ERNESTO GOLDAR – HOMENAJE-
(Bs.As., 1940-18 de julio de 2011)
Poemas de su libro “EN VOZ DESMAYADA Y BAJA”, Editorial VINCIGUERRA, 2009 y comentario que leyó Ernesto y agradeció
POETA NATURAL
La mano, la mano enferma,
la mano enferma escribe.
Imposición ineludible de decir,
o de ocultarlo, que viene a ser lo mismo,
para inventar otra vez un espacio
en la línea de papeles,
de todo olvidar en el descenso.
Afuera el mundo tiembla,
y no puedo detener la mano mortal y maniática
que dibuja palabras, frases y finales,
como si se tratase de una extraña.
No es de mi cuerpo, para nada,
tampoco de mi alma,
generadora de almas.
RAIGAMBRE NOCTURNA
Habita mi ciudad porque la ve con ojos
ciudadanos;
existe en mi ciudad porque tiene sentimientos
de ola fugitiva,
de ligereza en la existencia,
un ocurrir, el equilibrio amenazado siempre.
Descubre mi ciudad y su decoración de nervios
excitables,
de ritmos y estilos versátiles,
las impresiones súbitas y agudas y efímeras.
Compite en mi ciudad de sensoriales experiencias,
de paisajes,
de predominio del momento,
las cosas disueltas y firmemente trabadas
en una metamorfosis.
COMENTARIO
Estimado Ernesto Goldar:
He leído tu “En voz desmayada y baja”. Mientras lo hacía, fui sutilmente transportado en un viaje a través de los más de cuarenta años pasados, desde que nos conocimos en aquellas tertulias en el primer piso del café Vesubio.
Le lectura me fue llevando por las calles de Buenos Aires amada, compartiendo, al final, la desilusión de su impiadosa metamorfosis que la convierte en la “ciudad descangayada”. Cuántas veces nos habremos cruzado, sin vernos, en caminatas solitarias buscando ese “lugar perfecto” que alguna vez tuvimos y que hoy ya no sabemos dónde está.
“Me has visto, y no vale la pena disimular
la encrucijada de las esquinas, los designios cósmicos”.
Es curioso que tu poesía casi despojada de imágenes visuales me las haya suscitado, y tantas. Creo ser, Ernesto, de aquellos conservadores de los “sentimientos guardados en un cofrecito”.
Tu poesía está surcada de silencios, insinuaciones e ironías: también de soledad. Tú mismo en tercera persona y los otros aludidos y esa “mano mortal y maniática” enajenada de uno “dibuja palabras, frases y finales”.
“La filosofía primero, después la poesía, ahora el silencio”. ¿Me equivoco o ese “Círculo de Cristal” fue el itinerario del poeta natural?
“Los solos hacen del silencio su mejor discurso”. En silencio gestamos y en silencio nos iremos, y en el medio un escenario donde los cuadros se suceden a los empujones, hasta que ya preferimos quedar detrás de la bambalina, sentados en un banquito, mirando a los otros actores que corren a cambiarse de ropa para la escena siguiente.
No, Buenos Aires ya no es la misma desde que nos dejó por otro, ella renace permanentemente con nuevas vestiduras, nosotros no. Ya casi no la reconozco cuando, cada vez menos, la camino. Repito con el poeta: “Dejé de conocer el centro, ya no es mío”. Tampoco el barrio es ya el de Patio Mío, el de la “ropita colgada” y el “sabalaje bravío”, como la cantó el Cátulo criollo. “Ya no puedo escribir sobre mi barrio –no lo tengo-..”.
“La ciudad es la sorpresa y la tristeza, el silencio y la palabra nueva”.
Nos quedan los trinos del violín de Antonio Agri tocando Piazzolla.
Pero Argentina también es el pueblo chico. El de la pena grande. En la ciudad la gente nos expone su cara visible, afuera “un amigo que de repente muestra el otro rostro es como esas cruces abandonadas en el campo”. Allí la soledad es más solitaria.
En este suelo vive el poeta que se interroga por su “provincia interior” a la manera calderoniana ¿”Depende de mi voluntad, o sólo es sueño...”, este efecto soliloquio donde estoy parado? Ahí es donde va a ser visitado por la musa, ahí precisamente, “en el nacimiento de las palabras, está el verso” del “poema que ontológico y frecuente gratifica”.
Y ya sale de su soliloquio para abrir la ventana de su casa de San Telmo y mirar “las desafinaciones multicolores del puerto” y en el enorme río “una pareja de remolcadores
(haciendo) su trabajo esclavo”.
Y por fin las mujeres, las que “nos ganan la cabeza, los ojos, las manos, el cuerpo” las que nos hacen exclamar sí al universo entero, hasta encontrar a “la mujer enamorada de un poeta al que no cambia por nadie ni le pide nada...”.
El “Círculo de Plata” tiene tres puntos cardinales: filosofía, poesía y silencio. En este último el poeta encuentra “el sistema pensado para mí”. Después de frecuentar el concepto y la palabra bella se instala en el silencio. Con sinceridad nos confiesa que detrás de cien de sus poemas hay una idea reiterada: el silencio.
Me permito extraer unas líneas del hermoso y profundo poema “Todo Depende” violando su integridad:
“Si el silencio es una palabra inexpresable,
cuando alguien pregunta a la vida
por qué vive;........”
“...el silencio es lo más apropiado
que puede decirse”.
El silencio no responde las preguntas, las escucha, como nos dice en “Escuchar Acontece”:
“El poeta origina, vuelvo a decir,
obedece,
a la palabra oye,
la dice con la boca cerrada
y le devuelve la retenida dulzura de su corazón”.
¡Salud poeta! Con todas las letras.
Jorge Albertella
julio de 2010