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ABARIA, Amalia Mercedes -El Musgo y la Calma-

Publicado en

ABARIA, AMALIA MERCEDES (Bs.As.)

 

 

 

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 (*)

 

EL MUSGO Y LA CALMA

 

Solo, en la penumbra,

el sobreviviente del mar

tiende su planicie verde

sobre la larga pétrea

y descansa

 

Cómodo en el muro

instala sus vegetaciones

                                de orden

                                y constancia

y como el antiguo reptil

que lo horadaba,

ama la húmeda

                     colonia de la sombra.

 

 

En espera silente,

                     busca en el cielo

el ángel de la lluvia

y su médula seca, entonces,

bebe el diminuto manantial

pasivamente

 

Es bueno sentir

                           su presencia

compañía de la calma

y el silencio.

 

Pisadas ausentes, a veces

lastiman ese pequeño, gran mundo

                                        esparcido 

o un caballo, también,                                       

roza la frágil, fina capa

                       de verde, verde musgo

 

¿Hay lágrimas,

en los pequeños filidios?

 

 

Todos hemos pisado,

                                  alguna vez,

el tendido musgo,

                                 nuestra calma.

 

 

Amalia M. Abaria   

 

(*) Pintura china    

 

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RICARDO MOLINARI - I - No sé si cantando...

Publicado en

RICARDO MOLINARI (Bs.As.1898-1996

 

 

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 (*)

I

 

No sé si cantando se seca el viento
o la voz pierde su humedad. Cuando pienses
que nadie entiende nada, y por qué vuelvo al Sur;
y que hay personas que miran la poesía
como un tiempo perdido, igual que a una barba

griega.
(Si ellos vieran la sombra debajo de un farol, mutilándose
como una ballesta, y a cada uno de nosotros
en su lucha
por salvarse del odio.)

Mañana cuando vuelva el aire
a cernirse sobre las flores, sobre las altas paredes
que custodian el mundo,
y los ángeles regresen cansados a sus árboles;

Después de querer ordenarnos sin pan;
cuando el horizonte cante debajo del cielo
y haya hombres que bailen alegres, juntando los

 brazos vertiginosos,
y las aves del mar se quejen y vuelen alrededor de los

 mástiles,
yo pensaré: oh, mi hogar del Sur, al Oeste de un río,
y gozaré memorias agradables. -Alguna vez,
el olvido también correrá sobre el mar,
y mi tierra irá callada hacia la otra tierra sin esperanza,
y yo no sé si seré feliz.
Quien no haya oído nunca el viento lamentarse
el viento,

en el hielo,
no sabe lo que es el recuerdo. Yo tengo los labios
húmedos de mirar por una ventana.
El olvido debe ser igual a la pampa;
así como un paseo concluido o una cabellera
que ha quedado reposando sobre el polvo.
Una rama de naranjas tiene el día,
para el que pierde el aliento:
¡quién me pintará a mí una rosa en la más densa y alta oscuridad!
Espada o fresnos, montes de agua, mi soledad es tan

 parecida al frío ,
que ya no tengo sed. (Mañana podría cambiar todo:

 la gimnasia. Vivir.
¡Si uno pudiera vivir de nuevo el día
pleno, sin hierros!)
Yo tengo un gran deseo en la garganta
-nostalgia o viento-
clamor que se endurece: ser otra persona,
playa que no quiere ser escuchada.
Víspera sin memoria,
luna sin agua.

 

De “Hostería de la rosa y el clavel”, 1933, publicado en

“Mundos de la Madrugada”,1943, Editorial Losada,Bs.As.

 

(*) La pampa, Eduardo Sívori, 1902

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MAXIMO SIMPSON - HARTURA - ATMOSFERA 1-

Publicado en

MAXIMO SIMPSON (Bs.As.)

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(*)

HARTURA 

Me perturba esta dádiva incierta

de mi cuerpo trajeado,

Que me lleva a la calle, al almacén,

al cine, al velatorio.

Me cansan estos ojos que no ven el reverso,

la simiente maligna que acecha en los rosales.

Es que estoy hasta el cuello de estar equivocado,

de no saber por qué, cuándo ni cómo

he caminado a tientas hasta mi edad nocturna,

a tientas, sin veredas, por atajos

de cielo sol y bruma indescifrable.

 

ATMOSFERA 1

 

Qué hora diminuta,

qué incorpóreo decurso,

de lado, lateral.

 

Es un día de nadie,

la hora desoída

por árboles oscuros, indecisos.

 

(De “A fin de cuentas”, Ediciones Del Arbol,

Bs.As., 2008)

(*) “Senecio”, Paul Klee

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W.S.MERWIN - La habitación - Abril -

Publicado en

William Stanley MERWIN (N.York 1927)

WSMerwin[1] 

 

LA HABITACION

 

Yo pienso que  todo esto debe estar

Dentro de mí, en algún lugar…

La fría habitación, sin luz, antes del alba,

Una quietud como a la espera de la muerte

Y en un rincón el aletear

De un pájaro que intenta

Volar, de tanto en tanto

Breves latidos en la sombra:

Dirías que agoniza –es inmortal-

 

 

THE ROOM

 

I think all this is somewhere in myself

The cold room unlit before dawn

Containing a stillness such as attends death

And from a corner the sounds of a small bird trying

From time to time to fly a few beats in the dark

You would say it was dying it is immortal

 

 

ABRIL

 

Cuando hayamos partido

La piedra dejará de cantar

 

Abril abril

Se hunde a través de la arena de nombres

 

Los días por venir

Sin estrellas ocultas en  su azul

 

Tú que puedes esperar

Estar ahí

 

Tú que nada has perdido

Nada sabes

 

 

APRIL

 

When we have gone the stone will stop singing

 

April  April

Sinks thorough the sands of names

 

Days to come

With no stars hidden in them

 

You that can wait being there

 

You that lose nothing

Know nothing

 

Traducción: Pablo Anadón

 

(Publicados en revista FENIX, 13, “Ediciones del Copista”

2003, Córdoba, Argentina)

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ALBERTO GIRRI -Si ellos, si esos locos...

Publicado en

ALBERTO GIRRI (Bs.As., 1919-1991)

 

 

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SI ELLOS, SI ESOS LOCOS…

 

Los negligentes,

cuya falta de solicitud ignora

lo que la oreja debió oír  y no oyó,

serán apaleados;

puesto que nos movemos hacia la corrupción

-dirán los realistas del tiempo-,

a su manera ellos son coherentes

en el descuido, en la promiscuidad

de virtud y vicios, dolor y frutos.

 

Los solitarios,

fanáticos e impunes en su ambición

de eliminar el hambre y la sed

por desconfianza de una carne

que es verdaderamente comida,

de una sangre

que verdaderamente es bebida,

tendrán conciencia de su estado,

y las raíces olvidadas, las hojas

que cayeron de sus secos días,

les invaden el reducto,

y entre el aullido

de la compañía que desecharon

gritarán por auxilio; qué desconcierto,

necesitarlo y no saber cómo se pide.

Zozobran

pero no quieren entregarse,

y musitan con esfuerzo el ruego:

 

            Que lo hayamos tocado

            y rechazado

            será otra vez certeza;

            que nos duela,

            que quede en nosotros.

 

Los que presumen de novedades

balanceándose en antojos y jactancias,

serán interrumpidos, velados,

notarán con estúpida sorpresa

que sus apuestas fueron vanas

y la presunción pérdida continua.

Como un picotazo,

como el aletear de buitres

sobre el humo de su incienso,

quitándoles el habla,

enmudeciendo sus fantasías,

así les llegará el impacto.

 

Son los tres poderes negativos

Y sus consecuencias;

Si ellos, si esos locos

Quisieran repudiarlos, liberarse,

abriendo las ventanas hallarían

al que puede acompañarlos

junto al plátano de la pureza,

en el camino de cipreses con el suave aroma

asistiendo a los huesos.

Si encontraran energía para hacerlo

encontrarían su designio,

la purgación

del laberíntico rostro del yo.

 

(De “La penitencia y el mérito”, 1957), publicado en "ALBERTO GIRRI",

Centro Editor de América Latina, Bs.As., 1967)

 

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ROBERT DESNOS-Identidad de las imágenes -

Publicado en

ROBERT DESNOS (París, 1900- Campo de concentración de Theresienstadt, 1945)

 

 

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Identidad de las imágenes

 

 

Lucho furiosamente contra animales y botellas
Desde hace poco tiempo quizá diez horas una después de otra
La hermosa nadadora que tenía miedo del coral esta mañana
                                                                                                         se despierta
El coral coronado de acebo llama a su puerta
¡Ah! otra vez el carbón siempre el carbón
Te conjuro carbón genio tutelar del sueño y de mi soledad
                                 déjame déjame seguir hablando de la hermosa nadadora
                                 que tenía miedo del coral
No dictamines más sobre este tema seductor de mis sueños
La hermosa nadadora descansaba en un lecho de encajes y
                                                                                                           de pájaros
Los vestidos sobre una silla al pie del lecho iluminados por  los fulgores
                                                                                      los últimos fulgores del carbón
Llegado éste de las profundidades del cielo de la tierra y del mar
                                      estaba orgulloso de su pico de coral y de sus grandes
                                                                                                                   alas de crespón
Durante toda la noche él había seguido divergentes entierros hacia
                                                                                              cementerios suburbanos
Había asistido a bailes en las embajadas y dejado su rastro en una hoja de helecho
                                                                                    de los vestidos de raso blanco
Se había erguido terrible en la proa de los navíos y los navíos
                                                                                                            no habían vuelto
Ahora agazapado en la chimenea acechaba el despertar de la espuma
                                                                                                        y el canto de las marmitas
Su paso resonante había turbado el silencio de las noches en las calles
                                                                                                            de adoquines sonoros
Carbón sonoro carbón amo del sueño carbón
Ah dime ¿dónde está la hermosa nadadora que tenía miedo del coral?
Pero precisamente la nadadora se ha vuelto a dormir
Y me quedo frente a frente con el fuego y me quedaré toda la noche para
                                                  interrogar al carbón con alas de tiniebla que insiste
                                                  en proyectar sobre mi camino monótono   la sombra
                                                  de su humareda y el reflejo terrible de sus brasas
Carbón sonoro   carbón despiadado   carbón.

 (De"Corps et Biens", 1930 )
Versión de Aldo Pellegrini

(*)  W. Kandinsky

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ALBERTO GIRRI- EL COMPUTO -

Publicado en

ALBERTO GIRRI (Bs.As,. 1919-1991)

 

EL COMPUTO

 

¿ES UN TRIUNFO, RAZON,

olvidar la bienventuranza

de sentirse con pavor,

y acceder a que una paz cerrada,

una seguridad de granito,

nos enseñen a expresarnos

lanzándonos con retos

contra el daño como puro daño

y el desasosiego y las vigas

que obstruyen nuestros ojos?

 

¿Puede hacernos fecundos

el apretar los dientes y tragar

los contagios y asociaciones

en el maltrecho, cotidiano jardín

que la muerte estimula,

vil certeza de arbustos,

de lombrices y perros furiosos,

y teros y grillos denunciando

al prójimo indigno de amistad

que vuelve por amparo?

 

¿Ganaremos el albergue

la plenitud conjunta

del Sacrificado y del Redimido,

con la fusión de los opuestos,

el epíteto que es voto de amor

y las voces que han de pudrirse,

el apremio de las penitencias

y el pasar infructuosamente?

 

Estas complejidades sobrevienen

tras seis días de derrumbe

y el séptimo dedicado al balance,

porque somos malos pagadores

y el alma, hasta, vacila ante su panal,

y la cizaña oculta a la flor.

 

(de "La penitencia y el mérito" 1957, publicado en POEMAS ELEGIDOS,

Editorial Losada S.A. Bs.As.,1965)

 

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

Publicado en

Continúa

 

7- La misión del poeta en la crisis terminal de la Historia.

Para finalizar,  puede decirse que la Poesía es el núcleo central del pensamiento de Larrea, pero también que ese núcleo es inseparable de la vida del Espíritu, y que esa vida para Larrea no es abstracta sino permanentemente encarnada en la historia de los hombres. La Poesía-Espíritu , en el tiempo actual, se habría encarnado en América (Andrés Bello lo había pedido y anunciado en sus Odas)  como concreción de una etapa totalmente nueva, consistente en la llegada  final de los hombres a su origen y destino de trascendencia.  En este pensamiento augural confluyen la palabra poética, la Historia y la Religión, sin distinción de fronteras.

 Larrea es el anunciador de un tiempo absolutamente nuevo para la humanidad, y ese tiempo tiene su centro en América, justificándose así plenamente su denominación de Nuevo Mundo. No está solo en esta profecía, lo acompañan grandes poetas como Darío, Lugones, Huidobro, Marechal, Lezama Lima a los que cabe agregar a los grandes novelistas que he mencionado, y también algunos ensayistas, entendiendo que la poesía  no es cuestión de género poemático. 

A cada paso Larrea reafirmaba su fe en el ya iniciado  advenimiento de la Era del Espíritu, que anunciara Joaquín de Fiore.  Y a la  vez su fe inquebrantable  en el lenguaje poético como revelación de esa nueva etapa. 

En la anunciación, concreción y comprensión de esta última  instancia del destino humano adquiere una significación misional el poeta, que vuelve a ser el profeta  de la tradición bíblica.  Al referirse a su compatriota y amigo  León Felipe, en el artículo recogido por la compilación Torres de Dios, poetas (1982) Larrea dice algunas palabras que pueden ser aplicadas a él mismo. No es en la filosofía ni en las obras literarias modernas donde ha de hallarse la fuente de la poesía augural de León Felipe, sino en los profetas bíblicos: Elías, Jeremías, Isaías, Job,...León Felipe no representa al Antiguo ni al Nuevo Testamento, sino al Testamento del Espíritu transmitido por España al Nuevo Mundo. Hoy- sigue Larrea -  se está viviendo ese tiempo predestinado para establecer la comunicación definitiva del Creador y las  criaturas en el espacio del Ser Absoluto. Es la hora de revelar ante una humanidad materialmente mecánica y corpuscularizada al infinito,  peculiar del homo  faber y sin Esencia común, el otro Orden hoy marginado y soberanamente superior de Realidad, que en su entendimiento sapiencial  incluya a todos cuantos hablan.”

El poeta español  no renegó de Occidente, el país de la tarde;  es más, consideró a España- cruza de Oriente y Occidente- como el pueblo  destinado a ejercer una importante conexión de índole óntica y suprahistórica:   traspasar al Nuevo Mundo nada menos que el Espíritu,  -representado por  el idioma español y por  la  simbólica religiosa,  en particular por la figura de María como representación del Espíritu.  El Surrealismo, a su turno, como movimiento visionario,  era valorizado como nexo entre mundos, pero lo era especialmente, como hemos dicho, en su fase de Surrealismo español, del cual él mismo  se sentía integrante.   

Se hace  evidente en su pensamiento la importancia misional del poeta para una etapa  espiritual, y salvífica que ya daba por comenzada, aunque los  signos de renovación no fuesen  todavía plenamente reconocibles  en medio de la dispersión de la cultura.

Ellos, los poetas,  seguirían siendo los heraldos de la Luz.  

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

Publicado en

continúa del anterior

 

7- La misión del poeta en la crisis terminal de la Historia.

Para finalizar,  puede decirse que la Poesía es el núcleo central del pensamiento de Larrea, pero también que ese núcleo es inseparable de la vida del Espíritu, y que esa vida para Larrea no es abstracta sino permanentemente encarnada en la historia de los hombres. La Poesía-Espíritu , en el tiempo actual, se habría encarnado en América (Andrés Bello lo había pedido y anunciado en sus Odas)  como concreción de una etapa totalmente nueva, consistente en la llegada  final de los hombres a su origen y destino de trascendencia.  En este pensamiento augural confluyen la palabra poética, la Historia y la Religión, sin distinción de fronteras.

 Larrea es el anunciador de un tiempo absolutamente nuevo para la humanidad, y ese tiempo tiene su centro en América, justificándose así plenamente su denominación de Nuevo Mundo. No está solo en esta profecía, lo acompañan grandes poetas como Darío, Lugones, Huidobro, Marechal, Lezama Lima a los que cabe agregar a los grandes novelistas que he mencionado, y también algunos ensayistas, entendiendo que la poesía  no es cuestión de género poemático. 

A cada paso Larrea reafirmaba su fe en el ya iniciado  advenimiento de la Era del Espíritu, que anunciara Joaquín de Fiore.  Y a la  vez su fe inquebrantable  en el lenguaje poético como revelación de esa nueva etapa. 

En la anunciación, concreción y comprensión de esta última  instancia del destino humano adquiere una significación misional el poeta, que vuelve a ser el profeta  de la tradición bíblica.  Al referirse a su compatriota y amigo  León Felipe, en el artículo recogido por la compilación Torres de Dios, poetas (1982) Larrea dice algunas palabras que pueden ser aplicadas a él mismo. No es en la filosofía ni en las obras literarias modernas donde ha de hallarse la fuente de la poesía augural de León Felipe, sino en los profetas bíblicos: Elías, Jeremías, Isaías, Job,...León Felipe no representa al Antiguo ni al Nuevo Testamento, sino al Testamento del Espíritu transmitido por España al Nuevo Mundo. Hoy- sigue Larrea -  se está viviendo ese tiempo predestinado para establecer la comunicación definitiva del Creador y las  criaturas en el espacio del Ser Absoluto. Es la hora de revelar ante una humanidad materialmente mecánica y corpuscularizada al infinito,  peculiar del homo  faber y sin Esencia común, el otro Orden hoy marginado y soberanamente superior de Realidad, que en su entendimiento sapiencial  incluya a todos cuantos hablan.”

El poeta español  no renegó de Occidente, el país de la tarde;  es más, consideró a España- cruza de Oriente y Occidente- como el pueblo  destinado a ejercer una importante conexión de índole óntica y suprahistórica:   traspasar al Nuevo Mundo nada menos que el Espíritu,  -representado por  el idioma español y por  la  simbólica religiosa,  en particular por la figura de María como representación del Espíritu.  El Surrealismo, a su turno, como movimiento visionario,  era valorizado como nexo entre mundos, pero lo era especialmente, como hemos dicho, en su fase de Surrealismo español, del cual él mismo  se sentía integrante.   

Se hace  evidente en su pensamiento la importancia misional del poeta para una etapa  espiritual, y salvífica que ya daba por comenzada, aunque los  signos de renovación no fuesen  todavía plenamente reconocibles  en medio de la dispersión de la cultura.

Ellos, los poetas,  seguirían siendo los heraldos de la Luz.  

 

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Graciela MATURO habla sobre el poeta JUAN LARREA

Publicado en

Continúa del anterior

5.- Antonio de León Pinelo y “El Paraíso en el Nuevo Mundo”.  

Agregaré en este punto  como tema muy importante el descubrimiento que hace Larrea, antes de venir a instalarse en México,  de la obra de Antonio de León Pinelo  El Paraíso en el Nuevo Mundo.  

                Recordaré que los hermanos León Pinelo, Antonio, Juan y Diego, luminarias de la vida colonial, pertenecían a una familia portuguesa de judíos conversos, como –se sabe hoy- muchos de los peninsulares que vinieron desde España o Portugal. Uno de sus abuelos, Juan López, fue quemado por la Inquisición de Lisboa. La familia pasó de Portugal a España, y en Valladolid habría nacido Antonio en 1595, aunque no falta quien diga que era oriundo de Lisboa como sus padres. Las persecuciones a la familia, repetidamente acusada de relapso, determinaron el viaje al Río de la Plata y luego a Córdoba del Tucumán, donde nació el menor de los hermanos.

Antonio estudió en Chuquisaca, donde se graduó de abogado, y en 1612 ya residía en Lima, con la familia. Tanto el padre como los hermanos menores tomaron luego la orden sacerdotal. Antonio de León Pinelo regresó a España, en 1622, y hasta su muerte en 1660  dedicó todas sus horas a escribir sobre el Nuevo Mundo, al que dio siempre este nombre. Produjo buena cantidad de obras, que lo califican como geógrafo, historiador, escritor y bibliógrafo. El Epitome es el catálogo fundacional de la bibliografía americana.

Entre esos tratados varios se destaca una obra singular, que participa de la historia, la geografía, la teología y la filosofía, titulada El paraíso en el Nuevo Mundo. Historia natural y peregrina de las Indias Orientales. Pinelo trabajó varios años en esta obra, cuyo manuscrito en dos volúmenes, según el Epitome debió parar en la biblioteca de Barcia. Se sabe que de esta curiosa obra llego a publicar el Índice y “aparato” en 1656, según Larrea, y esto ha dado origen a datos confusos sobre la publicación de todo el libro.

No es el momento de hablar de la historia del manuscrito, cuya copia, existente en la Biblioteca del Palacio Nacional de Madrid, fue consultada por Juan Larrea, antes de su exilio en México, donde le dedicaría un extenso trabajo publicado en la revista España Peregrina[1]. Por su parte el erudito peruano Raúl Porras Barrenechea exhumó y publicó el texto[2] en 1943.

Para Juan Larrea es esta la obra más importante de Antonio de León Pinelo, y a su juicio, una obra admirable por su erudición, a la cual califica de poética y profética.  El Paraíso en el Nuevo Mundo es un libro enciclopédico, fruto de eruditas investigaciones sobre la naturaleza, la prehistoria y las sociedades americanas, destinado a probar que el Edén bíblico se habría hallado,  en un remoto pasado, en el centro de la América del Sur. León Pinelo realiza una prolija exégesis bíblica interpolada con un examen de restos arqueológicos hallados en México, Perú y otros sitios, hecho que de suyo significa una novedad hermenéutica, por la libertad con que el autor relaciona  diversas fuentes. Luego, ya en tren de demostración, pasa a describir al continente americano, con barroca exhuberancia, añadiendo una nueva versión a la ya por entonces cuantiosa descripción de las Indias Occidentales.

El Arca de Noé, construida en América, habría navegado de un continente a otro y así lo desarrollan el Libro Segundo y el que le sigue. Los Libros IV y V integran el segundo tomo. El capítulo IV despliega la descripción de las naciones, monstruos, animales y figuras míticas de las Indias, a las cuales caracteriza con el adjetivo peregrinas. En el Libro V describe los ríos americanos.

Acompaña al libro un mapa ciertamente fascinante cuya copia me fue entregada por  Juan Larrea el primer día en que lo visité en la ciudad de Córdoba.  (Ese mapa, que tuvo una importancia decisiva en mi opción americanística, lo he publicado en varios lugares). El mapa representa la América del Sur, en cuyo centro se ha dibujado un círculo, al  pie se lee la palabra Edén. Es el Paraíso Terrenal, locus voluptatis. De ese centro simbólico se despeñan cuatro grandes ríos: el Paraná-Guazú  - luego llamado Río de la Plata, al que Centenera nombró  “Argentino”-   el Amazonas, el Magdalena y el Orinoco. Estos grandes ríos reproducen la cuaternidad del Paraíso bíblico.

Cabe ahondar en el simbolismo de algunos elementos que caracterizan a este curioso mapa. En primer término se halla orientado de un modo anómalo: la punta de la Tierra del Fuego ha sido colocada al Norte, en la parte superior del mapa, con lo cual las representaciones clásicas del mundo o planisferio resultan invertidas. Esto corresponde acaso a la idea del mundo de los antípodas, difundida en el Medioevo.

También se dan nombres de las regiones y sus habitantes. La región correspondiente al Norte del Brasil, Colombia y Venezuela se rotula: Habitatio hominum y la costa del Pacífico Habitatio filiorum Dei. Es posible ver en esto un reflejo del viejo tema de las puertas de la tierra, una reservada a los hombres, otra a los dioses, tema que proviene del Antro de las Ninfas, pero es un tema que no hemos profundizado aún.  Finalmente apuntaré que en las tierras del Perú figura dibujada el Arca de Noé, construida en el Mundo Nuevo para ser luego llevada al resto del planeta.

Juan Larrea, poeta penetrado de un  espíritu auténticamente super-realista, y por ello capaz de aceptar realidades sobrenaturales que se superponen a las realidades históricas, es quien ha otorgado a la obra de León Pinelo su estatuto poético, más allá de la erudición con que ha sido construido. Lo notable en el poeta español es el modo casi natural con que acepta la imagen paradisíaca del Nuevo Mundo y la continúa. Sobre este planteo audaz del Paraíso en América practica una operación hermenéutica y poética:  la  extrae de su aparente condición de pasado, científicamente demostrable o no, y le devuelve su carácter mítico, intemporal, proyectándola al futuro. Aporta una justificación psicológica y teológica para esta razón imaginaria que viene a compensar –afirma- la indigencia terrenal del hombre, dando sentido a sus pasos en la historia:

Observa Larrea “...la clara inteligencia de León Pinelo y su tendencia al orden y a la clasificación recogió todos los datos concordantes que la tradición religiosa y los nuevos conocimientos le brindaban, sometiólos a una trabazón rigurosa agrupados en series de coincidencias acusadas por la necesidad de comprender el todo de un modo unitario” (p. 76)

La mentalidad que pudiéramos llamar colonial que se produce en América a raíz de la conquista es resultado de idéntico proceso”, dice también Larrea, y llama a la obra de Pinelo “Libro de época trabajado con la esmeradísima perfección de una piedra preciosa” así como: “singular, extrañísimo Cantar de los Cantares”.Y sigue el poeta: “León Pinelo se recrea exaltando la hermosura de la naturaleza americana... se complace en reproducir aquellas noticias fantásticas, a todas luces imposibles, que a sus ojos consagran la divinidad, el carácter extranormal de su amada Ibérica. Algunos de los capítulos, en especial aquellos finales dedicados a la descripción de los cuatro grandes ríos, pudieran considerarse en cierto modo como los cantos de un poema erudito, la correspondencia, si se nos permite el recuerdo, de aquel Paraíso Perdido en que era directa materia poética lo que aquí es seca, desabrida erudición”. (p. 79)

Larrea justifica la utopía en la tensión inevitable que surge entre la temporalidad y la eternidad. “Los ojos nostálgicos del hombre dejan de volverse hacia atrás para mirar delante de él, en el sentido de su marcha que así se hace funcional, afirmativa y sin obstáculos. Bajo estos determinantes se plasma el mito de un mundo futuro más perfecto, el cual, cuando toma cuerpo en una realidad de orden material, asume la especie de tierra prometida...”Lo propio de la teología ortodoxa es la esperanza en un tiempo celestial y ultramundano, no así la fusión de lo celestial en lo terreno, que los humanistas ven plasmarse en el tiempo concreto de los hombres. Joaquín de Fiore había abonado esa inminente “utopía”, que impregnó la mentalidad de geógrafos y navegantes del siglo XV. Colón percibió esa atmósfera y la expresó en sus escritos, entre ellos el Libro de las Profecías,  fundando de algún modo el realismo mágico americano. Será  trabajo de escaldas, o sea de poetas, devolverle esa significación, nos dirá luego Carpentier.

Quiero subrayar hasta qué punto el surrealismo de Larrea le permite vivificar la eutopía americana de León Pinelo y anunciar la venida de la Ciudad Celeste en el tiempo histórico de América. Dice finalmente: “Estas consideraciones definen en verdad la forma y la sustancia del Paraíso en el Nuevo Mundo, obra, en primer lugar, nacida amorosamente de la necesidad intelectual de conocer; constituida, en segundo, por una intuición fundamenta, l racionalizada a posteriori. La intuición es el punto de partida y la médula; las precisiones materiales, el método y el aparato racional  (serían)  el hueso, la caparazón que la envuelve protegiendo su debilidad orgánica. Queda sentado que la intuición es el elemento psicológico que revela la presencia de la imaginación creadora. El Paraíso en el Nuevo Mundo. Historia Natural y Peregrina, tiene, por extraña que sea su forma, las características esenciales de una obra poética” (p. 83)

Y sigue el poeta y hermeneuta bilbaíno: “El Paraíso que, según su visión particular se refiere a tiempos pasados, corresponde en realidad al futuro. Con lo que no hizo sino seguir el ejemplo del Descubridor que murió creyendo que había desembarcado en el continente antiguo. Su paraíso es en verdad un paraíso nuevo, apenas perceptible en la lontananza del hombre cuya conciencia ha dado media vuelta, la cual en vez de alejarse cada vez más de su perfección, va hacia ella, vencida la mitad del camino, endereza positivamente sus pasos. El mismo título de la obra de León Pinelo expresa a esta luz su realidad precisa. El Paraíso en el Nuevo Mundo, en el mundo situado más allá del antiguo, en la tierra de la nueva promesa, en América –Continens Paradisi- continente del Amor, continente que se singulariza en espera de su contenido”( ...)“Las consecuencias que de ella se derivan coinciden por completo con las que arroja la intuición reinante en todas las repúblicas de América. (...) Es axiomático en el nuevo continente que sus tierras incuban el nacimiento de un mundo nuevo” (p. 84)

El poeta español contrasta el destino sobrenatural de América con “el contenido irremisiblemente bárbaro de la pretenciosa civilización occidental centralizada en el antiguo continente”. Como español, se sitúa entre los dos mundos (tal como igualmente se lo ve en su libro El surrealismo entre el Viejo y el Nuevo Mundo, 1944) entregándose con pasión al anuncio y el desarrollo de esa nueva realidad histórico- metafísica. Hasta el título de la obra de Pinelo y su insistencia en el adjetivo peregrino se le hace connatural a la condición peregrina de España, y a su destino histórico, expuesto en su obra  Rendición de espíritu (1943).

Además, Larrea pone su atención en el aspecto autobiográfico de la obra, escrita desde la nostalgia del indiano que ha regresado a España y dice: “No deja Pinelo, como es lógico, de situarse a sí mismo en América, evocando los días felices que allí pasó, siempre que puede incorporar su personal testimonio al cuerpo de doctrina”.(p. 79)

Con esta memoria personal, evocada desde la ausencia, se refuerza un tema capital en cierta línea de las letras americanas, cual es la poetización desde el exilio, practicada antes por el Inca y después por jesuitas expulsados como Rafael Landívar, o bien por viajeros extranjeros, como Alejandro de Humboldt, o por quienes habitaron América en la infancia y la rememoran en otra lengua, como Guillermo Enrique Hudson. En todos ellos se expresa de algún modo la eutopía americana, que resurge con fuerza en la novelística del siglo XX.

 

6.- La figura emblemática de César Vallejo. El “Aula Vallejo”.

No podemos ignorar que la amistad de Juan Larrea con los poetas americanos César Vallejo y  Vicente Huidobro  fue reveladora y fecunda en repercusiones para su vida y pensamiento.   Al peruano  César Vallejo lo conoció tempranamente  y fue la figura que en definitiva se impuso a él como un Cristo americano. En cuanto al chileno, bien puede decirse que lo deslumbró en su etapa creacionista, aunque luego fue alejándose de su estética sin dejar de ser su amigo hasta la muerte de Huidobro en 1948.   Huidobro, como Larrea mismo, tenía una personalidad fuerte y un poco ególatra.  Pienso que quizás Larrea no advirtió la evolución del  creacionista Huidobro desde su omnipotencia inicial –non serviam, decía uno de sus tempranos manifiestos, todavía desde América -  hasta  la conversión que se hizo presente en su poema Altazor.  (Digamos de paso, sólo para sugerir la relación del poeta-vidente con las vías religiosas,  que Paul Réverdy,  el poeta francés con quien Huidobro disputaba la invención del creacionismo, entró prontamente en un convento ).  

No es el momento de analizar la trayectoria de Huidobro sino de detenernos en la figura de César Vallejo,  que tanta importancia tuvo en el devenir del Instituto del Nuevo Mundo, creado en Córdoba por Larrea.  El Aula Vallejo llegó a ser su centro, el lugar de convocatoria para importantes reuniones internacionales y la publicación de la revista del mismo nombre.

  Larrea consideraba a Rubén Darío  como el vate americano que abrió el nuevo camino de la poesía profética tanto a Vallejo como a Huidobro.  Pero hizo del peruano la figura central en su concepción novomundista, al  visualizarlo como el poeta-mártir de América Latina. Dado que el breve espacio de una conferencia no permite el ahondamiento de todos los puntos previstos en ella, me limitaré a recordar el texto de sus conferencias pronunciadas en Montevideo bajo el título “Vallejo, héroe y  mártir indo-hispano”, (recogido en Torres de Dios, poetas, pp   181-316) donde, después de examinar el contexto del siglo XX, que a su juicio comienza en 1914, y de examinar la vida y la obra de Vallejo, se refiere a su muerte, que acompañó  en Paris un viernes santo,  y que vio presentida  en su responso España, aparta de mí este cáliz.  En esas páginas  Larrea presenta la imagen crística de un Vallejo transfigurado que hace suyo el sacrificio de España en la contienda mundial.

Continúa

[1] Juan Larrea: “El Paraíso en el Nuevo Mundo de Antonio de León Pinelo” en España Peregrina ,  1942.

[2] Antonio de Leòn Pinelo: El Paraíso en Nuevo Mundo, Universidad de San Marcos de Lima, 2 tomos, 1943.

 

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