EL TAXI BOY DE LA ESTACION SUBTERRANEA
(Mariano LELEZ)
Muchacho de los brazos de León
somos pasajeros condenados a la palabra infinita.
Sin embargo estoy aquí para lo que es fuego
¿Quién puede clavar alfileres con cabeza de serpiente cuanto tu sombra se une a mis
comarcas invisibles?
¿Quién puede domeñar la cirugía de tu especie en la presunción de activar tu corazón?
Respondo por la hendidura donde un gran amor es para sus propias catedrales.
Transfórmate sonando con tu sonido hasta que nada de ti se asemeje a la tierra.
Asume mi cofradía y las caravanas que trasnportan mi reino y hunde puñales en mis
ojos si no quieres verte.
Pregunto entonces a la noche,
habla un volcán con su estampida de estrellas,
contesta el mar acostumbrado al vacío
y es la sorda brisa la que trae una hermandad que llega con su salmo hasta la instancia
del agua;
Es el gong del adiós tantas veces anunciado,
la expansión que podría saciar el hambre del mundo
o ser el faro para el navío hacia otras profundidades cuando la estación marina se hace
llovizna celeste,
se hace pétalo con tu olor,
y son tus manos que me buscan
la razón desesperada para que nada exista
Por eso te digo;
Ganamos la batalla
Y es mi cuerpo como la arena queriendo abrazar
Y son sus cañaverales,
sus fósiles
y sus palmeras
el artificio mediterráneo de una piedra para marcar tu regreso
pero el cuerpo no es el cuerpo cuando pronuncia donde inscribirnos
Entonces soy el náufrago en el desborde de las caballadas que bajan en alud sobre
mi propia guerra
(El amor es un lago que guarda un monstruo devorándose a sí mismo en la pira de su
espejo)
Muchacho de los brazos de León
Es honda la proa del crepúsculo donde hemos abrevado
Atestiguo sobre el aire que gobernamos juntos
Comparezco para fundarme iniciador de tu marca
Podrás sepultarme y sepultarte pero cada copa arrojada será tu calavera
Olvídame y serás para siempre un desterrado de ti mismo;
El falso ídolo del carnaval de los sin nombre,
la mueca de porcelana que ahogará la lluvia
Maldíceme con los astros tatuando tu espalda
desde el tambor subterráneo que quiere cambiar el ritmo de las estaciones
y emergerás retornándome a tus vísceras
No apuesto al amor ni a su escritura