EL AMENAZADO
(El oro de los tigres)
Es el amor. Tendré que ocultarme o que huir
Crecen los muros de su cárcel, como en un sueño atroz.
La hermosa máscara ha cambiado, pero como siempre es la
única. ¿De qué me servirán mis talismanes: el ejercicio de
las letras, la vaga erudicción, el aprendizaje de las palabras
que usó el áspero Norte para cantar sus mares y sus espadas,
la serena amistad, las galerías de la Biblioteca, las cosas co-
munes, los hábitos, el joven amor de mi madre, la sombra
militar de mis muertos, la noche intemporal, el sabor del
sueño?
Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo.
Ya el cántaro se quiebra sobre la fuente, ya el hombre
se levanta a la voz del ave, ya se han oscurecido los que mi-
ran por las ventanas, pero la sombra no ha traído la paz.
Es, ya lo sé, el amor: la ansiedad y el alivio de oír tu
voz, la espera y la memoria, el horror de vivir en lo sucesivo.
Es el amor con sus mitologías, con sus pequeñas magias
inútiles.
Hay una esquina por la que no me atrevo a pasar.
Ya los ejércitos me cercan, las hordas.
(Esa habitación es irreal; ella no ha visto)
El nombre de una mujer me delata.
Me duele una mujer en todo el cuerpo.