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Aldo NOVELLI - hablar del río

Publicado en

ALDO NOVELLI ( Neuquén) 

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 (*)

hablar del río
(Limay, reflejo de agua clara)

el río siempre me habló.


de chico
lata oxidada de duraznos
larga tanza y plomada
me regalaba viscosos pescados/
truchas de ojos fijos y aletas azules.
me contaba historias de hombres viejos
en precarios botes de madera
que por las noches buscan
en esos reflejos de luna
peces ilusorios como las estrellas.

cuando adolescente
le relataba mis penas de amor
y él me ofrendaba bellas sirenas
de rostro oscuro y ojos rasgados.
ahora/ un adulto sin cielo
que aún persigue la utopía
de una tierra de hombres libres/
en este tiempo donde el mundo
se ha vuelto veloz y furioso/
ciertas noches de creciente
camino hasta el río
a contarle el dolor por mis hijos/
y él me calma
narrándome una líquida fábula
del pez luminoso del devenir.

cuando ya sea viejo
iré lentamente hasta su ribera
le haré la última pregunta al río
y me hundiré en sus aguas
a nadar junto a los peces
con mis ojos fijos y los labios azules.-

   (*) Imagen del Río Limay (Neuquén) enviada por ALDO NOVELLI

 

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ENRIQUE MOLINA - SIERVA DIFUNTA -

Publicado en

ENRIQUE MOLINA (Bs.As., 1910-1997)

 

 

 

SIERVA DIFUNTA

 

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La agazapada en su altillo

En lo más pálido de las cosas el largo crujido

de la soledad hasta sus caderas al abrigo de una pobre frazada

            En una tierra demasiado vasta revelada por el silencio.

Con lugares perdidos llenos de rostros que el amanecer

exorciza

            Cuando ella limpia una vez más

            La sangre de bronce de las gárgolas y las pesadillas de

la casa

 

            Día tras día fue y subirá de nuevo esfinge estéril hasta

esa humedad de pesebre donde el alba gotea

            El viento soplando en la profundidad de sus senos entre

las tablas

 

            De su habitación irreversible disuelta en grandes pol-

varedas de provincia

            Una liebre de ojos escarlata salta fuera del tiempo

sobre la hierba de su infancia

            Idénticas presencia y memoria:

            Cuchillos y caballos de un pueblo de arena amarga

donde picotean las gallinas

            La estampa del cantor en el muro los esteros natales y

el prendedor de lata con el vidrio de sus joyas

            Y ese olor a polvos ordinarios y a pelambres de la sies-

ta en la humildad de sus hechizos resignados

            -Oh! un reino en la lluvia!-

            Todo ese oscuro deseo sin novela ni contagio

            En su isla con su zurcido de naúfrago apenas su hambre

incierta en el océano

            De patios y escobas y utensilios de la vajilla en torno al

cetro pálido de su alma

 

            Hermana de la sirvienta de Baudelaire bajo las alas

de cualquier cementerio

            La mujer coagulada entre el negro paréntesis de sus

trenzas que la encierran como la geología

            Idéntica presencia y memoria

            El balanceo ritual de su carne el temblor de su ser

antaño entre los órganos

            Y su desamparado delantal azul de cocina de la muerte

con su victoria de huesos que centellean en sus largas piernas

bajo la tormenta.

 

            Pero desde ese verano terrible desde los pedruzcos tras

el sombrío caparazón de sus reliquias

            Algo irradia sin embargo

            En las desembocaduras de la tierra sin saber por qué

pasajera inmensa y misteriosa

            Hacia qué piedad de fuego

            Hasta dejar tan lejos ese pájaro solitario que queda de

pronto inmóvil en el viento

 

            Y entonces con una blanca máscara de plomo en donde

el tiempo se extravía

            Ajenos desde tanto sus muslos a todo amante estreme-

ciéndose con las hojas y ya fuera de esa alquimia

            De labios que se devoran

            Su existencia entera es filtrada a través de las mucosas

de la noche las sábanas impregnadas por su cuerpo denso

            Con un sollozo de adiós

            De intercesora entre el sol y la tumba –oh¡ pobre

mía!- hasta desaparecer

Junto a su trapo de piso donde latía el cáncer

A su balde ahora lleno de agua negra y eterna.

                      

  (De “Las bellas furias”, 1966, publicado en la Antología de la Poesía

 Argentina, Raúl Gustavo Aguirre, Ediciones Librerías Fausto,1979)

 

(*) “Cabeza de Mujer llorando con pañuelo III”, Pablo Picasso, 1937

 

 

 

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Norma PÉREZ MARTÍN - NOTICIAS -

Publicado en

NORMA PEREZ MARTIN (Bs.As.)

 

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(*)

NOTICIAS

 

El infierno se instala

en cada página

y tu curiosidad

abre el instante gris

sobre tus huesos

como un hormiguero reventado

después de la tormenta.

Los hombres dinamitaron el canto

y bajan las aguas del siglo

hacia la electrónica

que alucina cadáveres.

El laberinto se complica

en los periódicos:

crecen los basurales

en los territorios donde

soñábamos verdes paraísos.

El suplemento infantil te predispone

a la humorada

pero la violencia de los supermanes

congela la esperanza en la historieta.

Allí, junto a tu lámpara,

la última estrella se consume.

 

  ( de "Aquí me quedo", 1982, publicado en "POESIA", Norma Pérez Martín,

selección 1963-2003, VINCIGUERRA, colección metáfora, Bs.As., 2004)

  (*) Improvisación , KANDISKY

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Jorge Luis BORGES - EL ÁNGEL -

Publicado en

JORGE LUIS BORGES ( Bs.As., 1899-Ginebra 1986)

 

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 (*)

EL ÁNGEL

 

Que el hombre no sea indigno del Ángel
cuya espada lo guarda
desde que lo engendró aquel Amor
que mueve el sol y las estrellas
hasta el Último Día en que retumbe
el trueno en la trompeta.
Que no lo arrastre a rojos lupanares
ni a los palacios que erigió la soberbia
ni a las tabernas insensatas.
Que no se rebaje a la súplica
ni al oprobio del llanto
ni a la fabulosa esperanza
ni a las pequeñas magias del miedo
ni al simulacro del histrión;
el Otro lo mira.
Que recuerde que nunca estará solo.
En el público día o en la sombra
el incesante espero lo atestigua;
que no macule su cristal una lágrima.

Señor, que al cabo de mis días en la Tierra
yo no deshonre al Ángel.

 

 (De "La Cifra, 1981")

 (*) Giotto- Detalle, Capilla Scrovegni 

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JUAN L. ORTIZ - [Sí, mis amigos, allí en esos rostros...]

Publicado en

JUAN L. ORTIZ (Entre Ríos, Argentina, 1896-1978)

 

 

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[SI, MIS AMIGOS, ALLÍ EN ESOS ROSTROS…]

 

Sí, mis amigos, allí en esos rostros, está el rostro.

El rostro que en la noche, en medio de la tempestad, entre

            relámpagos,

en medio del martirio, con la sonrisa última muchas veces,

algunos entrevieron y saludaron como un alba.

La poesía también fue, la poesía también es, un llamado en

            la noche,

tímido o firme, pero un llamado hacia ese rostro.

Acaso la belleza esté allí. Estamos seguros de que la belleza

            está allí.

En ese resplandor que casi vuelve imprecisos los rasgos.

Sin velos. Como la luz de las aguas y de las flores en un puro

            mediodía.

O como la del corazón que ha encontrado su centro.

Y las manos, ah, las manos que sufrieron las cadenas y

            sangraron, las manos,

son aquellas, sí, aquellas que allá tejen la guirnalda del sueño

a lo largo de la tierra en la casa común.

Veis los dedos ahora finos afiebrados en torno de los tallos

            y de los pétalos,

y de los pulsos precisos, y sobre las “páginas que defienden

            su blancura”,

y sobre los silencios, tantos silencios, que luego han de cantar?

Veis el gesto abierto hacia la colina que despierta como

            como una novia o como una hija?

Veis el gesto desvelado sobre el paisaje de las infinitas

            respuestas

en la escala toda, relativa, del vértigo?

Pero veis sobre todo, pero sentís sobre todo,

que por las manos ahora fluye, recién fluye, la corriente,

la clara, la profunda corriente en que la criatura puede

            mirarse de veras y ver el infinito?

 

Sí, mis amigos, allí en esos rostros, está el rostro.

La belleza está allí, nuestra belleza.

 

 

 

De “El álamo y el viento”, 1947

Publicado en Antología de la Poesía Argentina, Raúl G. Aguirre,

Ediciones Librerías Fausto, Bs. As., 1979

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VICENTE HUIDOBRO -El pasajero de su destino -

Publicado en

VICENTE HUIDOBRO (Chile, 1893-1948)

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El pasajero de su destino
I
Es así como somos
Y como nos paseamos hoy sobre la tierra
Precedidos por los ruidos de nuestros antepasados
    y seguidos por el dolor de nuestros hijos
Aferrados a nuestra edad y cantando cuando las rocas
    lloran la muerte de un velero que han preferido sin
    razón alguna
O tal vez porque lo vieron jugar en su infancia
O porque era hermoso todo lleno de viento viniendo
    del país del viento
No tenemos miedo cuando el viento arranca las
    palabras de nuestra garganta
No tenemos miedo de las ballenas ni de todos esos
    monstruos que tienen más envergadura que una
    campanada
No tenemos miedo de inclinarnos sobre vuestras
    canciones de las cuales pueden saltar un géyser
    amenazador y el vértigo infinito de las brumas
No tenemos miedo del más allá que se agita como un
    mudo el más allá que va a saltar sobre nuestra razón
Y de ese frío lúcido que vela sobre la constelación
    de nuestras inquietudes
Más absurdo que el muerto que han enterrado con la
    mitad de una carta en el cerebro
Con una palabra fabulosa en medio de la lengua
Con un gran rostro entre dos hilos
    de lágrimas al fondo de sus ojos
Esos ojos que se convertirán en tiernos guijarros sobre
    los caminos del más allá
Todo esto es útil para la formación de la superficie
Para el interés del fuego impaciente en el fondo
    de su antro
Y debemos señalar su trabajo y elogiar su ley

Es tarde en todos los rincones del mundo
Es tarde y el tarde va a hundirse en el mar
Sin soltar el timón del horizonte
Porque él es el jefe único él guarda el secreto
Él puede levantar el brazo y desatar de la muerte el
    cadáver reciente
Ahora que tú tiemblas como el mar
El horizonte va a hundirse para siempre
Ahora que la selva se pasa al enemigo
Lánzate sobre el mar
Separando las olas como el cadáver separa la eternidad

Hombre tú ves que el mar se amalgama y tienes miedo
Tú bien podrías saltar por encima de la conflagración
    de mentiras unánimes
Invade el terreno sideral sin vacilar
Invade los países del loco que te desprecia y te mira
    con la parte inferior de su alma
Proclama tu importancia a la tribu sometida que
    empieza a aparecer en el fondo del cielo

II
La tierra está en fiebre a causa de los cantos seculares
    de los pájaros
Es el despertar inútil de la tribu iluminándose a cada
    paso
El mar lava sus olas sus olas que deben suavizar el
    mundo
Y esparcir sus caricias hasta la extinción de la comarca
Es probable que vayan a pulir el cielo como la proa de
    un gran navío
Tal vez envejezcan antes que los árboles obsesionados
    por fantasmas después de medianoche
Los árboles sin suerte los árboles perdidos como el
    abuelo que trata de salir de nuestra profundidad
Y hacer gestos de ausencia en el vacío
He aquí el acontecimiento abrupto después de la
    perdición
He ahí la habitual desdicha del que no puede detener
    los ríos
Y debe llorar sus muertes como las montañas
En vano él quisiera cerrar el mar
Mañana las espumas emitirán un pensamiento nuevo
Harán coronas brillantes para mi corazón capaz de
    rodar como vuestros mejores veleros
La catástrofe memorable huye sin esperar el resultado
Se hunde a velas desplegadas en las aguas antiguas
Sin siquiera mirar al rey a la deriva que ha olvidado
    las maniobras de excepción
He visto como nadie surgir bajo mis pies la abierta
    soledad
Y he sentido en mis ojos el sobresalto estelar
El tal vez idéntico a los parajes desconocidos
La lejanía sin solución

El sitio de la altura en donde alguien ha dejado la
    huella de sus pies
La punta extrema del árbol en donde empieza el infinito
Y el mar a lo lejos como el terror de la noche
Silencio os suplico silencio
Hay un sueño que pasa entre los hombres
Hay un sueño en marcha entre los hombres y los
    presagios
Tenemos sed de un sitio sin inquietud y sin cálculo
En donde el demonio de la tempestad tendrá los ojos
    marchitos y los cabellos cortados
Silencio te suplico
Mira pasar la nave hipnotizada de mi alma
Arrastrando una larga barba de agua
Mira esa estrella en el fondo del cielo
Esa estrella que se aleja con todos sus marineros

III
Es preciso arrojar los números y seguirlos con
    nuestros ojos
Verlos tomar su puesto buscar la elevación injusta del
    humo
O bien caer al fondo de la memoria
Te digo que no hay que dejarse enrollar por el viento
Que es necesario llamar a la puerta del torbellino
Nunca debes huir al acercamiento del horror
    ni de la simple novia que canta la alegría de
    sus arterias
Ningún abismo debe perturbar el reír de tus dientes
    heroicos
Ningún aliento debe empañar el metal de tu alma
Ni remecer tus edificios internos
Quiero verlos brillar siempre con el mismo fósforo del
    tiempo
Encima del ala viril inmovilizada a causa de su blancura
No esperes ese encuentro prometido en los profundos
    terciopelos eternos
Es preciso cubrir el naufragio bajo un edredón de lana
Es preciso saludar los oráculos del mar
Encadenar el paraíso bajo el fuego de nuestra voz
Devolver nuestro corazón a su tienda
No queremos reparticiones gratuitas antes de la vida
Es preciso tapar el naufragio con un corcho cualquiera
Olvidar el vuelo de las manos desesperadas
No hay circunstancias atenuantes para el cielo
Yo no quiero resbalar sobre las nubes ni caer en trampas
    tendidas por el enemigo que no se nombra
Que la muerte desesperada aúlle y que lance su
    simiente
Que tambalee entre las piedras de sus abismos
Que divida los hombres
Que divida los hombres digo en rangos de sombra y
    de luz
La insinuación del misterio
La alternativa de dos orillas a escoger
Tampoco así me verás temblar
He aquí el polo sin fin he aquí el mar
He aquí el naufragio bajo una tapa de metal
El naufragio es el plato del cielo
No me verás temblar
Ni aun al ras de la medianoche definitiva
De esa virginal medianoche de todo hombre que nos
    espera a la orilla de nosotros mismos
De esa última medianoche que recae a veces con la
    quilla en el aire
No me verás temblar
Muy al contrario meceré las sombras en torno mío
Prepararé yo mismo el viento que deba empujarme
El gran viento solitario que quiere abrazar el destino
Tras de la postrera roca en donde se aferra la última
    sirena fatigada bajo el peso de sus cabellos sonoros

He aquí la roca sombría o primer semáforo del infinito
    irresistible sólo semejante a los ojos del vértigo
He aquí erguida la roca tenebrosa como la estatua del
    destino
Más allá está la zona sin frente ni cuerpo
La zona amarga como el viento después del rayo
La zona vacía en donde una pluma planea desde el
    principio del mundo
En donde todo se sepulta y se disuelve en el espesor
    de un manto irrisorio que cubre a los mendigos
    cósmicos
Los mendigos en agonía milenaria que se arrastran
    atados por la ley de las alucinaciones buscando una
    evidencia

 

(De “Últimos poemas”. Luego de su muerte, en 1948, su hija Manuela publica con

este título varios poemas inéditos.)

Publicado en Antología Poética, Vicente Huidobro, Selección y prólogo de Oscar Hahn,

Editorial Universitaria, Chile, 1997

 

(*) Viajero frente al mar- Friedrich, Caspar

 

 

 

 

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LAURA VERA - "Estallo en relámpagos...

Publicado en

 

LAURA VERA (Nació en Usuahia -Vive en Bs.As)

 

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 Estallo en relámpagos pequeños

como rocío o gotas de la espuma

de un mar embravecido

me atajo en piedra arena o árbol

casi no importa el escenario

son los lados distintos de lo mismo

La luz atraviesa

loba en la orca

o zorra entre las lengas

o gaviota costera o garza en la laguna

o en el cristal del hielo

y me dejo caer

una en el río

y voy y vuelvo

plena en el amor que entrego

y en las manos de luz

que me acarician

 

 (de "Picada del Deseo", Ediciones LAINE,Usuahia, 1995)

 

 

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PIER PAOLO PASOLINI - LA RIQUEZA -

Publicado en

  

PIER PAOLO PASOLINI ( Italia, 1922-1975)

 

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LA RIQUEZA

 

He aquí estos tiempos recreados por la fuerza

brutal de las imágenes asoladas:

aquella luz de tragedia vital.

Las paredes del proceso, el prado

del fusilamiento: y el fantasma

 lejano, en derrededor, del suburbio

de Roma blanqueando en una luz desnuda.

Los disparos: nuestra muerte, nuestra

supervivencia: sobrevivientes, van

 los muchachos en toro a los palacios lejanos

en el acre olor de la mañana. Y yo,

en la platea de hoy, tengo una víbora

en las vísceras, que se retuerce: y mil lágrimas

afloran en cada punto de mi cuerpo,

desde los ojos a las yemas de los dedos,

del pecho a la raíz de los cabellos:

un llanto desmesurado, porque brota

antes de ser comprendido, precediendo

casi al dolor. No sé por qué herido

por tantas lágrimas atisbo

a ese grupo de muchachos que se aleja

en la acre luz de una Roma ignota,

que sobrevive con toda la estupenda

alegría de blanquear la luz:

llena de su inmediato destino

de una posguerra épica, de los años

breves y dignos de una entera existencia.

Los veo alejarse: y es bien claro

que, adolescentes, toman el camino

de la esperanza, en medio de los escombros

absorbidos por un blancor que es vida

casi sexual, sagrada en sus miserias.

Y su alejarse en la luz

me hace contraer ahora de llanto:

¿Por qué? Porque no había luz

en su futuro. Porque había este

cansado recaer, esta oscuridad.

Son adultos, ahora: han vivido

esa su horripilante posguerra

de corrupción absorbida por la luz,

y están en torno a mí, pobres hombres

de los que todo martirio ha sido inútil,

siervos del tiempo, en estos días

en que se despierta el estupor doloroso

de saber que toda aquella luz,

por la que vivimos, fue solamente un sueño

injustificado, no objetivo, fuente

ahora de solitarias, vergonzosas lágrimas.

 

(Publicado en  “Biblioteca Básica Universal”,Centro Editor de América Latina

1982, Traducción Rodolfo Alonso)

 

(No dispongo del texto en italiano)

 

 

 

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Luis Alberto SPINETTA - BolsoDios - Cisne -

Publicado en

LUIS ALBERTO SPINETTA (Bs.As.,1950-2012)
BolsoDios

Todas las cosas que se pierden,
las tiene en un bolso Dios...
y todas estas estrellas amarillas,
están para una sola función...
Y nadie se escribe el destino...
y todas las cosas que conozco,
se parecen al cielo...
todas las cosas que conozco,
se parecen al cielo...
Toda mariposa que se atrapa,
se transforma en piel...
piel que no es nada más que un pálpito...
en procura de un vuelo de elevación...
y nadie se escribe el destino (oh)
y todas las cosas que te veo,
se parecen a un niño...
todas las cosas que te veo,
se parecen a un niño...
todas las cosas que conozco,
se parecen al cielo...
Donde la mañana transtornada,
con su pulso aterrador...
va llevando masas muertas de hombres...
a un trabajo sin razón...
y las calles viruladas,
con su eterna colisión...
van dejando en las almas,
el abismo...
Todas las cosas que se encuentran,
pertenecen a un planeta enorme...
y todas las moradas en la tierra,
están para una misma diversión...
y nadie se inventa el destino...
y todas las cosas que te veo,
se parecen a un niño...
todas las cosas que te veo,
se parecen a un niño...
y todas las cosas que conozco,
se parecen al cielo...
Donde las nubes reviradas,
de patético esplendor...
van cegando las ideas,
de un cerebro sin amor...
y el poder con sus miserias...
y su reino de dolor...
va llevando nuestras almas,
al deslinde...
Muchos de los hombres en rama,
se venden en un kiosco de fé...
fé que se despreocupa de la vida,
y asciende con su autoelevador...
hasta que nadie consigue ya encontrarse...
y todas las mañanas veo luces,
que parecen de tu cielo...
¡Oh, amor, amor, amor,
amor de mi vida...
oye el reclamo de las aves...
por encima del humo del mundo !!!
Todas las cosas que se pierden,
las tiene en su bolso Dios...
y todas estas estrellas amarillas,
están para una sola función...
y nadie se inventa el destino...
y todas las cosas que conozco,
se parecen al cielo...
todas las cosas que conozco,
se parecen al cielo...
y todas las cosas que te veo,
se parecen a un niño...

 

   (De “PAN”)

CISNE

 


quedó vacío el aire
una vez más,
y el manantial brotó
y nadie está aquí,
y puedo ver,
que solo estallan las hojas al brillar,
y se produce en esto tanta luz,
que ni las piedras ocultan,
su vida para mí...
y parecen dormir,
y puedo ver,
que solo estallan,
las hojas al brillar,
y ya no hay nada que decir,
así refleja el cisne así,
el agua en sus alas...
y ya no hay nada que decir,
así refleja el cisne así,
el agua en sus alas...
En el valle y en el sol,
hay una mancha,
que responde por tí,
todo es uno y es mil a la vez,
la condición de sentir,
casi todo sin decir...
y ya no hay luna,
ni dolor en mí...
y la arboleda,
susurra su canto desigual,
y parece callar,
y sin embargo,
una visión atraviesa mi cuerpo...
y ya no hay nada que decir,
así refleja el cisne así,
el agua en sus alas...
por fin...
Y algo precipita que lo veas todo...
siempre así,
y no podré olvidar la lucidez ( ah ! )
lo que en mi alma ,
se transformará,
y mientras tanto,
en silencio aprenderé,
que hoy el viento se abrió,
quedó vacío el aire,
una vez más...
y el manantial brotó,
y nadie está aquí,
y puedo ver,
que solo estallan las hojas al brillar...
y ya no hay nada que decir,
así refleja el cisne así,
el agua en sus alas...
no hay nada que decir,
no hay nada que decir,
así refleja el cisne así,
el agua en sus alas...

 

(De “Para los árboles”)

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PABLO NERUDA -Caballo de los sueños -

Publicado en

PABLO NERUDA (Chile, 1904-1973)

 

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(*)

CABALLO DE LOS SUEÑOS 

 

Innecesario, viéndome en los espejos
con un gusto a semanas, a biógrafos, a papeles,
arranco de mi corazón al capitán del infierno,
establezco cláusulas indefinidamente tristes.

Vago de un punto a otro, absorbo ilusiones,
converso con los sastres en sus nidos:
ellos, a menudo, con voz fatal y fría
cantan y hacen huir los maleficios.

Hay un país extenso en el cielo
con las supersticiosas alfombras del arco iris
y con vegetaciones vesperales:
hacia allí me dirijo, no sin cierta fatiga,
pisando una tierra removida de sepulcros un tanto frescos,
yo sueño entre esas plantas de legumbre confusa.

Paso entre documentos disfrutados, entre orígenes,
vestido como un ser original y abatido:
amo la miel gastada del respeto,
el dulce catecismo entre cuyas hojas
duermen violetas envejecidas, desvanecidas,
y las escobas, conmovedoras de auxilios,
en su apariencia hay, sin duda, pesadumbre y certeza.
Yo destruyo la rosa que silba y la ansiedad raptora:
yo rompo extremos queridos: y aún más,
aguardo el tiempo uniforme, sin medidas:
un sabor que tengo en el alma me deprime.

Qué día ha sobrevenido! Qué espesa luz de leche,
compacta, digital, me favorece!
He oído relinchar su rojo caballo
desnudo, sin herraduras y radiante.
Atravieso con él sobre las iglesias,
galopo los cuarteles desiertos de soldados
y un ejército impuro me persigue.
Sus ojos de eucaliptos roban sombra,
su cuerpo de campana galopa y golpea.

Yo necesito un relámpago de fulgor persistente,
un deudo festival que asuma mis herencias.

 

(De “Residencia en la Tierra”, 1 (1925-1931), Editorial Losada, Bs.As., 1958)

(*) "Caballo," Franc Marc

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