OSCAR PORTELA- CLAROSCURO (I,II, III)

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OSCAR PORTELA (Corrientes,1950)

 

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 (*) 

CLAROSCURO

El duro pan de soledad
El zarpazo del tigre agazapado en la noche
el invisible en el día,
la sed del infinito que se agota
en el infierno del desierto,
la sangre coagulada vuelta
a sus orígenes, el sudor y el miedo
y el cansancio que el trivial comercio
con la efímera eternidad del verbo
se hacen oscuras obsesiones,
el yo condenado a sabiendas y el cobre de la
campana del crepúsculo
que llama a reunión de vivos y de muertos
y qué harás hoy sombra de sombras
que finges no conversar con las augustas
sombras de los muertos
Tú que sigues el camino que termina
en el corrupto círculo que se repite
una y otra vez una y otra vez
"vox clamantis in deserto" y la campana
llamando al ángelus y la madre
traslúcida mirando desde la luna
la soledad donde se acunan las mortales
caricias de los sueños sigue sin embargo
sigue muriendo que en tu principio esta tu fin
aunque aquí no existan ni principio
ni fin sino la corrupción que los segundos
preparan en silencio para que el círculo
se cierre y nada como el alud de las montañas
se cierne sobre ti.
Difícil despertar, difícil entrar a la casa de
las sombras donde los ángeles
son los daimones que la obra puso
para verter en ella el veneno que
el tímpano y los ojos la atávica memoria,
el gusto de la luz y todo aquello
que extraviado está, hagan del duro pan
errancia del nonato, los dientes del vampiro
que lucen marfilíneos a la luz de las aguas.

                                        II


Ahora que el camino es uno solo

para muertos y vivos
Ahora, ahora, el asalto fatal
pesa sobre las almas como el viento
y la peste, como el beso y la llaga,
que ignoran los que muriendo sueñan
con la vida, enamorados del crepúsculo,
enamorados de las hojas del verano.


                                        III


Una rata en la nívea ingle de Jesús,
un linchamiento en la esquina de París
para Villón, un silencio cargado de presagios
para el frágil Lenau, el duelo interminable de la suerte
para quien lo ha perdido todo y ha muerto mil veces como Rembrandt van Jin,
dos tiros súbitos para Kleist y su amante Retrato, la buhardilla y la vejez,
el tartajeo de Holderlin,
rabia, solitud, rayos, centellas para el último Dios
que canta al universo y se llama Beethoven,
el si roto por demasiada luz de Nietszche,
trino y uno demente Artaud y el tiro de Celan,
espejos para mis manos y mi boca y el duro pan
de la agonía de ser el don, lo que se da,
el pez y el tiempo, el tiempo, el duro pan
que los demonios han puesto en mi camino,
el lecho, la guillotina, la sangre convertida
en camino hacia un balbuceante abandonado
niño en mitad de un jardín que nos conduciría
al infierno de la vejez y el abandono.

 

(de “CLAROSCURO”, Oscar Portela, POEMAS 2002-2004, Subsecretaría de Cultura de la Pcia. de Corrientes, 2005)

 

(*) "Clearing in the Forest", Caspar D. Friedrich

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