LUBICZ MILOSZ - H.

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LUBICZ MILOSZ ( Maguilov, Biolorrrusia, 1877- Francia, 1939)

  

  

H.

  

      de POEMAS, 1913-1927

  

  

El jardín desciende hacia el mar. Jardín pobre y sin

    flores, jardín

Ciego. Una anciana vestida

De luto lustroso, descolorido junto con el recuerdo y el

    retrato.

Mira esfumarse desde un banco los navíos del tiempo, La

  Ortiga, velluda y negra de sed,

 

Vigila en el vacío inmenso de dos horas.

Como desde lo hondo del corazón del más perdido de los

    días, el pájaro

De la comarca sorda pía en el matorral ceniciento.

Es la terrible paz de los hombres sin amor. Y yo,

 

También yo me encuentro allí; porque todo esto es mi

    Sombra. Y en tanto que ella

Bajo el triste y pesado calor, ha dejado caer otra vez su

    cabeza

Vacía sobre el seno de la luz, yo,

En cuerpo y en espíritu, soy como la amarra

Presta a romperse. ¿Qué es lo que vira de ese modo en

    mí?

¿Pero qué es lo que vira de ese modo en mí y se queja,

    no sé dónde,

Cual la maroma de los veleros aparejados para zarpar

En torno al cabrestante?  Madre

 

Demasiado prudente, eternidad, ¡ah!, ¡ dejadme vivir mi

    día!

Y no volváis a llamarme Lemuel; porque allí,

En las noches de sol, las personas

Saludan a las islas de la juventud, cantantes  y veladas!

    El dulce

 

Grávido murmullo de dolor de las avispas del mediodía

Vuela a escasa altura sobre el vino y hay locura

En la mirada del rocío sobre las colinas, mis queridas

Umbrías! En la oscuridad religiosa las zarzas

 

Aprehendieron el sueño por sus cabellos de niña. El

    agua, amarilla en la sobra,

Respira mal bajo el cargado cielo y bajo las raspillas.

Aquel sufre también, herido en el costado como el rey

Del mundo; y de su herida de árbol

 

Mana el más puro sedante del corazón.

También hay el pájaro de cristal que con suave gorjeo

    Dice “mli”

En el viejo jazmín sonámbulo de la infancia.

Yo entraré allí levantando dulcemente el arco iris

E iré directamente al árbol donde la esposa eterna

Espera en los vapores de la patria. Y en los fuegos del

    tiempo aparecerán

Los archipiélagos repentinos, las galeras sonoras,-

-Paz, paz; Todo esto ya no existe. ¡Todo esto no existe

    Más aquí, Lemuel, hijo mío!

 

Las voces que tú oyes ya no vienen de las cosas.

Aquella que hace mucho tiempo vivió en ti oscura,

Te llama ahora desde el jardín de la montaña! ¡Desde

    El reino

Del otro sol! ¡ Y aquí no es más que el sensato cuarentavo

Año. Lemuel!

El tiempo precario y largo.

Un agua cálida y gris.

Un jardín ardido.

 

(Publicado en  O.W. de LUBICZ MILOSZ

Ediciones  “HUELLA”, Bs.As., 1941)

 

  

  

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