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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

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Continúa del artículo anterior

 

3.- La obra poética de Larrea.

Larrea es sobre todo un poeta, y la Poesía es el eje de su formación, visión histórica y teoría de la cultura, aunque el ejercicio del poema  abarque sólo una parte de su vida, entre 1919 y1932.   La obra poética publicada,  permaneció muchos años  desperdigada en distintas revistas y antologías,  hasta que fue reunida y traducida al italiano para su publicación  por el profesor Bodini  (Versione celeste, Einaudi, Turín, 1969), en edición que a su turno fue traducida  y editada por Luis Felipe Vivanco, en libro que editó  Carlos Barral  con el título Versión celeste (Barcelona , 1970); llevaba esta edición un  prólogo de su gran amigo Gerardo Diego y una introducción del curador,  Luis Felipe Vivanco.   Un prólogo breve del autor, fechado en Córdoba en 1966, ilumina la génesis de los poemas, escritos en su mayoría en francés.  Vivanco,  uno de los traductores junto con Gerardo Diego y Carlos Barral, anota que sobre 113 poemas,  90 han sido escritos en francés. Por eso habla de “un poeta español de lengua francesa”.

Robert Gurney ha estudiado esa producción poética  en su espléndido libro La poesía de Juan Larrea, cuya traducción del inglés al español se publicó en el País Vasco en 2001. Era  la tesis  doctoral de este poeta e investigador británico,  y recoge  investigaciones iniciadas en 1968, e incrementadas  con las entrevistas que el autor realizó en 1972 y 1973 al poeta bilbaíno, y  cartas posteriores. Esta obra es a mi juicio la más importante sobre la poesía de Larrea, juntamente con el libro de David Bary:   Larrea, poesía y transfiguración, y con trabajos de Cristóbal Serra publicados en compilaciones críticas.  Unos pocos trabajos más, algunos de ellos de autores argentinos que lo respetaron como Daniel Felipe Obarrio, Lila Perrén de Velasco, Osvaldo Pol o quien esto escribe,  completan la bibliografía sobre el autor, al menos la que me parece más próxima a su pensamiento.   

Gurney, al estudiar la poesía de Larrea con valiosas  calas de análisis e interpretación  de  sus textos ,   va revelando también las relaciones sucesivas del poeta con el ultraísmo – al que rinde culto con sus poemas  españoles del año 19  presentados por Gerardo Diego en las revistas Grecia (Sevilla) y Cervantes, (Madrid) - , luego  con el creacionismo, que incorpora deslumbrado  al conocer a Vicente Huidobro,  y con el surrealismo, dentro del  cual mantendrá una relación conflictiva.

Por mi parte agrego dos puntos, no suficientemente tratados todavía.  1) La relación de Larrea con el “esprit nouveau” planteado por el poeta Guillaume Apollinaire en las primeras décadas del siglo XX.  (Dentro de esa atmósfera espiritual cabe la conversión del poeta Max Jacob,  de quien dirá Alfonso Sola González: “he aquí el judío que veía la cara del Señor...”)  Apollinaire utilizaba ya la expresión sur-réalisme,  que debe ser traducida como Super-realismo,  más próxima del surnaturalisme  de Gerard de Nerval que del surréalisme de André Breton.  2) la existencia de un Surrealismo español, que ha sido poco estudiado,  y que registra un particular y  sorprendente  retorno a la fuente  religiosa, con toques mágico-realistas,  como puede verse en Dalí, Buñuel, Larrea, León Felipe. (Este giro podría ser estudiado también  en Vicente Huidobro, a partir de Altazor, y en novelistas americanos como Carpentier, Asturias y García Márquez.  Algo hemos trabajado en esta dirección. )

Un tema importante, tratado por David Bary, es el de la Luz psíquica, a la que llama Larrea “Luz de conciencia”; sería la luz del Evangelio de San Juan y de los místicos, también la luz de la pintura que hizo decir a Leonardo: La pintura es cosa mental. Anota Robert Gurney al respecto, que Apollinaire consideraba a la luz y el fuego como pertenecientes al hombre, en tanto que Larrea definía  a la luz como don divino.

David Bary conoció a Larrea, se interesó por su poesía,  y destacó su relación con las artes plásticas.   Esta relación desde luego se funda en la imagen, tan valorada por  el poeta-vidente,  que agrega a las  imágenes sensibles las  imágenes creadas o producidas internamente por la facultad imaginaria.  (No sería ahora el momento de explayarme en los matices que diferencian a la imagen creacionista, considerada como imagen autónoma, y la imagen super-realista de Larrea, incorporada a un trasfondo profético).  El poeta español recibió en Córdoba la visita de un genial estudioso de las artes, el inglés Herbert Read, con quien firmaron  en conjunto un  libro importante para la consideración de la pintura y la literatura, denominado Pintura actual (1965).

Larrea  considera que la pintura  y la poesía forman un solo lenguaje, se trata de lo translingüístico del lenguaje  (si se me permite diré que hemos hablado de ello  en nuestros libros  Hacia una crítica latinoamericana, Literatura y Hermenéutica   e Imagen y expresión ,no diré que impugnando la teoría saussuriana del signo pero sí considerándola  inadecuada para la consideración de la creación literaria, que funciona en otros niveles de sentido. De estos temas  también conversamos   con Juan Larrea, que en alguna oportunidad visitó, como lo hizo Manuel Gonzalo Casas, nuestras reuniones del CELA en Villa Allende.  No cito estos puntos por anecdotismo, sino porque hacen a la potencialidad epistemológica de la hermenéutica larreana. )

El poeta bilbaíno no estimaba mucho sus primeros poemas, que Gerardo Diego alcanzó a las revistas del ultraísmo: Grecia  (Sevilla) y Cervantes (Madrid).  El porqué de esta subestimación se halla en  su idea de que la poesía sólo es grande cuando el poeta ha alcanzado su autoconciencia plena y se ha  reconocido dentro de un Logos que supera el logos individual.  Es cuando logra  la “conciencia cósmica” cuando  el poeta se convierte en profeta,  el  que deja- hablar- a- otro- por- su- boca (profemí) y por esta operación trascendente se identifica con el destino de su pueblo y de su especie. No sé si Larrea leyó a Heidegger, pero por mi parte alcanzo a reconocer en su pensamiento poético  aquella  “patentización del Ser” que Heidegger encuentra en la poesía de Hölderlin.  La palabra poética, en esos momentos, pasaría de ser la mera efusión de los sentimientos personales a convertirse en  casa del Ser, el lugar donde el Ser se revela. 

 4.- Juan Larrea como hermeneuta bíblico. Rendición de Espíritu.

Decíamos que Juan Larrea tuvo  una formación e incluso una opción católica, pese a su rebeldía ante  las jerarquías de la  Iglesia. Le he escuchado más de una vez  hablar de ROMA  como el anagrama de AMOR, y de él aprendí el tema de Juan y Pedro, que ha sido tratado por muchos autores y pertenece a la tradición de la Iglesia.  Juan y Pedro representan en el mundo cristiano  dos perfiles, dos funciones distintas.   El apóstol judío Simón-Pedro, pescador de oficio,  es elegido por Jesús quien le dice: “Tú eres Pedro, piedra,  y serás la piedra sobre la cual edificaré mi  Iglesia”.  Por eso Pedro, que ocupa la cátedra vicarial de Cristo, preside la organización institucional  del Catolicismo, que significa universalismo, y acompaña  el destino histórico de Roma,  y  de  las naciones modernas  (aunque éstas  no hayan aceptado  incluir al cristianismo  en la Constitución de la Unión Europea). El Cristianismo también se extiende a América,  en sus dos vertientes, católica y reformada.  

 El apóstol Juan, que vivió sus últimos años en la isla de Patmos,  es un personaje menos visible,  y su función aparece como postergada hacia los últimos tiempos.  A él confía Jesús a su madre,  y está destinado a presidir una iglesia invisible, la iglesia mística.   Desde luego,  Juan Larrea apostaba a la iglesia de Juan, presidida por la Virgen María en representación del Verbo, tercera persona de la Trinidad, y preanunciaba el florecimiento de esta iglesia mística, vivificada por los poetas, en América.  

Sobre esta dualidad, espinosa por cierto en su aplicación a la Iglesia, tuve y tengo una posición más moderada que Larrea, y así se lo decía respetuosamente al maestro, que en todo era excesivo.  Por un lado, la Iglesia es la Iglesia de Jesús, y abarca tanto a Pedro como a Juan.  No sólo  han de sucederse sino que siempre existieron juntos: la Iglesia sostuvo  a  la Inquisición, que persiguió a los humanistas en su mayoría católicos pero también  judíos y  criptojudíos , en América. Pero la Iglesia incluye a esos humanistas, como asimismo a los místicos, y a los santos ,  a quienes podemos agregar otra comunidad no  rígida ni organizada, exaltada por Juan Larrea:   los poetas, esa iglesia espiritual formada por juglares, joculares, no sujetos a dogmas,  no reconocidos en el “mester de clerecía” y sin embargo actuantes en la comunidad,  guardianes de su destino espiritual. Es por la poesía que los hombres sostienen todavía una cultura y un destino no puramente materiales, utilitarios o técnicos.  El Espíritu sopla donde quiere. Esta convicción es muy fuerte en Larrea, y  consolida su visión permanentemente relacionante de poesía, historia y  religión.

Sobre este punto quiero añadir que, luego de haber leído Rendición de espíritu, obra a la cual me referiré, y de conversar sobre estos temas   que por otra parte han desarrollado otros autores religiosos, empecé a descubrir hondas resonancias del pensamiento de Larrea en obras como El camino de Santiago de Alejo Carpentier, y la novela Pedro Páramo de Juan Rulfo.   Consulté a Larrea sobre el particular y le di ocasión de explayarse en cartas que conservo y he publicado a medias.  Estimo que  Carpentier ha retomado el sentido judeocristiano de la Historia, agregando matices nietzscheanos y spenglerianos  sobre la decadencia de Occidente, y que Rulfo hace algo más que insinuar la caída de Pedro y la pervivencia de Juan en su famosa novela Pedro Páramo.  (Muchos me han escuchado exponer el tema en conferencias y seminarios pero me he resistido a publicarlo; me lo impedía el respeto que tengo por muchos hombres de la Iglesia, y la dificultad de explicar temas tan sutiles y delicados).  

En suma,  el poeta vasco-navarro  se movió siempre dentro de la tradición judeocristiana, aún acusando facetas críticas hacia los dogmas o las organizaciones. Gerardo Diego,  que fue su amigo y compañero de los cursos de hebreo y de latín en la Universidad de Deusto,   decía de él : “Larrea me superaba totalmente en cuanto a la fe cristiana.”  

Larrea se dedica tempranamente  a la lectura bíblica,  y la historia se convierte también para él,  en un texto a ser descifrado a la luz de las Escrituras.   Los textos bíblicos de los profetas, así como el texto del Apocalipsis de San Juan pasan a ser sus lecturas predilectas.

Con relación a la posición hermenéutica  de Larrea, mal comprendida por ciertos analistas, y por aquellos que pedían su destitución,  traeré brevemente la opinión de un profesor de la universidad de Duke, Marcos Canteli, quien escribe el artículo  “ Larrea: una utopía melancólica”. Desconcertado ante el pensamiento del poeta,  Canteli  llama “utopía melancólica” a lo que considera una mezcla de posición reaccionaria y postura utópica, mostrando gran desconocimiento  de la tradición simbólica judeocristiana y de toda tradición religiosa o teológica.   Por supuesto juzgada desde la izquierda, la utopía sería un bien del socialismo, olvidándose que es en el judeocristianismo donde arraiga la concepción teleológica de la Historia con una forma determinada, que llegaría a su cumplimiento histórico y transhistórico en el final de los tiempos. Y dejándose  de lado que Sir Thomas More, santo y mártir cristiano, inventó la palabra Uthopy,  el no-lugar, para  designar oblicuamente a América, de donde venían las noticias de Vespucci mediatizadas por el personaje de su obra, el marinero Hythtloday.   América estaba lejos de ser  el no-lugar, aunque el humanista la llamara así eludiendo a los inquisidores; por el contrario, para los humanistas América era el lugar, el buen lugar  (por eso en nuestros trabajos propusimos el nombre de eutopía). Se  olvida también que Hegel, el mayor filósofo de la Historia con que ha contado Occidente, despliega su sistema de ideas sobre este telón cultural de fondo.

Canteli , como otros,  ignora todo esto.  Se apoya en otro crítico que se ha ocupado de Larrea,  Díaz de Guereñu, para afirmar que hay en Larrea un intento desesperado de recomponer el fracaso de la República española mediante el recurso a su aplicación en nuevas tierras.  Por su parte José Luis Abellán habría calificado al de Larrea como “pensamiento delirante”, calificación que no rechazo aunque doy al delirio la significación positiva que le otorga María Zambrano.  Canteli,  que no me parece nada relevante sino que lo he tomado como ejemplo de particular incomprensión, acusa a Larrea de haber pasado del plano conceptual al plano mítico.  Y efectivamente así es. El  hombre religioso vive una atmósfera intramítica,  como lo vemos en movimientos típicamente  religiosos al modo del Islam, y  esto se cumple también dentro del cristianismo, pero con una gran diferencia: la tradición de Cristo hace lugar al libre pensamiento,  y esto es escándalo para los  fanáticos,  que llegan  a considerar al cristianismo como una religión de débiles (Nietzsche) y en otros casos son inducidos  a deserciones como la de René Guénon  a favor del islamismo.  

Por último Canteli identifica al mito con el pensamiento reaccionario, apuntando al carlismo, el franquismo, el conservadurismo (y podríamos aumentar la nómina con movimientos políticos de signo religioso surgidos  en América Latina.  Si alguien quisiera ahondar en este tema, le recomendaría las obras de Jacques Lafaye, quien después de un primer libro en que considera a la Virgen de Guadalupe como un instrumento de dominación - típica lectura marxista-  concede en otras  publicaciones, un especial valor histórico a los movimientos mesiánicos y religiosos de América Latina).

La consideración más elemental de qué cosa sea la hermenéutica supone un conocimiento del contexto cultural en que adquiere plena  significación el texto estudiado; quien ejerce tal hermenéutica ha de ubicarse en esa perspectiva, o al menos compartir mínimamente  sus presupuestos y premisas, con  respeto hacia ellas.  Larrea jamás podría ser tomado como un defensor del franquismo, al que otorgaba un carácter demoníaco representado por la guardia mora del caudillo:  veía  en este  movimiento una proximidad  al nazismo, al que también adjudicó el símbolo de la media luna. 

Para Larrea, La espada de la Paloma era una de sus obras más importantes. Según su valioso exégeta Cristóbal Serra, se trata de una requisitoria contra la Iglesia de Pedro.  Sostiene que el Apocalipsis – obra aceptada en España como canónica antes de serlo en Roma – es un texto que, sin perder su carácter simbólico permanente, habría sido redactado contra el Obispo de Roma y en el tiempo de la crisis de Corinto.  Allí Clemente el Romano habría recurrido al ejército para sofocar una rebelión de jóvenes diáconos, y desde allí la Iglesia se habría transformado en una Iglesia Romana, que según Larrea desplazó el Evangelio,  condenó por herético al milenarismo, y desplazó a la mística.  

Larrea no se pronunció sobre el origen ibérico de los hebreos, como lo hiciera  Oscar Ladislav de Lubicz-Milosz, pero sí esperaba y  afirmaba la conversión del pueblo judío en el final de los tiempos.

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

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Conferencia dictada por la Dra. Graciela Maturo en Códoba, Argentina, el 30 de marzo de 2012:

 

1 PARTE

 

El destino de América en la mirada profética de Juan Larrea.

Conferencia de Graciela Maturo en el Centro Cultural de España.

 Córdoba, 30 de marzo de 2012.

Agradezco la invitación de Eugenia Cabral quien,  con el auspicio del Centro Cultural de España y de la Universidad Nacional de Córdoba,  ha organizado este justo e impostergable Homenaje a Juan Larrea; según creo,   el primero que se le hace en el país.  Por tal razón, y por el respeto que siempre he guardado por el  poeta español  que vivió y murió en esta ciudad,  no podía excusarme de venir a traerles modestamente  mi palabra, en  la que intentaré volcar mi conocimiento personal del amigo,  y las motivaciones que me hacen impulsar el homenaje.  Luego  de evocar mi encuentro personal con el poeta,  intentaré desplegar algunos aspectos de su vida,  su  trayectoria poética,  su  labor hermenéutica y profética – poco comprendida en ciertos momentos y aún hoy en los ámbitos universitarios -  antes de centrarme en su visión de  América y su decisiva valoración de la misión del poeta.

1.- Mi encuentro personal con el poeta Larrea. . Ante todo diré que descubrí la existencia de Juan Larrea a través de su obra Rendición de Espíritu, en el Instituto de Lenguas  y Literaturas Modernas de la Universidad Nacional de Cuyo, en Mendoza, donde trabajé  a partir de 1958, como  Ayudante Diplomada de Investigación.   Leí esos dos volúmenes  - que me esperaban intonsos -  con deslumbramiento y pasión,  descubriendo a la par a un poeta-vidente  de excepcionales condiciones, y a un hermeneuta que aplicaba a la Historia misma su capacidad revelatoria.  Debo decir que ambos  mensajes  - el sentido de la poesía y  el destino de América-  entrelazados por   una mirada profética,  me marcaron para siempre, tiñendo todo mi quehacer,  ya iniciado entonces  como poeta, americanista y estudiosa de las letras. Pido perdón por esta referencia personal pero es imposible obviarla si quiero explicarles  mi inmediata visita a  Larrea,  a la que siguieron otras hasta el año de su muerte, a la par que mi correspondencia con él acerca de temas que otros consideran delirantes,  y en fin, mi pretensión de continuar de algún modo al  Instituto del Nuevo Mundo a través del Centro de Estudios Latinoamericanos que fundé en Buenos Aires en  1970.  En la actualidad, el Centro de Estudios Poéticos “Alétheia”, y el  Aula “María Zambrano” en la Universidad de La Plata, prolongan  esa fe en la poesía y en la figura misional  del poeta. Hasta aquí la ineludible referencia a mi condición amical y discipular con relación al maestro, lo cual no significa negar  algunos matices que me diferencian de él.  

2.- Noticia sucinta sobre vida y obra de Juan Larrea.  

Será preciso recordar algunos datos de la biografía del poeta. Juan Larrea nació en Bilbao el 13 de marzo de 1895, en un hogar de perfil católico y conservador.  Su madre era navarra, y según Larrea los navarros eran los más católicos de España. El padre era librepensador, y  un  típico conservador, rentista, cuya herencia le venía de  un  abuelo que había hecho fortuna en América.  Dos hermanas de Juan se hicieron monjas, y otro hermano jesuita;  la madre quiso inclinar a su hijo Juan  al sacerdocio, y él estaba “du côté de sa mère” según lo dice  en carta a Robert Gurney.

Hay un episodio de su infancia  sobre el cual el propio Larrea llama la atención en esas cartas.   Entre los 4 y los 7 años fue enviado por sus padres a Madrid a casa de  su tía Micaela, hermana de su padre. Este hecho  tuvo gran importancia en la formación afectiva del niño, que guardó un vínculo muy fuerte  con  Micaela Larrea; ella  vino a encarnar a la Amada, sublimando la idea de la Poesía y convirtiéndose en símbolo de su  vida espiritual.

Finalizados los  estudios de bachillerato,  Larrea cursó la carrera de Letras en la Universidad de Deusto – donde conoció a su amigo Gerardo Diego-  y luego perfeccionó sus estudios en Salamanca. En Madrid hizo la especialidad de  bibliotecario y archivero, que le permitió ingresar en 1921 en el Archivo Nacional, donde fue jefe de la sección de Órdenes Militares.   Debajo de estas funciones  tan alejadas de la poesía latía sin embargo  la inquietud del creador, que lo llevó a pedir la “excedencia” en el cargo para establecerse en Paris. El encuentro con César Vallejo fue decisivo en la publicación de una pequeña revista titulada Favorables Paris Poema. (1921)

En 1926, ya casado con mujer francesa,  viajó  al Perú  iniciando una relación con América que tendría más tarde consecuencias  de peso en su vida y obra.  Este viaje, de corta duración, lo puso en contacto con la cultura del Cuzco, donde reunió una valiosa colección  de antigüedades incaicas que luego fueron exhibidas en Francia y en España, donde ahora se encuentran.  Anotemos que entre el 26 y el 32 se extiende lo fundamental de la obra poética de Larrrea, luego abandonada. 

En 1936 se instala en París, exiliado como otros intelectuales durante la Guerra Civil.  Su exilio continúa a la caída de la República,  en 1939 : viaja a  México, donde fundó, con José Bergamín y Josep Carner, la “Junta de Cultura Española” y dirigió la revista España Peregrina.  Desaparecida esta publicación, promovió  con otros escritores la creación de la  célebre revista Cuadernos Americanos y poermaneció hasta 1949.  Estos diez años de su estadía mexicana   fueron especialmente fecundos en la trayectoria de Larrea, y le dieron oportunidad de alternar con valiosos escritores e influir en ellos, como consignaré después.  A esta etapa pertenecen importantes trabajos como Rendición de Espíritu (1943)  y El surrealismo entre Viejo y Nuevo Mundo (1944).  En Nueva York publica en inglés su estudio sobre el Guernica de Picasso (1947).

En 1949 se trasladó por varios años a los Estados Unidos  con el apoyo de la Beca Guggenheim, y luego de la Fundación Bollingen,  para continuar sus investigaciones. Publica en Lima, en 1952, La Religión del lenguaje español.

 En 1956  - año de nuevas publicaciones: La espada de la Paloma y Razón de ser, ambas en  México ,  vino a la Argentina, invitado por Víctor Massuh a la Universidad Nacional de Córdoba, donde fundaría el “Instituto del Nuevo Mundo” y su  principal organismo, el “Aula Vallejo”, con la revista de igual nombre.  Entre las publicaciones de ese tiempo destaco César Vallejo o Hispanoamérica en la cruz de su Razón (1958), Corona Incaica (1960),  Pintura actual , en colaboración con Herbert Read (1964),   Teleología de la Cultura (1965) , y   Del Surrealismo a Machupichu  (1967).  Estos dos últimos títulos no fueron publicados en Córdoba sino en México.

Los años de Larrea en Córdoba,  y esto debe decirse, no fueron siempre tranquilos.  Vivía en el Barrio Jardín Esìnosa, donde lo he visitado hasta el mismo año de su muerte, y luego del accidente aéreo sufrido por su hija y  el esposo, en 1961, debió hacerse cargo de su nieto Vicente al que crió, y el cual según he sabido acaba de morir hace pocas semanas.   Pero me refiero a otro tema,  las agresiones y desvaloraciones sufridas a manos de ciertos grupos. Después de 1964, año de la visita de Herbert Read y de cierto apogeo del Instituto, empezó el ataque desconsiderado de colegas  que no entendían ni aprobaban la actividad universitaria de Larrea.  Impugnaban su permanencia en la Universidad de Córdoba. El poeta, con quien he conversado largamente sobre estos temas, me dio nombres y apellidos que por prudencia no repetiré,  pero sin duda muchos de Ustedes los conocen. Fue en respuesta a esas agresiones que Larrea escribió Teleología de la cultura, un breve opúsculo que puso en mis manos  en el año 65:  tal escrito comienza  con el tono de una  defensa personal,   y va desplegando una visión completa de su labor.

Juan Larrea falleció en Córdoba el   9  de julio de 1980. En l982 se editó en España, `por la Editora Nacional,  una compilación de 6 ensayos que habían sido publicados antes en forma de opúsculos o libros, con título brindado por el autor, que es un verso de Rubén Darío: Torres de Dios, poetas.  Sus obras – integradas por buena cantidad de artículos y ensayos en revistas - siguen sin ser reeditadas  y, mucho menos, estudiadas y comprendidas en nuestras universidades.  En mi entender, la Universidad de Córdoba tiene el débito  de constituirse en editora de sus Obras Completas.

 

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ALEJANDRA PIZARNIK-LA JAULA- A la espera de la oscuridad

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ALEJANDRA PIZARNIK (Bs.As.,1936-1972)

 

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LA JAULA 

Afuera hay sol.
 
No es más que un sol
 
pero los hombres lo miran
 
y después cantan.
 

Yo no sé del sol.
 
Yo sé la melodía del ángel
 
y el sermón caliente
 
del último viento.
 
Sé gritar hasta el alba
 
cuando la muerte se posa desnuda
 
en mi sombra.
 

Yo lloro debajo de mi nombre.
 
Yo agito pañuelos en la noche y barcos sedientos de realidad
 
bailan conmigo.
 
Yo oculto clavos
 
para escarnecer a mis sueños enfermos.
 

Afuera hay sol.
 
Yo me visto de cenizas.
 

 

 

 

  ( "La última inocencia, 1956")

A LA ESPERA DE LA OSCURIDAD

Ese instante que no se olvida
Tan vacío devuelto por las sombras
Tan vacío rechazado por los relojes
Ese pobre instante adoptado por mi ternura
Desnudo desnudo de sangre de alas
Sin ojos para recordar angustias de antaño
Sin labios para recoger el zumo de las violencias
perdidas en el canto de los helados campanarios.

Ampáralo niña ciega de alma
Ponle tus cabellos escarchados por el fuego
Abrázalo pequeña estatua de terror.
Señálale el mundo convulsionado a tus pies
A tus pies donde mueren las golondrinas
Tiritantes de pavor frente al futuro
Dile que los suspiros del mar
Humedecen las únicas palabras
Por las que vale vivir.

Pero ese instante sudoroso de nada
Acurrucado en la cueva del destino
Sin manos para decir nunca
Sin manos para regalar mariposas
A los niños muertos

 

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Salvador DALÍ - CRISTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ -

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SALVADOR DALI

 

CRISTO DE SAN JUAN DE LA CRUZ (1951)

 

Cristo Dalí

 

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GIOTTO DI BONDONE " EL BESO DE JUDAS"

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GIOTTO DI BONDONE (Florencia, 1266-1337)

 

EL BESO DE JUDAS

 (Capilla de los Scrovegni, Padua)

 

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GIOTTO DI BONDONE "LA ULTIMA CENA"

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LA ULTIMA CENA 

 (Capilla de los Scrovegni, Padua)

 

 

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DYLAN THOMAS- No entres dócilmente en esa noche quieta

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DYLAN THOMAS (Gales, 1914-1953)

 

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(*)

A la muerte del padre

 

NO ENTRES DOCILMENTE EN ESA NOCHE QUIETA


No entres dócilmente en esa noche quieta
Que delire la vejez y se queme al cabo del día,
Brama contra la agonía de la luz e impreca.


Aunque el sabio sepa cerca del fin de la justa tiniebla,
Pues su palabra no trinchaba rayo alguno, pedía:
No entres dócilmente en esa noche quieta.

Lloran los buenos tras la última ola y destellan
Sus frágiles actos que danzaran en verde bahía,
Brama contra la agonía de la luz e impreca.


Salvajes que cazaron y cantaron al sol en su carrera,
Tarde advierten lo que han hundido en su penosa vía,
No entren dócilmente en esa noche quieta.


En la muerte ven los graves con mirada ciega
Y los ojos ciegos que ardieran cual meteoros y fueran aún
(alegría
Brama contra la agonía de la luz e impreca.


Y tú, padre mío, allí en alta tristeza,
Maldice, bendíceme con tus lágrimas, todavía.
No entres dócilmente en esa noche quieta.
Brama contra la agonía de la luz e impreca.

(Trad. Martín Valiente - Alejandro Drewes)

 

(*) “Monje frente al mar” Caspar Friedrich



DO NOT GO GENTLE INTO THAT GOOD NIGHT



Do not go gentle into that good night,
Old age should burn and rave at close of day;
Rage, rage against the dying of the light.

Though wise men at their end know dark is right,
Because their words had forked no lightning they
Do not go gentle into that good night.

Good men, the last wave by, crying how bright
Their frail deeds might have danced in a green bay,
Rage, rage against the dying of the light.

Wild men who caught and sang the sun in flight,
And learn, too late, they grieved it on its way,
Do not go gentle into that good night.

Grave men, near death, who see with blinding sight
Blind eyes could blaze like meteors and be gay,
Rage, rage against the dying of the light.

And you, my father, there on the sad height,
Curse, bless, me now with your fierce tears, I pray.
Do not go gentle into that good night.
Rage, rage against the dying of the light.

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ISABEL LLORCA BOSCO - ECOS -

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ISABEL LLORCA BOSCO ( Bs.As.)

 

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ECOS

…si hasta cuando dormía me heriste con tu sueño
como un haz de mañana en una pieza a oscuras,
como un pañuelo florecido en despedida
por la presión flotante de los aires.
Respiración, susurros –sólo yo debía oírlos–
iban haciéndose palabras, fragancia umbría, fronda
en la impiedad solitaria de la siesta;
y ahora son esta brisa
que con su fresca pared empuja despacito,
entreabre mi piel y la despierta y la aturde de verano.
Como estoy cara al sol, mi sombra se hace cóncava
por capturar el mundo traspasado por voz:
los zumos vegetales, las regiones de agua tibia y salada,
el lento avance gris de los inviernos fluyendo transformados
por esas redes otra vez tendidas
y el inquieto ramaje de tu pelo
como un árbol dorado, fluctuando, por escapar de la memoria.
Tengo en el cuerpo prisionero al mar
y es mi jaula la tierra –con ser el mar mayor–
y el verso que sembraste surge ahogado
como aquel pez que está saliendo de las aguas.
Enloquecida de ecos voy y vuelvo:
Eco está condenada, Eco no puede
expresar el amor. Y cuanto más se aleja más se cerca,
encerrada en el reflejo de aquel canto.
Y no es sólo la espuma de tu voz que se levanta y palidece
en la marea que ha invadido una y otra vigilia,
es un pueblo de voces apagadas que se van encendiendo
en el país oscuro de la sangre,
es la raíz marina y diminuta que en cada lágrima florece.
Y no poder vaciarme de los deseos ajenos
por no perder el eco, ni la sombra, ni el nombre.

 

(Poema inspirado en su madre Delfina  Bosco, hermana del poeta Eduardo Bosco)

 

 (*) “Alegoría de la Poesía”- Rusiñol

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CELIA CLARA FISCHER - DUDAS-

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CELIA CLARA FISCHER (Bs.As.)

 

 

 

  

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(*)

DUDAS

 

A la altura de los balcones llenos de polvo
las hojas de los árboles se mecen,
aunque tal vez no es así, 
porque entre el balcón y yo
hay una cortina opalescente.
Pienso que si puedo descorrerla
podré ver con claridad esos árboles
y, en lugar de fresnos,
comprobaré que son pinos romanos
elevados en el borde de las colinas,
hieráticos,
esperando que el sol decline
con temblor de nervios de la loba.
                   Mientras esto sucede,
prometo no olvidar
la columna donde estoy apoyada
cuando cae la tarde
sobre la iglesia de Constantino.
Si recorro la distancia hacia el balcón
veré los gorriones columpiarse
piando sobre el ruido de la ciudad.
                   Mas, heme aquí,
con el sabor de un caramelo,
dejando que la carga del alma avance
y deforme 
el espacio en el que recompongo
la última palabra, 
porque he visto morir a un poeta
en los techos de Nueva York.


(De: De Secretos y Volcanes - 2001)



(*) J. TURNER ,"Storm sea with Blazing wrek"

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José LEZAMA LIMA - MUERTE DE NARCISO -

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JOSE LEZAMA LIMA (La Habana, Cuba 1910-1976)

 

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 (*)

MUERTE DE NARCISO

 

Dánae teje el tiempo dorado por el Nilo
envolviendo los labios que pasaban
entre labios y vuelos desligados.
La mano o el labio o el pájaro nevaban.
Era el círculo en nieve que se abría.
Mano era sin sangre la seda que borraba
la perfección que muere de rodillas
y en su celo se esconde y se divierte.

Vertical desde el mármol no mirabauerte
la frente que se abría en loto húmedo.
En chillido sin fin se abría la floresta
al airado redoble en flecha y muerte.
¿No se apresura tal vez su fría mirada
sobre la garza real y el frío tan débil
del poniente, grito que ayuda la fuga
del dormir, llama fría y lengua alfilereada?

Rostro absoluto, firmeza mentida del espejo.
El espejo se olvida del sonido y de la noche
y su puerta al cambiante pontífice entreabre
Máscara y río, grifo de los sueños.
Frío muerto y cabellera desterrada del aire
que le crea, del aire que le miente son
de vida arrastrada a la nube y a la abierta
boca negada en sangre que se mueve.

Ascendiendo en el pecho sólo blanda,
olvidada por un aliento que olvida y desentraña.
Olvidado papel, fresco agujero al corazón
saltante se apresura y la sonrisa al caracol.
La mano que por el aire líneas impulsaba
seca, sonrisas caminando por la nieve.
Ahora llevaba el oído al caracol, el caracol
enterrando firme oído en la seda del estanque.

Granizados toronjiles y ríos de velamen congelados,
aguardan la señal de una mustia hoja de oro,
alzada en espiral, sobre el otoño de aguas tan hirvientes.
Dócil rubí queda suspirando en su fuga ya ascendiendo.
Ya el otoño recorre las islas no cuidadas, guarnecidas
islas y aislada paloma muda entre dos hojas enterradas.
El río en la suma de sus ojos anunciaba
lo que pesa la luna en sus espaldas y el aliento que en halo convertía

Antorchas como peces, flaco garzón trabaja noche y cielo,
arco y cestillo y sierpes encendidos, carámbano y lebrel.
Pluma morada, no mojada, pez mirándome, sepulcro.
Ecuestres faisanes ya no advierten mano sin eco, pulso desdoblado:
los dedos en inmóvil calendario y el hastío en su trono cejijunto.
Lenta se forma ola en la marmórea cavidad que mira
por espaldas que nunca me preguntan, en veneno
que nunca se pervierte y en su escudo ni potros ni faisanes.

Como se derrama la ausencia en la flecha que se aísla
y como la fresa respira hilando su cristal,
así el otoño que en su labio muere, así el granizo
en blando espejo destroza la mirada que le ciñe,
que le miente la pluma por los labios, laberinto y halago
le recorre junto a la fuente que humedece el sueño.
La ausencia, el espejo ya en el cabello que en la playa
extiende y el aislado cabello pregunta y se divierte.

Fronda leve vierte la ascensión que asume.
¿No es la curva corintia traición de confitados mirabeles,
que el espejo reúne o navega, ciego desterrado?
Ya sólo cae el pájaro, la mano que la cárcel mueve,
los dioses hundidos entre la piedra, el carbunclo y la doncella.
Si la ausencia pregunta con la nieve desmayada,
forma en la pluma, no círculos que la pulpa abandona sumergida.

Triste recorre - curva ceñida en ceniciento airón -
el espacio que manos desalojan, timbre ausente
y avivado azafrán, tiernos redobles sus extremos.
Convocados se agitan los durmientes, fruncen las olas
batiendo en torno de ajedrez dormido, su insepulta tiara.
Su insepulta madera blanda el frío pico del hirviente cisne.
Reluce muelle: falsos diamantes; pluma cambiante: terso atlas.
Verdes chillidos: juegan las olas, blanda muerte el relámpago en sus venas.

Ahogadas cintas mudo el labio las ofrece.
Orientales cestillos cuelan agua de luna.
Los más dormidos son los que más se apresuran,
se entierran, pluma en el grito, silbo enmascarado, entre frentes y garfios.
Estirado mármol como un río que recurva o aprisiona
los labios destrozados, pero los ciegos no oscilan.
Espirales de heroicos tenores caen en el pecho de una paloma
y allí se agitan hasta relucir como flechas en su abrigo de noche.

Una flecha destaca, una espalda se ausenta.
Relámpago es violeta si alfiler en la nieve y terco rostro.
Tierra húmeda ascendiendo hasta el rostro, flecha cerrada.
Polvos de luna y húmeda tierra, el perfil desgajado en la nube que es espejo.
Frescas las valvas de la noche y límite airado de las conchas
en su cárcel sin sed se destacan los brazos,
no preguntan corales en estrías de abejas y en secretos
confusos despiertan recordando curvos brazos y engaste de la frente.

Desde ayer las preguntas se divierten o se cierran
al impulso de frutos polvorosos o de islas donde acampan
los tesoros que la rabia esparce, adula o reconviene.
Los donceles trabajan en las nueces y el surtidor de frente a su sonido
en la llama fabrica sus raíces y su mansión de gritos soterrados.
Si se aleja, recta abeja, el espejo destroza el río mudo.
Si se hunde, media sirena al fuego, las hilachas que surcan el invierno
tejen blanco cuerpo en preguntas de estatua polvorienta.

Cuerpo del sonido el enjambre que mudos pinos claman,
despertando el oleaje en lisas llamaradas y vuelos sosegados,
guiados por la paloma que sin ojos chilla,
que sin clavel la frente espejo es de ondas, no recuerdos.
Van reuniendo en ojos, hilando en el clavel no siempre ardido
el abismo de nieve alquitarada o gimiendo en el cielo apuntalado.
Los corceles si nieve o si cobre guiados por miradas la súplica
destilan o más firmes recurvan a la mudez primera ya sin cielo.

La nieve que en los sistros no penetra, arguye
en hojas, recta destroza vidrio en el oído,
nidos blancos, en su centro ya encienden tibios los corales,
huidos los donceles en sus ciervos de hastío, en sus bosques rosados.
Convierten si coral y doncel rizo las voces, nieve los caminos,
donde el cuerpo sonoro se mece con los pinos, delgado cabecea.
Mas esforzado pino, ya columna de humo tan aguado
que canario es su aguja y surtidor en viento desrizado.

Narciso, Narciso. Las astas del ciervo asesinado
son peces, son llamas, son flautas, son dedos mordisqueados.
Narciso, Narciso. Los cabellos guiando florentinos reptan perfiles,
labios sus rutas, llamas tristes las olas mordiendo sus caderas.
Pez del frío verde el aire en el espejo sin estrías, racimo de palomas
ocultas en la garganta muerta: hija de la flecha y de los cisnes.
Garza divaga, concha en la ola, nube en el desgaire,
espuma colgaba de los ojos, gota marmórea y dulce plinto no ofreciendo.

Chillido frutados en la nieve, el secreto en geranio convertido.
La blancura seda es ascendiendo en labio derramada,
abre un olvido en las islas, espada y pestañas vienen
a entregar el sueño, a rendir espejo en litoral de tierra y roca impura.
Húmedos labios no en la concha que busca recto hilo,
esclavos del perfil y del velamen secos el aire muerden
al tornasol que cambia su sonido en rubio tornasol de cal salada
busca en lo rubio espejo de la muerte, concha del sonido.
Si atraviesa el espejo hierven las aguas que agitan el oído.
Si se sienta en su borde o en su frente el centurión pulsa en su costado.
Si declama penetran en la mirada y se fruncen las letras en el sueño.
Ola de aire envuelve secreto albino, piel arponeada,
que coloreado espejo sombra es de recuerdo y minuto del silencio.
Ya traspasa blancura recto sinfín en llamas secas y hojas lloviznadas.
Chorro de abejas increadas muerden la estela, pídenle el costado.
Así el espejo averiguó callado, así Narciso en pleamar fugó sin alas.

 

(Publicado en "MUERTE DE NARCISO",Antología Poética Alianza

Editorial, Madrid, 1988)

 *("Metaformosis de Narciso", S. Dalí, 1937)

 

Etiquetado en POESIA, Lezama Lima, José

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