíblicos: Elías, Jeremías, Isaías, Job,...León Felipe no representa al Antiguo ni al Nuevo Testamento, sino al Testamento del Espíritu transmitido por España al Nuevo Mundo. Hoy- sigue Larrea -  se está viviendo ese tiempo predestinado para establecer la comunicación definitiva del Creador y las  criaturas en el espacio del Ser Absoluto. Es la hora de revelar ante una humanidad materialmente mecánica y corpuscularizada al infinito,  peculiar del homo  faber y sin Esencia común, el otro Orden hoy marginado y soberanamente superior de Realidad, que en su entendimiento sapiencial  incluya a todos cuantos hablan.”

El poeta español  no renegó de Occidente, el país de la tarde;  es más, consideró a España- cruza de Oriente y Occidente- como el pueblo  destinado a ejercer una importante conexión de índole óntica y suprahistórica:   traspasar al Nuevo Mundo nada menos que el Espíritu,  -representado por  el idioma español y por  la  simbólica religiosa,  en particular por la figura de María como representación del Espíritu.  El Surrealismo, a su turno, como movimiento visionario,  era valorizado como nexo entre mundos, pero lo era especialmente, como hemos dicho, en su fase de Surrealismo español, del cual él mismo  se sentía integrante.   

Se hace  evidente en su pensamiento la importancia misional del poeta para una etapa  espiritual, y salvífica que ya daba por comenzada, aunque los  signos de renovación no fuesen  todavía plenamente reconocibles  en medio de la dispersión de la cultura.

Ellos, los poetas,  seguirían siendo los heraldos de la Luz.  

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

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5.- Antonio de León Pinelo y “El Paraíso en el Nuevo Mundo”.  

Agregaré en este punto  como tema muy importante el descubrimiento que hace Larrea, antes de venir a instalarse en México,  de la obra de Antonio de León Pinelo  El Paraíso en el Nuevo Mundo.  

                Recordaré que los hermanos León Pinelo, Antonio, Juan y Diego, luminarias de la vida colonial, pertenecían a una familia portuguesa de judíos conversos, como –se sabe hoy- muchos de los peninsulares que vinieron desde España o Portugal. Uno de sus abuelos, Juan López, fue quemado por la Inquisición de Lisboa. La familia pasó de Portugal a España, y en Valladolid habría nacido Antonio en 1595, aunque no falta quien diga que era oriundo de Lisboa como sus padres. Las persecuciones a la familia, repetidamente acusada de relapso, determinaron el viaje al Río de la Plata y luego a Córdoba del Tucumán, donde nació el menor de los hermanos.

Antonio estudió en Chuquisaca, donde se graduó de abogado, y en 1612 ya residía en Lima, con la familia. Tanto el padre como los hermanos menores tomaron luego la orden sacerdotal. Antonio de León Pinelo regresó a España, en 1622, y hasta su muerte en 1660  dedicó todas sus horas a escribir sobre el Nuevo Mundo, al que dio siempre este nombre. Produjo buena cantidad de obras, que lo califican como geógrafo, historiador, escritor y bibliógrafo. El Epitome es el catálogo fundacional de la bibliografía americana.

Entre esos tratados varios se destaca una obra singular, que participa de la historia, la geografía, la teología y la filosofía, titulada El paraíso en el Nuevo Mundo. Historia natural y peregrina de las Indias Orientales. Pinelo trabajó varios años en esta obra, cuyo manuscrito en dos volúmenes, según el Epitome debió parar en la biblioteca de Barcia. Se sabe que de esta curiosa obra llego a publicar el Índice y “aparato” en 1656, según Larrea, y esto ha dado origen a datos confusos sobre la publicación de todo el libro.

No es el momento de hablar de la historia del manuscrito, cuya copia, existente en la Biblioteca del Palacio Nacional de Madrid, fue consultada por Juan Larrea, antes de su exilio en México, donde le dedicaría un extenso trabajo publicado en la revista España Peregrina[1]. Por su parte el erudito peruano Raúl Porras Barrenechea exhumó y publicó el texto[2] en 1943.

Para Juan Larrea es esta la obra más importante de Antonio de León Pinelo, y a su juicio, una obra admirable por su erudición, a la cual califica de poética y profética.  El Paraíso en el Nuevo Mundo es un libro enciclopédico, fruto de eruditas investigaciones sobre la naturaleza, la prehistoria y las sociedades americanas, destinado a probar que el Edén bíblico se habría hallado,  en un remoto pasado, en el centro de la América del Sur. León Pinelo realiza una prolija exégesis bíblica interpolada con un examen de restos arqueológicos hallados en México, Perú y otros sitios, hecho que de suyo significa una novedad hermenéutica, por la libertad con que el autor relaciona  diversas fuentes. Luego, ya en tren de demostración, pasa a describir al continente americano, con barroca exhuberancia, añadiendo una nueva versión a la ya por entonces cuantiosa descripción de las Indias Occidentales.

El Arca de Noé, construida en América, habría navegado de un continente a otro y así lo desarrollan el Libro Segundo y el que le sigue. Los Libros IV y V integran el segundo tomo. El capítulo IV despliega la descripción de las naciones, monstruos, animales y figuras míticas de las Indias, a las cuales caracteriza con el adjetivo peregrinas. En el Libro V describe los ríos americanos.

Acompaña al libro un mapa ciertamente fascinante cuya copia me fue entregada por  Juan Larrea el primer día en que lo visité en la ciudad de Córdoba.  (Ese mapa, que tuvo una importancia decisiva en mi opción americanística, lo he publicado en varios lugares). El mapa representa la América del Sur, en cuyo centro se ha dibujado un círculo, al  pie se lee la palabra Edén. Es el Paraíso Terrenal, locus voluptatis. De ese centro simbólico se despeñan cuatro grandes ríos: el Paraná-Guazú  - luego llamado Río de la Plata, al que Centenera nombró  “Argentino”-   el Amazonas, el Magdalena y el Orinoco. Estos grandes ríos reproducen la cuaternidad del Paraíso bíblico.

Cabe ahondar en el simbolismo de algunos elementos que caracterizan a este curioso mapa. En primer término se halla orientado de un modo anómalo: la punta de la Tierra del Fuego ha sido colocada al Norte, en la parte superior del mapa, con lo cual las representaciones clásicas del mundo o planisferio resultan invertidas. Esto corresponde acaso a la idea del mundo de los antípodas, difundida en el Medioevo.

También se dan nombres de las regiones y sus habitantes. La región correspondiente al Norte del Brasil, Colombia y Venezuela se rotula: Habitatio hominum y la costa del Pacífico Habitatio filiorum Dei. Es posible ver en esto un reflejo del viejo tema de las puertas de la tierra, una reservada a los hombres, otra a los dioses, tema que proviene del Antro de las Ninfas, pero es un tema que no hemos profundizado aún.  Finalmente apuntaré que en las tierras del Perú figura dibujada el Arca de Noé, construida en el Mundo Nuevo para ser luego llevada al resto del planeta.

Juan Larrea, poeta penetrado de un  espíritu auténticamente super-realista, y por ello capaz de aceptar realidades sobrenaturales que se superponen a las realidades históricas, es quien ha otorgado a la obra de León Pinelo su estatuto poético, más allá de la erudición con que ha sido construido. Lo notable en el poeta español es el modo casi natural con que acepta la imagen paradisíaca del Nuevo Mundo y la continúa. Sobre este planteo audaz del Paraíso en América practica una operación hermenéutica y poética:  la  extrae de su aparente condición de pasado, científicamente demostrable o no, y le devuelve su carácter mítico, intemporal, proyectándola al futuro. Aporta una justificación psicológica y teológica para esta razón imaginaria que viene a compensar –afirma- la indigencia terrenal del hombre, dando sentido a sus pasos en la historia:

Observa Larrea “...la clara inteligencia de León Pinelo y su tendencia al orden y a la clasificación recogió todos los datos concordantes que la tradición religiosa y los nuevos conocimientos le brindaban, sometiólos a una trabazón rigurosa agrupados en series de coincidencias acusadas por la necesidad de comprender el todo de un modo unitario” (p. 76)

La mentalidad que pudiéramos llamar colonial que se produce en América a raíz de la conquista es resultado de idéntico proceso”, dice también Larrea, y llama a la obra de Pinelo “Libro de época trabajado con la esmeradísima perfección de una piedra preciosa” así como: “singular, extrañísimo Cantar de los Cantares”.Y sigue el poeta: “León Pinelo se recrea exaltando la hermosura de la naturaleza americana... se complace en reproducir aquellas noticias fantásticas, a todas luces imposibles, que a sus ojos consagran la divinidad, el carácter extranormal de su amada Ibérica. Algunos de los capítulos, en especial aquellos finales dedicados a la descripción de los cuatro grandes ríos, pudieran considerarse en cierto modo como los cantos de un poema erudito, la correspondencia, si se nos permite el recuerdo, de aquel Paraíso Perdido en que era directa materia poética lo que aquí es seca, desabrida erudición”. (p. 79)

Larrea justifica la utopía en la tensión inevitable que surge entre la temporalidad y la eternidad. “Los ojos nostálgicos del hombre dejan de volverse hacia atrás para mirar delante de él, en el sentido de su marcha que así se hace funcional, afirmativa y sin obstáculos. Bajo estos determinantes se plasma el mito de un mundo futuro más perfecto, el cual, cuando toma cuerpo en una realidad de orden material, asume la especie de tierra prometida...”Lo propio de la teología ortodoxa es la esperanza en un tiempo celestial y ultramundano, no así la fusión de lo celestial en lo terreno, que los humanistas ven plasmarse en el tiempo concreto de los hombres. Joaquín de Fiore había abonado esa inminente “utopía”, que impregnó la mentalidad de geógrafos y navegantes del siglo XV. Colón percibió esa atmósfera y la expresó en sus escritos, entre ellos el Libro de las Profecías,  fundando de algún modo el realismo mágico americano. Será  trabajo de escaldas, o sea de poetas, devolverle esa significación, nos dirá luego Carpentier.

Quiero subrayar hasta qué punto el surrealismo de Larrea le permite vivificar la eutopía americana de León Pinelo y anunciar la venida de la Ciudad Celeste en el tiempo histórico de América. Dice finalmente: “Estas consideraciones definen en verdad la forma y la sustancia del Paraíso en el Nuevo Mundo, obra, en primer lugar, nacida amorosamente de la necesidad intelectual de conocer; constituida, en segundo, por una intuición fundamenta, l racionalizada a posteriori. La intuición es el punto de partida y la médula; las precisiones materiales, el método y el aparato racional  (serían)  el hueso, la caparazón que la envuelve protegiendo su debilidad orgánica. Queda sentado que la intuición es el elemento psicológico que revela la presencia de la imaginación creadora. El Paraíso en el Nuevo Mundo. Historia Natural y Peregrina, tiene, por extraña que sea su forma, las características esenciales de una obra poética” (p. 83)

Y sigue el poeta y hermeneuta bilbaíno: “El Paraíso que, según su visión particular se refiere a tiempos pasados, corresponde en realidad al futuro. Con lo que no hizo sino seguir el ejemplo del Descubridor que murió creyendo que había desembarcado en el continente antiguo. Su paraíso es en verdad un paraíso nuevo, apenas perceptible en la lontananza del hombre cuya conciencia ha dado media vuelta, la cual en vez de alejarse cada vez más de su perfección, va hacia ella, vencida la mitad del camino, endereza positivamente sus pasos. El mismo título de la obra de León Pinelo expresa a esta luz su realidad precisa. El Paraíso en el Nuevo Mundo, en el mundo situado más allá del antiguo, en la tierra de la nueva promesa, en América –Continens Paradisi- continente del Amor, continente que se singulariza en espera de su contenido”( ...)“Las consecuencias que de ella se derivan coinciden por completo con las que arroja la intuición reinante en todas las repúblicas de América. (...) Es axiomático en el nuevo continente que sus tierras incuban el nacimiento de un mundo nuevo” (p. 84)

El poeta español contrasta el destino sobrenatural de América con “el contenido irremisiblemente bárbaro de la pretenciosa civilización occidental centralizada en el antiguo continente”. Como español, se sitúa entre los dos mundos (tal como igualmente se lo ve en su libro El surrealismo entre el Viejo y el Nuevo Mundo, 1944) entregándose con pasión al anuncio y el desarrollo de esa nueva realidad histórico- metafísica. Hasta el título de la obra de Pinelo y su insistencia en el adjetivo peregrino se le hace connatural a la condición peregrina de España, y a su destino histórico, expuesto en su obra  Rendición de espíritu (1943).

Además, Larrea pone su atención en el aspecto autobiográfico de la obra, escrita desde la nostalgia del indiano que ha regresado a España y dice: “No deja Pinelo, como es lógico, de situarse a sí mismo en América, evocando los días felices que allí pasó, siempre que puede incorporar su personal testimonio al cuerpo de doctrina”.(p. 79)

Con esta memoria personal, evocada desde la ausencia, se refuerza un tema capital en cierta línea de las letras americanas, cual es la poetización desde el exilio, practicada antes por el Inca y después por jesuitas expulsados como Rafael Landívar, o bien por viajeros extranjeros, como Alejandro de Humboldt, o por quienes habitaron América en la infancia y la rememoran en otra lengua, como Guillermo Enrique Hudson. En todos ellos se expresa de algún modo la eutopía americana, que resurge con fuerza en la novelística del siglo XX.

 

6.- La figura emblemática de César Vallejo. El “Aula Vallejo”.

No podemos ignorar que la amistad de Juan Larrea con los poetas americanos César Vallejo y  Vicente Huidobro  fue reveladora y fecunda en repercusiones para su vida y pensamiento.   Al peruano  César Vallejo lo conoció tempranamente  y fue la figura que en definitiva se impuso a él como un Cristo americano. En cuanto al chileno, bien puede decirse que lo deslumbró en su etapa creacionista, aunque luego fue alejándose de su estética sin dejar de ser su amigo hasta la muerte de Huidobro en 1948.   Huidobro, como Larrea mismo, tenía una personalidad fuerte y un poco ególatra.  Pienso que quizás Larrea no advirtió la evolución del  creacionista Huidobro desde su omnipotencia inicial –non serviam, decía uno de sus tempranos manifiestos, todavía desde América -  hasta  la conversión que se hizo presente en su poema Altazor.  (Digamos de paso, sólo para sugerir la relación del poeta-vidente con las vías religiosas,  que Paul Réverdy,  el poeta francés con quien Huidobro disputaba la invención del creacionismo, entró prontamente en un convento ).  

No es el momento de analizar la trayectoria de Huidobro sino de detenernos en la figura de César Vallejo,  que tanta importancia tuvo en el devenir del Instituto del Nuevo Mundo, creado en Córdoba por Larrea.  El Aula Vallejo llegó a ser su centro, el lugar de convocatoria para importantes reuniones internacionales y la publicación de la revista del mismo nombre.

  Larrea consideraba a Rubén Darío  como el vate americano que abrió el nuevo camino de la poesía profética tanto a Vallejo como a Huidobro.  Pero hizo del peruano la figura central en su concepción novomundista, al  visualizarlo como el poeta-mártir de América Latina. Dado que el breve espacio de una conferencia no permite el ahondamiento de todos los puntos previstos en ella, me limitaré a recordar el texto de sus conferencias pronunciadas en Montevideo bajo el título “Vallejo, héroe y  mártir indo-hispano”, (recogido en Torres de Dios, poetas, pp   181-316) donde, después de examinar el contexto del siglo XX, que a su juicio comienza en 1914, y de examinar la vida y la obra de Vallejo, se refiere a su muerte, que acompañó  en Paris un viernes santo,  y que vio presentida  en su responso España, aparta de mí este cáliz.  En esas páginas  Larrea presenta la imagen crística de un Vallejo transfigurado que hace suyo el sacrificio de España en la contienda mundial.

Continúa

[1] Juan Larrea: “El Paraíso en el Nuevo Mundo de Antonio de León Pinelo” en España Peregrina ,  1942.

[2] Antonio de Leòn Pinelo: El Paraíso en Nuevo Mundo, Universidad de San Marcos de Lima, 2 tomos, 1943.

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

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3.- La obra poética de Larrea.

Larrea es sobre todo un poeta, y la Poesía es el eje de su formación, visión histórica y teoría de la cultura, aunque el ejercicio del poema  abarque sólo una parte de su vida, entre 1919 y1932.   La obra poética publicada,  permaneció muchos años  desperdigada en distintas revistas y antologías,  hasta que fue reunida y traducida al italiano para su publicación  por el profesor Bodini  (Versione celeste, Einaudi, Turín, 1969), en edición que a su turno fue traducida  y editada por Luis Felipe Vivanco, en libro que editó  Carlos Barral  con el título Versión celeste (Barcelona , 1970); llevaba esta edición un  prólogo de su gran amigo Gerardo Diego y una introducción del curador,  Luis Felipe Vivanco.   Un prólogo breve del autor, fechado en Córdoba en 1966, ilumina la génesis de los poemas, escritos en su mayoría en francés.  Vivanco,  uno de los traductores junto con Gerardo Diego y Carlos Barral, anota que sobre 113 poemas,  90 han sido escritos en francés. Por eso habla de “un poeta español de lengua francesa”.

Robert Gurney ha estudiado esa producción poética  en su espléndido libro La poesía de Juan Larrea, cuya traducción del inglés al español se publicó en el País Vasco en 2001. Era  la tesis  doctoral de este poeta e investigador británico,  y recoge  investigaciones iniciadas en 1968, e incrementadas  con las entrevistas que el autor realizó en 1972 y 1973 al poeta bilbaíno, y  cartas posteriores. Esta obra es a mi juicio la más importante sobre la poesía de Larrea, juntamente con el libro de David Bary:   Larrea, poesía y transfiguración, y con trabajos de Cristóbal Serra publicados en compilaciones críticas.  Unos pocos trabajos más, algunos de ellos de autores argentinos que lo respetaron como Daniel Felipe Obarrio, Lila Perrén de Velasco, Osvaldo Pol o quien esto escribe,  completan la bibliografía sobre el autor, al menos la que me parece más próxima a su pensamiento.   

Gurney, al estudiar la poesía de Larrea con valiosas  calas de análisis e interpretación  de  sus textos ,   va revelando también las relaciones sucesivas del poeta con el ultraísmo – al que rinde culto con sus poemas  españoles del año 19  presentados por Gerardo Diego en las revistas Grecia (Sevilla) y Cervantes, (Madrid) - , luego  con el creacionismo, que incorpora deslumbrado  al conocer a Vicente Huidobro,  y con el surrealismo, dentro del  cual mantendrá una relación conflictiva.

Por mi parte agrego dos puntos, no suficientemente tratados todavía.  1) La relación de Larrea con el “esprit nouveau” planteado por el poeta Guillaume Apollinaire en las primeras décadas del siglo XX.  (Dentro de esa atmósfera espiritual cabe la conversión del poeta Max Jacob,  de quien dirá Alfonso Sola González: “he aquí el judío que veía la cara del Señor...”)  Apollinaire utilizaba ya la expresión sur-réalisme,  que debe ser traducida como Super-realismo,  más próxima del surnaturalisme  de Gerard de Nerval que del surréalisme de André Breton.  2) la existencia de un Surrealismo español, que ha sido poco estudiado,  y que registra un particular y  sorprendente  retorno a la fuente  religiosa, con toques mágico-realistas,  como puede verse en Dalí, Buñuel, Larrea, León Felipe. (Este giro podría ser estudiado también  en Vicente Huidobro, a partir de Altazor, y en novelistas americanos como Carpentier, Asturias y García Márquez.  Algo hemos trabajado en esta dirección. )

Un tema importante, tratado por David Bary, es el de la Luz psíquica, a la que llama Larrea “Luz de conciencia”; sería la luz del Evangelio de San Juan y de los místicos, también la luz de la pintura que hizo decir a Leonardo: La pintura es cosa mental. Anota Robert Gurney al respecto, que Apollinaire consideraba a la luz y el fuego como pertenecientes al hombre, en tanto que Larrea definía  a la luz como don divino.

David Bary conoció a Larrea, se interesó por su poesía,  y destacó su relación con las artes plásticas.   Esta relación desde luego se funda en la imagen, tan valorada por  el poeta-vidente,  que agrega a las  imágenes sensibles las  imágenes creadas o producidas internamente por la facultad imaginaria.  (No sería ahora el momento de explayarme en los matices que diferencian a la imagen creacionista, considerada como imagen autónoma, y la imagen super-realista de Larrea, incorporada a un trasfondo profético).  El poeta español recibió en Córdoba la visita de un genial estudioso de las artes, el inglés Herbert Read, con quien firmaron  en conjunto un  libro importante para la consideración de la pintura y la literatura, denominado Pintura actual (1965).

Larrea  considera que la pintura  y la poesía forman un solo lenguaje, se trata de lo translingüístico del lenguaje  (si se me permite diré que hemos hablado de ello  en nuestros libros  Hacia una crítica latinoamericana, Literatura y Hermenéutica   e Imagen y expresión ,no diré que impugnando la teoría saussuriana del signo pero sí considerándola  inadecuada para la consideración de la creación literaria, que funciona en otros niveles de sentido. De estos temas  también conversamos   con Juan Larrea, que en alguna oportunidad visitó, como lo hizo Manuel Gonzalo Casas, nuestras reuniones del CELA en Villa Allende.  No cito estos puntos por anecdotismo, sino porque hacen a la potencialidad epistemológica de la hermenéutica larreana. )

El poeta bilbaíno no estimaba mucho sus primeros poemas, que Gerardo Diego alcanzó a las revistas del ultraísmo: Grecia  (Sevilla) y Cervantes (Madrid).  El porqué de esta subestimación se halla en  su idea de que la poesía sólo es grande cuando el poeta ha alcanzado su autoconciencia plena y se ha  reconocido dentro de un Logos que supera el logos individual.  Es cuando logra  la “conciencia cósmica” cuando  el poeta se convierte en profeta,  el  que deja- hablar- a- otro- por- su- boca (profemí) y por esta operación trascendente se identifica con el destino de su pueblo y de su especie. No sé si Larrea leyó a Heidegger, pero por mi parte alcanzo a reconocer en su pensamiento poético  aquella  “patentización del Ser” que Heidegger encuentra en la poesía de Hölderlin.  La palabra poética, en esos momentos, pasaría de ser la mera efusión de los sentimientos personales a convertirse en  casa del Ser, el lugar donde el Ser se revela. 

 4.- Juan Larrea como hermeneuta bíblico. Rendición de Espíritu.

Decíamos que Juan Larrea tuvo  una formación e incluso una opción católica, pese a su rebeldía ante  las jerarquías de la  Iglesia. Le he escuchado más de una vez  hablar de ROMA  como el anagrama de AMOR, y de él aprendí el tema de Juan y Pedro, que ha sido tratado por muchos autores y pertenece a la tradición de la Iglesia.  Juan y Pedro representan en el mundo cristiano  dos perfiles, dos funciones distintas.   El apóstol judío Simón-Pedro, pescador de oficio,  es elegido por Jesús quien le dice: “Tú eres Pedro, piedra,  y serás la piedra sobre la cual edificaré mi  Iglesia”.  Por eso Pedro, que ocupa la cátedra vicarial de Cristo, preside la organización institucional  del Catolicismo, que significa universalismo, y acompaña  el destino histórico de Roma,  y  de  las naciones modernas  (aunque éstas  no hayan aceptado  incluir al cristianismo  en la Constitución de la Unión Europea). El Cristianismo también se extiende a América,  en sus dos vertientes, católica y reformada.  

 El apóstol Juan, que vivió sus últimos años en la isla de Patmos,  es un personaje menos visible,  y su función aparece como postergada hacia los últimos tiempos.  A él confía Jesús a su madre,  y está destinado a presidir una iglesia invisible, la iglesia mística.   Desde luego,  Juan Larrea apostaba a la iglesia de Juan, presidida por la Virgen María en representación del Verbo, tercera persona de la Trinidad, y preanunciaba el florecimiento de esta iglesia mística, vivificada por los poetas, en América.  

Sobre esta dualidad, espinosa por cierto en su aplicación a la Iglesia, tuve y tengo una posición más moderada que Larrea, y así se lo decía respetuosamente al maestro, que en todo era excesivo.  Por un lado, la Iglesia es la Iglesia de Jesús, y abarca tanto a Pedro como a Juan.  No sólo  han de sucederse sino que siempre existieron juntos: la Iglesia sostuvo  a  la Inquisición, que persiguió a los humanistas en su mayoría católicos pero también  judíos y  criptojudíos , en América. Pero la Iglesia incluye a esos humanistas, como asimismo a los místicos, y a los santos ,  a quienes podemos agregar otra comunidad no  rígida ni organizada, exaltada por Juan Larrea:   los poetas, esa iglesia espiritual formada por juglares, joculares, no sujetos a dogmas,  no reconocidos en el “mester de clerecía” y sin embargo actuantes en la comunidad,  guardianes de su destino espiritual. Es por la poesía que los hombres sostienen todavía una cultura y un destino no puramente materiales, utilitarios o técnicos.  El Espíritu sopla donde quiere. Esta convicción es muy fuerte en Larrea, y  consolida su visión permanentemente relacionante de poesía, historia y  religión.

Sobre este punto quiero añadir que, luego de haber leído Rendición de espíritu, obra a la cual me referiré, y de conversar sobre estos temas   que por otra parte han desarrollado otros autores religiosos, empecé a descubrir hondas resonancias del pensamiento de Larrea en obras como El camino de Santiago de Alejo Carpentier, y la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo.   Consulté a Larrea sobre el particular y le di ocasión de explayarse en cartas que conservo y he publicado a medias.  Estimo que  Carpentier ha retomado el sentido judeocristiano de la Historia, agregando matices nietzscheanos y spenglerianos  sobre la decadencia de Occidente, y que Rulfo hace algo más que insinuar la caída de Pedro y la pervivencia de Juan en su famosa novela Pedro Páramo.  (Muchos me han escuchado exponer el tema en conferencias y seminarios pero me he resistido a publicarlo; me lo impedía el respeto que tengo por muchos hombres de la Iglesia, y la dificultad de explicar temas tan sutiles y delicados).  

En suma,  el poeta vasco-navarro  se movió siempre dentro de la tradición judeocristiana, aún acusando facetas críticas hacia los dogmas o las organizaciones. Gerardo Diego,  que fue su amigo y compañero de los cursos de hebreo y de latín en la Universidad de Deusto,   decía de él : “Larrea me superaba totalmente en cuanto a la fe cristiana.”  

Larrea se dedica tempranamente  a la lectura bíblica,  y la historia se convierte también para él,  en un texto a ser descifrado a la luz de las Escrituras.   Los textos bíblicos de los profetas, así como el texto del Apocalipsis de San Juan pasan a ser sus lecturas predilectas.

Con relación a la posición hermenéutica  de Larrea, mal comprendida por ciertos analistas, y por aquellos que pedían su destitución,  traeré brevemente la opinión de un profesor de la universidad de Duke, Marcos Canteli, quien escribe el artículo  “ Larrea: una utopía melancólica”. Desconcertado ante el pensamiento del poeta,  Canteli  llama “utopía melancólica” a lo que considera una mezcla de posición reaccionaria y postura utópica, mostrando gran desconocimiento  de la tradición simbólica judeocristiana y de toda tradición religiosa o teológica.   Por supuesto juzgada desde la izquierda, la utopía sería un bien del socialismo, olvidándose que es en el judeocristianismo donde arraiga la concepción teleológica de la Historia con una forma determinada, que llegaría a su cumplimiento histórico y transhistórico en el final de los tiempos. Y dejándose  de lado que Sir Thomas More, santo y mártir cristiano, inventó la palabra Uthopy,  el no-lugar, para  designar oblicuamente a América, de donde venían las noticias de Vespucci mediatizadas por el personaje de su obra, el marinero Hythtloday.   América estaba lejos de ser  el no-lugar, aunque el humanista la llamara así eludiendo a los inquisidores; por el contrario, para los humanistas América era el lugar, el buen lugar  (por eso en nuestros trabajos propusimos el nombre de eutopía). Se  olvida también que Hegel, el mayor filósofo de la Historia con que ha contado Occidente, despliega su sistema de ideas sobre este telón cultural de fondo.

Canteli , como otros,  ignora todo esto.  Se apoya en otro crítico que se ha ocupado de Larrea,  Díaz de Guereñu, para afirmar que hay en Larrea un intento desesperado de recomponer el fracaso de la República española mediante el recurso a su aplicación en nuevas tierras.  Por su parte José Luis Abellán habría calificado al de Larrea como “pensamiento delirante”, calificación que no rechazo aunque doy al delirio la significación positiva que le otorga María Zambrano.  Canteli,  que no me parece nada relevante sino que lo he tomado como ejemplo de particular incomprensión, acusa a Larrea de haber pasado del plano conceptual al plano mítico.  Y efectivamente así es. El  hombre religioso vive una atmósfera intramítica,  como lo vemos en movimientos típicamente  religiosos al modo del Islam, y  esto se cumple también dentro del cristianismo, pero con una gran diferencia: la tradición de Cristo hace lugar al libre pensamiento,  y esto es escándalo para los  fanáticos,  que llegan  a considerar al cristianismo como una religión de débiles (Nietzsche) y en otros casos son inducidos  a deserciones como la de René Guénon  a favor del islamismo.  

Por último Canteli identifica al mito con el pensamiento reaccionario, apuntando al carlismo, el franquismo, el conservadurismo (y podríamos aumentar la nómina con movimientos políticos de signo religioso surgidos  en América Latina.  Si alguien quisiera ahondar en este tema, le recomendaría las obras de Jacques Lafaye, quien después de un primer libro en que considera a la Virgen de Guadalupe como un instrumento de dominación - típica lectura marxista-  concede en otras  publicaciones, un especial valor histórico a los movimientos mesiánicos y religiosos de América Latina).

La consideración más elemental de qué cosa sea la hermenéutica supone un conocimiento del contexto cultural en que adquiere plena  significación el texto estudiado; quien ejerce tal hermenéutica ha de ubicarse en esa perspectiva, o al menos compartir mínimamente  sus presupuestos y premisas, con  respeto hacia ellas.  Larrea jamás podría ser tomado como un defensor del franquismo, al que otorgaba un carácter demoníaco representado por la guardia mora del caudillo:  veía  en este  movimiento una proximidad  al nazismo, al que también adjudicó el símbolo de la media luna. 

Para Larrea, La espada de la Paloma era una de sus obras más importantes. Según su valioso exégeta Cristóbal Serra, se trata de una requisitoria contra la Iglesia de Pedro.  Sostiene que el Apocalipsis – obra aceptada en España como canónica antes de serlo en Roma – es un texto que, sin perder su carácter simbólico permanente, habría sido redactado contra el Obispo de Roma y en el tiempo de la crisis de Corinto.  Allí Clemente el Romano habría recurrido al ejército para sofocar una rebelión de jóvenes diáconos, y desde allí la Iglesia se habría transformado en una Iglesia Romana, que según Larrea desplazó el Evangelio,  condenó por herético al milenarismo, y desplazó a la mística.  

Larrea no se pronunció sobre el origen ibérico de los hebreos, como lo hiciera  Oscar Ladislav de Lubicz-Milosz, pero sí esperaba y  afirmaba la conversión del pueblo judío en el final de los tiempos.

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

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Conferencia dictada por la Dra. Graciela Maturo en Códoba, Argentina, el 30 de marzo de 2012:

 

1 PARTE

 

El destino de América en la mirada profética de Juan Larrea.

Conferencia de Graciela Maturo en el Centro Cultural de España.

 Córdoba, 30 de marzo de 2012.

Agradezco la invitación de Eugenia Cabral quien,  con el auspicio del Centro Cultural de España y de la Universidad Nacional de Córdoba,  ha organizado este justo e impostergable Homenaje a Juan Larrea; según creo,   el primero que se le hace en el país.  Por tal razón, y por el respeto que siempre he guardado por el  poeta español  que vivió y murió en esta ciudad,  no podía excusarme de venir a traerles modestamente  mi palabra, en  la que intentaré volcar mi conocimiento personal del amigo,  y las motivaciones que me hacen impulsar el homenaje.  Luego  de evocar mi encuentro personal con el poeta,  intentaré desplegar algunos aspectos de su vida,  su  trayectoria poética,  su  labor hermenéutica y profética – poco comprendida en ciertos momentos y aún hoy en los ámbitos universitarios -  antes de centrarme en su visión de  América y su decisiva valoración de la misión del poeta.

1.- Mi encuentro personal con el poeta Larrea. . Ante todo diré que descubrí la existencia de Juan Larrea a través de su obra Rendición de Espíritu, en el Instituto de Lenguas  y Literaturas Modernas de la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, donde trabajé  a partir de 1958, como  Ayudante Diplomada de Investigación.   Leí esos dos volúmenes  - que me esperaban intonsos -  con deslumbramiento y pasión,  descubriendo a la par a un poeta-vidente  de excepcionales condiciones, y a un hermeneuta que aplicaba a la Historia misma su capacidad revelatoria.  Debo decir que ambos  mensajes  - el sentido de la poesía y  el destino de América-  entrelazados por   una mirada profética,  me marcaron para siempre, tiñendo todo mi quehacer,  ya iniciado entonces  como poeta, americanista y estudiosa de las letras. Pido perdón por esta referencia personal pero es imposible obviarla si quiero explicarles  mi inmediata visita a  Larrea,  a la que siguieron otras hasta el año de su muerte, a la par que mi correspondencia con él acerca de temas que otros consideran delirantes,  y en fin, mi pretensión de continuar de algún modo al  Instituto del Nuevo Mundo a través del Centro de Estudios Latinoamericanos que fundé en Buenos Aires en  1970.  En la actualidad, el Centro de Estudios Poéticos “Alétheia”, y el  Aula “María Zambrano” en la Universidad de La Plata, prolongan  esa fe en la poesía y en la figura misional  del poeta. Hasta aquí la ineludible referencia a mi condición amical y discipular con relación al maestro, lo cual no significa negar  algunos matices que me diferencian de él.  

2.- Noticia sucinta sobre vida y obra de Juan Larrea.  

Será preciso recordar algunos datos de la biografía del poeta. Juan Larrea nació en Bilbao el 13 de marzo de 1895, en un hogar de perfil católico y conservador.  Su madre era navarra, y según Larrea los navarros eran los más católicos de España. El padre era librepensador, y  un  típico conservador, rentista, cuya herencia le venía de  un  abuelo que había hecho fortuna en América.  Dos hermanas de Juan se hicieron monjas, y otro hermano jesuita;  la madre quiso inclinar a su hijo Juan  al sacerdocio, y él estaba “du côté de sa mère” según lo dice  en carta a Robert Gurney.

Hay un episodio de su infancia  sobre el cual el propio Larrea llama la atención en esas cartas.   Entre los 4 y los 7 años fue enviado por sus padres a Madrid a casa de  su tía Micaela, hermana de su padre. Este hecho  tuvo gran importancia en la formación afectiva del niño, que guardó un vínculo muy fuerte  con  Micaela Larrea; ella  vino a encarnar a la Amada, sublimando la idea de la Poesía y convirtiéndose en símbolo de su  vida espiritual.

Finalizados los  estudios de bachillerato,  Larrea cursó la carrera de Letras en la Universidad de Deusto – donde conoció a su amigo Gerardo Diego-  y luego perfeccionó sus estudios en Salamanca. En Madrid hizo la especialidad de  bibliotecario y archivero, que le permitió ingresar en 1921 en el Archivo Nacional, donde fue jefe de la sección de Órdenes Militares.   Debajo de estas funciones  tan alejadas de la poesía latía sin embargo  la inquietud del creador, que lo llevó a pedir la “excedencia” en el cargo para establecerse en Paris. El encuentro con César Vallejo fue decisivo en la publicación de una pequeña revista titulada Favorables Paris Poema. (1921)

En 1926, ya casado con mujer francesa,  viajó  al Perú  iniciando una relación con América que tendría más tarde consecuencias  de peso en su vida y obra.  Este viaje, de corta duración, lo puso en contacto con la cultura del Cuzco, donde reunió una valiosa colección  de antigüedades incaicas que luego fueron exhibidas en Francia y en España, donde ahora se encuentran.  Anotemos que entre el 26 y el 32 se extiende lo fundamental de la obra poética de Larrrea, luego abandonada. 

En 1936 se instala en París, exiliado como otros intelectuales durante la Guerra Civil.  Su exilio continúa a la caída de la República,  en 1939 : viaja a  México, donde fundó, con José Bergamín y Josep Carner, la “Junta de Cultura Española” y dirigió la revista España Peregrina.  Desaparecida esta publicación, promovió  con otros escritores la creación de la  célebre revista Cuadernos Americanos y poermaneció hasta 1949.  Estos diez años de su estadía mexicana   fueron especialmente fecundos en la trayectoria de Larrea, y le dieron oportunidad de alternar con valiosos escritores e influir en ellos, como consignaré después.  A esta etapa pertenecen importantes trabajos como Rendición de Espíritu (1943)  y El surrealismo entre Viejo y Nuevo Mundo (1944).  En Nueva York publica en inglés su estudio sobre el Guernica de Picasso (1947).

En 1949 se trasladó por varios años a los Estados Unidos  con el apoyo de la Beca Guggenheim, y luego de la Fundación Bollingen,  para continuar sus investigaciones. Publica en Lima, en 1952, La Religión del lenguaje español.

 En 1956  - año de nuevas publicaciones: La espada de la Paloma y Razón de ser, ambas en  México ,  vino a la Argentina, invitado por Víctor Massuh a la Universidad Nacional de Córdoba, donde fundaría el “Instituto del Nuevo Mundo” y su  principal organismo, el “Aula Vallejo”, con la revista de igual nombre.  Entre las publicaciones de ese tiempo destaco César Vallejo o Hispanoamérica en la cruz de su Razón (1958), Corona Incaica (1960),  Pintura actual , en colaboración con Herbert Read (1964),   Teleología de la Cultura (1965) , y   Del Surrealismo a Machupichu  (1967).  Estos dos últimos títulos no fueron publicados en Córdoba sino en México.

Los años de Larrea en Córdoba,  y esto debe decirse, no fueron siempre tranquilos.  Vivía en el Barrio Jardín Esìnosa, donde lo he visitado hasta el mismo año de su muerte, y luego del accidente aéreo sufrido por su hija y  el esposo, en 1961, debió hacerse cargo de su nieto Vicente al que crió, y el cual según he sabido acaba de morir hace pocas semanas.   Pero me refiero a otro tema,  las agresiones y desvaloraciones sufridas a manos de ciertos grupos. Después de 1964, año de la visita de Herbert Read y de cierto apogeo del Instituto, empezó el ataque desconsiderado de colegas  que no entendían ni aprobaban la actividad universitaria de Larrea.  Impugnaban su permanencia en la Universidad de Córdoba. El poeta, con quien he conversado largamente sobre estos temas, me dio nombres y apellidos que por prudencia no repetiré,  pero sin duda muchos de Ustedes los conocen. Fue en respuesta a esas agresiones que Larrea escribió Teleología de la cultura, un breve opúsculo que puso en mis manos  en el año 65:  tal escrito comienza  con el tono de una  defensa personal,   y va desplegando una visión completa de su labor.

Juan Larrea falleció en Córdoba el   9  de julio de 1980. En l982 se editó en España, `por la Editora Nacional,  una compilación de 6 ensayos que habían sido publicados antes en forma de opúsculos o libros, con título brindado por el autor, que es un verso de Rubén Darío: Torres de Dios, poetas.  Sus obras – integradas por buena cantidad de artículos y ensayos en revistas - siguen sin ser reeditadas  y, mucho menos, estudiadas y comprendidas en nuestras universidades.  En mi entender, la Universidad de Córdoba tiene el débito  de constituirse en editora de sus Obras Completas.

 

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ALEJANDRA PIZARNIK-LA JAULA- A la espera de la oscuridad

Publicado en

ALEJANDRA PIZARNIK (Bs.As.,1936-1972)

 

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LA JAULA 

Afuera hay sol.
 
No es más que un sol
 
pero los hombres lo miran
 
y después cantan.
 

Yo no sé del sol.
 
Yo sé la melodía del ángel
 
y el sermón caliente
 
del último viento.
 
Sé gritar hasta el alba
 
cuando la muerte se posa desnuda
 
en mi sombra.
 

Yo lloro debajo de mi nombre.
 
Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad
 
bailan conmigo.
 
Yo oculto clavos
 
para escarnecer a mis sueños enfermos.
 

Afuera hay sol.
 
Yo me visto de cenizas.
 

 

 

 

  ( "La última inocencia, 1956")

A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

 

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Salvador DALÍ - CRISTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ -

Publicado en

SALVADOR DALI

 

CRISTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ (1951)

 

Cristo Dalí

 

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GIOTTO DI BONDONE " EL BESO DE JUDAS"

Publicado en

GIOTTO DI BONDONE (Florencia, 1266-1337)

 

EL BESO DE JUDAS

 (Capilla de los Scrovegni, Padua)

 

Giotto.Traicion-de-Judas.jpg

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