CESARE PAVESE (Italia, 1908-1950)
POÉTICA
El muchacho se ha dado cuenta de que el árbol vive.
Si las tiernas hojas se abren a la fuerza
una luz, rompiendo despiadadas, la dura corteza
debe sufrir bastante, pero vive en silencio.
Todo el mundo está lleno de plantas que padecen
en la luz y no se oye ni siquiera un suspiro.
Es una tierna luz. El muchacho no sabe
de dónde viene, es tarde ya; mas cada tronco surge
sobre un mágico fondo. Al momento oscurece.
El muchacho –algunos siguen siendo muchachos
demasiado tiempo- que temía a la oscuridad,
va por la calle ajeno a las casas que oscurece
el crepúsculo. Inclina la cabeza escuchando
un recuerdo remoto. En las calles desiertas
como plazas se acumula un silencio pesado.
El caminante podría estar solo en un bosque
donde fuesen enormes los árboles. La luz
con un escalofrío recorre los faroles. Las casas
deslumbradas emergen tras la niebla azulina
y el muchacho levanta la mirada. El silencio remoto
que anudaba el aliento al caminante, ha florecido
en la luz imprevista. Son los antiguos árboles
del muchacho. Y es la luz el encanto de entonces.
Y comienza, en el diáfano círculo, alguien
a pasar en silencio. Por la calle ninguno
muestra nunca la pena que le muerde la vida.
Van de prisa, cada uno como absorto en el paso
y oscilan grandes sombras. Tienen rostros surcados
y dolientes ojeras, pero nadie se queja.
Toda la noche, en medio de la luz azulada
van, como en un bosque, entre las casas infinitas.
Septiembre 1935
(de “POEMAS INEDITOS POEMAS ELEGIDOS” Cesare PAVESE, Traducción Horacio ARMANI, Ediciones Librerías Fausto, Bs. As., 1975)
POETICA
Il ragazzo s'è accorto che l'albero vive.
Se le tenere foglie si schiudono a forza
una luce, rompendo spietate, la dura corteccia
deve troppo soffrire. Pure vive in silenzio.
Tutto il mondo è coperto di piante che soffrono
nella luce, e non s'ode nemmeno un sospiro.
E' una tenera luce. Il ragazzo non sa
donde venga, è già sera; ma ogni tronco rileva
sopra un magico fondo. Dopo un attimo è buio.
Il ragazzo - qualcuno rimane ragazzo
troppo tempo - che aveva paura dei buio,
va per strada e non bada alle case imbrunite
nel crepuscolo. Piega la testa in ascolto
di un ricordo remoto. Nelle strade deserte
come piazze, s'accumula un grave silenzio.
Il passante potrebbe esser solo in un bosco,
dove gli alberi fossero enormi. La luce
con un brivido corre i lampioni. Le case
abbagliate traspaiono nel vapore azzurrino,
e il ragazzo alza gli occhi. Quel silenzio remoto
che stringeva il respiro al passante, è fiorito
nella luce improvvisa. Sono gli alberi antichi
del ragazzo. E la luce è l'incanto d'allora.
E comincia, nel diafano cerchio, qualcuno
a passare in silenzio. Per la strada nessuno
mai rivela la pena che gli morde la vita.
Vanno svelti, ciascuno come assorto nel passo,
e grandi ombre barcollano. Hanno visi solcati
e le occhiaie dolenti, ma nessuno si lagna.
Tutta quanta la notte, nella luce azzurrina,
vanno come in un bosco, tra le case infinite.