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GONZALO ESCUDERO - MADUREZ DE LA MUERTE -

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GONZALO ESCUDERO
(Quito, 1903- Bruselas, 1971)

 

MADUREZ DE LA MUERTE

 

Toda la noche de espadas negras,
los hombres fabricaron una aurora
envasada en el verde puro de las botellas,
para una sed crecida en las gargantas
y atizada en la flama de las lenguas.
Aurora de agua y aire,
de cielo y tierra,
como esperada no venida,
como venida nunca entera.
Mientras tanto nacieron colmillos en las lianas,
bastos en los sarmientos y puños en las piedras.
En un lagar de angustia,
tantas heridas fueron pulpa y piel de cerezas
y tantos ojos amarillos,
racimos de uvas tiernas.
Desde entonces los hombres andan borrachos
del vino de la muerte ligera,
sin sal ni sol del mundo,
a horcajadas en la arcilla prieta,
sin tacto de los días, los meses y los años
en este calendario de candela,
plantados los laureles de los huesos lirondos
como arcos de una orquesta,
y la boca baldía
sin hambre vegetal de fruta, moza o estrella,
sin memoria de miel en cántaro
y miel en pechos de colinas frescas,
duros de calcio y quemantes de fósforo,
flor, resina y madera.
Violones calcinados
por los bengalas de una fiesta,
si al menos estos brazos izaran
las gaitas de los vientres en las cuerdas
de los dorados intestinos
contra las nubes forasteras,
contra el humo pirata de paisajes,
contra el viento rapaz del oro de la arena,
contra la lluvia verde,
máquina de coser cordilleras.
Estos muertos están conmigo
en geometría de línea recta,
infantería de ángeles
con fusiles de niebla
para matar estatuas vivas
de gozo en lunas llenas.
Estos muertos están conmigo,
caballería lenta
de caballos envenenados
por las distancias agoreras,
las cimitarras de rocío para acribillar sueños,
los cascos de algodón para pisar ausencias.
Estos muertos están conmigo
en creciente de mar, pampa y meseta,
de alga, raíz y liquen,
de tromba y torrentera,
al norte, al sur, al este y al oeste
de la angustia unigénita,
árbol del grito,
trueno domador de centellas,
almáciga del huracán piafante
y del océano en resaca de hembra.
¿Qué pueden nuestras manos
diestra y siniestra
contra esta madurez de la muerte
en zafra de tormentas?
Si hay un reloj menudo que nos roe,
burbuja con las patas de abeja
y una fugaz respiración de hormiga,
el corazón de almendra,
cada vez más enfermo
de altura eterna.

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Pier Paolo PASOLINI - LAS PRIMULAS -

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LAS PRIMULAS (*)

 

     (de “El ruiseñor de la Iglesia Católica”, de “Poesía italiana del siglo XX, Centro Editor de A. Latina, 1970, Versión G. Manzini)

 

¿Dónde encuentro la fuerza de escucharme?

Este enigma para los muchachos y los honestos

esta fe al calor de sus vestidos

esta víctima de sus sueños insanos

¿puede ahora encontrar en sí las frescuras

de las riberas de prímulas, las cosas menudas

fascinantes, que al hombre virgen, agobian?

¡Lo puede, lo puede! El corazón puesto al desnudo

no dejará de ser corazón:

Tu, Dios, sabes que soy como la alondra

que de  día mueve sus alas contra el sol.

 

Yo turbo el pudor de las prímulas

demasiado simples en la luz tosca

de marzo si campanas y lluvias

tocan el viviente, laborioso día.

No pueden enrojecer o enfurecerse

o, si lo hacen, es con los ojos ardientes

de amor y de nuevas seducciones.

Se me asemejan. Su vergüenza

es mi impudicia, su sueño

tiene cándidas inocencia como el mío.

En ellas mi pudor ofendido  espío.

 

Cuando estaba perdido  en su esplendor

era, me quería, bueno, un santo.

Y aún me asalta aquel antiguo

entusiasmo de virgen, al darles

sin recompensa toda energía.

Quiero su sonrisa, simpatía

vital, y para tenerlo, moriría.

Son tan inocentes que yo pido

al cielo que me vean gozarlas

de pureza en una luz mística

o para salvarlas, dar mi vida.

 

(*) Es un poema para la primavera, pero es tan, tan bello, que lo copié ahora

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Cristina PIZARRO - Consagración de la Primavera -

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images[1]

La primavera S. Boticelli 

 

CONSAGRACIÓN DE LA PRIMAVERA

 

La melodía del Vals Triste [1]es un eco polifónico

en el aura de aquel tiempo.

 

Recuerdas, Rosalind,

en la danza

                     te entregabas

                                                 a la tierra    hasta el fin.

 

Después del rapto a los infiernos

celebraste el rito arcano

                                                en la promesa.

 

Ante la eclosión del círculo

misterioso

                         evocaste a tus antepasados

donde   hubo cortejos de los sabios   

en el juego y el milagro.

 

 

Un ritmo disonante se enarboló

                                                           a tu piel

quebrada

                   por el silencio.

 

Ahora,

               tú,  Rosalind Schieferstein,

elevas el cáliz   en la danza sagrada,

mientras  renuevas el ciclo de la naturaleza

hacia la alabanza de Tu nombre ungido.

 

 

 

 


[1] Vals Triste de Jean Sibelius.

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Elvio ROMERO - ESOS DIAS EXTRAÑOS -

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 Elvio ROMERO ( Paraguay, 1926-Argentina,2004)

 

 Esos Días Extraños...

 

Vienes de afuera. Traes
vitales adherencias en la mirada clara.
Se te ve el regocijo. El júbilo te invade.
Repites nombres, cosas. Y al punto te detienes
en ese espacio grave de distancia que existe
entre el fervor que traes y el silencio que habito…

¿Qué tengo? ¿Qué contorno
de penumbra me sella y me fatiga?
¿Bajo qué precipicios cierro los ojos tristes
y apenas ya converso con brumas imprecisas?
¿Qué sucede que apenas te conozco,
que tu mirada clara se me borra en las manos
y me enredo en mi noche y mis recuerdos?

Pronto ves que no entiendo.
Que no estoy. Que no escucho.
Que irremediablemente me pierdo en esa umbría
donde, ciego y perdido, rompo mis pobres báculos
que he bajado a una estancia de fiebres invasoras
de donde extraigo, huraño y melancólico,
mis diarias cosechas, mis vinos silenciosos.

Algo quieres decirme. Algo quieres contarme.
Pero no estoy. No siento. Persisto en mi guarida.
Me hospedo en esa niebla donde a veces me pierdo,
bajo la estera oculta donde me afano y doblo,
en la triste carlanca donde enfundo mi sangre,
en mi agujero amargo.

 

 

 

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Fermín Estrella Gutiérrez - "EL BÚHO" y otros

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securedownload[2]FERMIN ESTRELLA GUTIERREZ  (Almería, España, 1900-Argentina, 1990)

 

 

De ANTOLOGIA POETICA  (1924-1962)Editorial LOSADA, S.A., 1963

 

 

XII

El BÚHO NEGRO

   (“El niño de la rosa”,1931)

 

 

El búho negro se posó en la cruz.

El búho negro se bebió la noche.

El búho negro se incendió los ojos

y ahora le brillan, como dos relámpagos.

El búho negro volará mañana:

yo le daré un mensaje para el cielo.

Puñal de Orión para la mano mía,

y una estrella, una sola, que me vele.

El búho negro se posó en la cruz.

 

 

EL ALBA

   ( “Destierro”, 1935)

 

 

Silencio de los árboles,

alba de luna, fría.

 

Cielo de ámbar, grisáceo,

y la ciudad, dormida.

 

Las casas, qué en silencio;

las calles, qué vacías.

 

Oh, soledad primera,

triste, del nuevo día.

 

Todo ha sido y será

y el tiempo , qué de prisa.

 

Mañana, tal vez hoy,

se nos irá la vida.

 

Los árboles, qué quietos;

la mañana ,qué fría.

 

 

SONETO DEL VIENTO

  (“Otros poemas” 1950-1962)

 

 

Lluvia, y después el sol, el sol violento,

y el cielo cielo, lípido, lejano.

Qué verde el árbol, verde, casi humano….

Y después la locura atroz del viento.

 

Oh mar del aire siempre en movimiento,

hoy encrespado, restallante, ufano;

mi mano levantada, no es mi mano,

y ya en el silbo sideral, ni cuento.

 

El hombre, la ciudad, la vida entera,

todo lo barre, y sola, transparente,

vibra en el aire la triunfal bandera.

 

Siglos y siglos corren por mi frente,

y oigo en el grito de la edad primera

Un mundo nuevo, puro, diferente.

 

 

 

 

 

 

 

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Thomas S. ELIOT - EL PARAMO -

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 Thomas S. ELIOT (St. Louis, Missouri, 1888-Londres, 1965)

 

 

EL PARAMO , I, 1-42

( Traducción Ezequiel Zaidenwerg *)

 

El más cruel de los meses es abril:
engendra lilas de la tierra muerta,
entremezcla el deseo y la memoria
y agita las raíces somnolientas
con las primeras lluvias. El invierno
nos mantuvo abrigados, sepultando
todo bajo el olvido de la nieve,
alimentando apenas a la escasa
vida con bulbos secos. El verano
nos sorprendió en el Starnbergersee
con un gran chaparrón; nos detuvimos
al pie de las columnas, y avanzamos
bajo la luz del sol hacia el Hofgarten,
y tomamos café y nos pasamos
una hora hablando. Bin gar keine Russin,
stamm' aus Litauen, echt deutsch
. Y de chicos,
en casa de mi primo el archiduque,
salimos en trineo, y me asusté.
“Marie, agarrate fuerte”, me decía.
Y así nos deslizamos cuesta abajo.
Una se siente libre en las montañas.
Leo la mayor parte de la noche
Y al llegar el invierno voy al sur.

¿Qué raíces se aferran, cuáles ramas
brotan de estos escombros? Hijo de hombre,
no lo puedes saber ni adivinar,
porque conoces solamente un cúmulo
de imágenes quebradas, donde pega
el sol y el árbol seco no da amparo,
ni da consuelo el grillo, ni la piedra
seca trae el murmullo de las aguas.
Sólo bajo esta piedra roja hay sombra
(ven a la sombra de esta roca roja)
y yo te mostraré algo diferente
a tu sombra que dando largos pasos
detrás de ti te sigue a la mañana
o a tu sombra que se alza en el crepúsculo
para encontrate. Yo te mostraré
el miedo en medio de un montón de polvo.
Frisch weht der Wind
Der Heimat zu.
Mein Irisch Kind,
Wo weilest du?

“Me regalaste por primera vez
jacintos hace un año. Me decían
la chica del jacinto.” Sin embargo,
cuando volvimos tarde del jardín
de jacintos, tú con las manos llenas
y los cabellos húmedos, no pude
hablar y hasta los ojos me fallaron.
No estaba vivo ni tampoco muerto,
y nada supe al ver el corazón
de la luz, el silencio.
Od' und leer das Meer

  

(*) Ver el blog de Ezequiel Zaindenwerg (zaidenwerg.blogspot.com)

 

 

 

 

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Marcelo Juan VALENTI -Jardín Espejo - Espejo Jardín -

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C. MONET , "EL JARDIN DE GIVERNY (1902) 

 

 

 

MARCELO JUAN VALENTI (Rosario, Argentina, 1966)

 

 

ESPEJO JARDIN  (2010)

 

 

La astucia

de los crisantemos desorienta

a los caballos hambrientos. Son los espejismos de esta

comarca

de valientes,

de velos, de alivios.

si acaso tropezáramos en las aceras de la luz,

¡qué disgusto enceguecedor!

 

 

 

JARDIN ESPEJO (2010)

 

 

 

Padezco la insensatez

de los caballos que

se atesoran

de crisantemos.

Son realidades de este territorio

de miedos, de nubes,

de bochornos.

Si acaso se trozaran

cercos de niebla,

¡qué paz inmensa sobrevendría!

 

 

 

 

 

 

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OSCAR PORTELA - LA CARRERA

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LA CARRERA
poema de OSCAR PORTELA

En mitad de la noche mi corazón se ahoga.
Y el indómito potro cae vencido por la ardiente
carrera que conduce hacia el alba. La muerte lo sorprende.

Y hay temblor en sus músculos cuando abre sus ojos a la oscura
tiniebla de los sueños. La razón apacigua la angustia de esperar
y consagrar la ostia que es misterio al olvido de duelos y doloras.

La síncopa se aleja.Y nuevamente entrega el noble músculo
al círculo vicioso de la noche para continuar remando
hacia un círculo incierto. ¿Adonde vamos Dios mío, adonde vamos?

La soledad en mitad de la noche aúlla como un lobo: es certeza
y es duda, es fría fuente, y es infierno esta ardiente carrera.

El polvo de los sueños que atraviesa la sístole se borra poco a poco.

¡Ah desbocado corazón, potro indomable sigue esperando pues
por la luz de aqueste amanecer aún remoto!


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NORBERTO SILVETTI PAZ - " ELEGIA I "

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"Jardines de Villa Borghese" 1901, óleo de Nicanor Piñole (España, Asturias, 1878-1978)

 

 

 

NORBERTO SILVETTI PAZ

 

ELEGIA I

                            (De “Ensayos elegíacos”, 1968)

 

En la penumbra de mi corazón

sólo tu nombre vela.

Abro las puerta, miro

el paisaje y el muro lejanísimo

que te separa de nosotros; tú,

que sin saberlo sustentabas

nuestro sentido, cruzas

la vaciedad del viento, la llanura

por la que rueda mi memoria.

 

Resquebrajada estatua soy.

En mitad de un sendero

circular va mi paso

ocupando su propia huella,

del ayer infinito

al futuro infinito,

comprobando

tu breve ausencia de la tierra,

del aire y de la historia

que en vano escribirán mañana

manos anónimas, el tiempo

 

Desde mi corazón miro hacia fuera

el compacto paisaje

de tu pasado -¡el mío!-:

cae en círculos

el polvo de los días,

y al fin me veo

en la remota tarde, caminando hacia aquí, mi presente,

donde mi corazón

anticipadamente triste

y solitario

de ti, ya  me esperaba.

 

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Carlos BOUSOÑO - LA CUESTION

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Luz y color, Joseph TURNER

 

LA CUESTION

 

                            (De “Las monedas contra la losa”,1973)

 

                                        A Vicente Puchol

 

 

Sí, lo sabemos: quieres hallar el secreto recinto,

el invulnerable reducto,

entrar por algún agujero al increíble espectáculo,

 penetrar en el laberinto, hallar el poderoso Centro.

Como un ladrón que robase la totalidad de la luz

hallar, como digo, el Centro poderoso, el absoluto Centro,

el Centro inmóvil de la tempestad que se mueve,

Centro donde nada se agita,

donde todo se absorbe, como e amor, y se detiene en

  Sí mismo,

no al borde de sí mismo, sino acabado y lleno,

rebosante como una copa de aparición,

como una enorme copa de manifestación que creciese,

como una ola que siguiese encrespándose más allá de

  los límites de su plenitud,

más allá de los horizontes de su posibilidad,

y siguiese creciendo después, allende los días y el

  espectáculo del exterminio, y el horrendo saber

  y el gozar y reconocerse perdido;

y siguiese creciendo en la duración sin memoria, hacia

  adentro, terrible,

como una cascada de perduración que cayese interior, un

  diluvio de bienestar,

una catarata de existencia sin fin que se desplomase,

  parada, hacia su mismo centro.

 

Ay, toda la cuestión es entonces entrar en el laberinto,

toda la cuestión se reduce a pasar.

Advertid que se trata tan solo de un acto de penetración,

un sencillo traslado; acaso baste con un gesto, con una

  idea feliz,

acaso sea suficiente con hallar en el pajar el aguja,

o el camino en el bosque o en el bosque

encontrar la salida

del agujero, dar con la clave del enigma,

la solución de la charada,

 

y descubrir el otro lado del abismo, el revés de la trama,

antes que se desgaste el tejido

bajo los dedos tanteantes…

 

 

Carlos Bousoño , Asturias , 1923, Premio Nobel de Literatura 1977

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